La Villa de Arbeteta rinde homenaje a Tomás Camarillo. 1947

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Comenzamos este nuevo año con ilusión y con muchas ganas de contaros nuevas historias. Vamos  a rendir un homenaje a un personaje fascinante que recorrió toda la provincia de Guadalajara con su famoso Ford y con una cámara colgada al hombro. Fotografió 287 … Seguir leyendo

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Navidad 2015

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Domenico Ghirlandaio.-1449-1494

Se aproxima la Navidad y con ella nuestras mejores y más sinceras intenciones de entregar lo mejor de nosotros a los que  nos rodean. Es un tiempo de compartir con ternura y alegría pero sobre todo con generosidad.  Os deseamos . 

¡ Feliz Navidad ¡

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Crónicas de La Guardia Civil en la Villa de Arbeteta

Cuando realizamos el post   de  Casas Cuartel de la Guardia Civil , no sabíamos el seguimiento que íbamos a tener. No obstante ante las peticiones de ampliar el tema con sucesos y anécdotas,  hemos decidido continuarlo.

Vamos a contaros noticias y actuaciones de la Guardia Civil del puesto de Arbeteta. Hemos elegido los años  finales del siglo XIX y primer cuarto del XX, porque estamos más alejados de sus protagonistas, al ser generalmente las noticias de sucesos trágicos y negativos.

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Sello de la Comandancia de la Guardia Civil de Arbeteta. 1941

Pero antes de empezar con las  anécdotas de nuestros personajes,   vamos a hacer un poco de historia y  a contaros  cómo  y cuándo  surgió este cuerpo.

Tras la Guerra de la Independencia contra Francia (1808-1814),    surgieron por los caminos todo tipo de ladrones y villanos dispuestos a convertir la agotada nación en una tierra intransitable. Tras varios intentos fallidos de crear nuevos cuerpos de seguridad y con un ejercito muy desgastado,  el mariscal Francisco Javier Girón y Ezpeleta, II Duque de Ahumada, bajo el amparo de Isabel II como reina, creó el 28 de marzo de 1844  “La Guardia Civil“.   Unos 14 jefes, 232 oficiales y 5.769 agentes formaron la primera remesa de Guardia Civil de la Historia, dividida en 14 tercios en un homenaje a los ejércitos de los Austrias.

Se configuró un cuerpo sólido y eficaz que perteneciera solo a los españoles y estuviera fuera de los manejos políticos , dependiente solo  del ministerio de Gobernación y del de la Guerra.  El tricornio, de origen francés, se convirtió desde entonces en el símbolo distintivo de este cuerpo, al igual que el uniforme verde.

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Guardia civil a caballo . Pintura de Ferrer Dalmau. Siglo XX

El Duque de Ahumada no es solo el artífice de la constitución del cuerpo, sino también de todo el soporte moral de la Guardia Civil. El 20 de diciembre de 1845, crea la «Cartilla del Guardia Civil», un código moral para los agentes. Esta capacidad de servicio y sacrificio se cristalizó en el lema “el honor es mi divisa”.   La lealtad, el sacrificio, la austeridad, la disciplina, la abnegación y el espíritu benemérito son los principios clave que guían sus actuaciones. El férreo cumplimiento de estos compromisos permitió al cuerpo despejar los caminos y garantizar la seguridad de muchos ciudadanos.

Pero volviendo a nuestra historia  os vamos a relatar las aventuras de dos de nuestros  protagonistas: el cabo de la Guardia Civil  “Sr. Pino y el guardia “Sr. Martinez”  que merecieron una recompensa según cuentan los perjudicados.  Lo que no sabemos son sus lugares de nacimiento , porque ninguno era de Arbeteta.

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Guardias Civiles a caballo. Fotografia

El 28 de noviembre de 1925 llegaron noticias al puesto de Arbeteta del robo de ganado lanar perpetrado en el término de Villanueva de Alcorón a los vecinos Celestino y Mariano García Vicente.

Nuestros protagonistas cogen sus caballos y se dirigen al termino de El Recuenco  , visitan los sitios más ocultos, interrogan a pastores y labradores, obteniendo la averiguación de haber sido vendidas en Vindel, en aquellos días, 18  reses.     Sin pérdida de tiempo, el día 29 se personan en dicho pueblo, y comprueban que efectivamente un joven de unos 20 años, que decía ser de Peñalén, vendió a D. Lucio de la Muela, honrada persona de dicho pueblo, 18 ovejas, al precio de 35 pesetas cada una, que pagó  en el acto. Estas ovejas quedaron depositadas en el juzgado de Vindel.  En esos días reina un gran temporal de nieve en la sierra, y sin temor a él, marchan el día 30 a Villanueva de Alcorón, y combinando las noticias que tenían con otras nuevas, dirigen sus sospechas a un sujeto de Valsalobre, llamado Blas Sanz Segovia.

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Guardias Civiles de servicio

El temporal de nieve arrecia e impide la continuación del trabajo, pero ellos no desisten en su labor, y unidos a D. Lucio de la Muela, y acompañados de un guía de Villanueva, inician las seis horas de camino, con más de un palmo de nieve, con las ropas mojadas y las ramas de los pinos interceptando el camino. Iban a pie por no poder montar las caballerías por efecto del frío, y expuestos a perecer si les sorprendía la noche. Cansados y rendidos llegan por fin a Valsalobre. El Alcalde los auxilió y les indicó el  domicilio de Blas Sanz Segovia , el padre de éste al enterarse de que la Guardia Civil busca a su hijo se da a la fuga.  Esto no es obstáculo para ellos y con la ayuda de los vecinos  averiguan el paradero del sospechoso.   Le sorprenden a 5 kilómetros del pueblo y le detienen, confesando  su delito y   el lugar  donde tenía escondido el dinero de la venta de las 18 ovejas. Encontraron en  un pajar  cercano una cartera con 626 pesetas y 90 céntimos. D. Lucio de la Muela  reconoce al sospechoso sin género de dudas.   Asegurado el reo, reponen fuerzas, auxiliados por los vecinos de Valsalobre.  El día 2 de diciembre regresan con el detenido y el dinero a Villanueva, recorriendo de nuevo un duro camino con el temporal que no amainaba.  En Villanueva hacen entrega del correspondiente atestado, detenido y efectos al juez municipal.

El cabo Sr. Pino, y el guardia Sr. Martínez reciben mil felicitaciones por su trabajo. Han conseguido la tranquilidad de los perjudicados y sus familias, así como de los vecinos de dichos pueblos, que solicitan, como acto de estricta justicia, una recompensa para los dos. Con el deber cumplido regresan a Arbeteta el día 3 diciembre.

En las siguientes historias  que os vamos a relatar, nuestros agentes van a tener que investigar asuntos un tanto  escabrosos como eran  “los infanticidios”.  Delitos que se cometían con más frecuencia de lo que la conciencia   y la ley permitía.

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Noticia en el Periódico” Flores y Abejas “del infanticidio. 12 de noviembre de 1.899

El infanticidio  es tipificado por un móvil especial que es “el honor o honoris causa”, en el que las mujeres ante el miedo de verse con un  hijo ilegítimo  y perturbadas con la idea de la infamia que va a cubrirlas, o de la indignación de un padre severo o despechado, por el abandono en que un amante infiel que las ha dejado, se hallan en una espacio de locura atroz y se precipitan a exterminar y hacer desaparecer el fruto de su fragilidad .

El primero de ellos tiene lugar el 12 de noviembre de 1899, cuando  la Guardia Civil detiene a los vecinos de Arbeteta , José Antonio Martínez y Gervasia Rubio, quienes ocasionaron la muerte a un niño de corta edad. Ese mismo día ingresan en la cárcel de Cifuentes acusados de infanticidio. Desconocemos el veredicto de la causa judicial.

En  esta  segunda  historia nuestros protagonistas  van a ser un sargento y un guardia llamados “Antero Rubio “y  José  María Vinches .  Gracias a su investigación y perspicacia descubrieron el crimen,  que  hubiera permanecido oculto, habiendo burlado sus autores la acción de la justicia.  El periódico La Región del 24 de mayo de 1907 hace eco de la noticia contandola de esta manera:

INFANTICIDIO

Noticia del periódico de “La Región” del infanticidio. 24 de mayo de 1.907

“Tenía conocimiento el citado sargento que en el pueblo había una joven que se hallaba en cinta y que hacía unos cuantos días había desaparecido este estado. Después de haberse informado de que nadie había visto ni sabía nada de la criatura , que forzosamente tenía que haber dado a luz  Cipriana  Jimenez Sanchez, que es su nombre, la sometieron a un detenido interrogatorio, en el que empezó a negar que hubiera estado en cinta, pero acabó por confesar en en la noche del 3 al 4 del actual había tenido un aborto dando a luz un niño muerto, cuyo cadáver tenía escondido entre la paja del jergón de su cama, sin que sus padres tuvieran noticia de ello. Procedieron al reconocimiento de la cama, encontraron el cadáver de la desgraciada criatura envuelto en unos trapos, y a pesar de lo manifestado por Cipriana,  la opinión de los médicos que practicaron la autopsia, es que había muerto por axfísia.   La madre que es soltera y cuenta 29 años es detenido y puesta a disposición del Juzgado de Cifuentes, que instruye diligencia,  junto con sus progenitores Ignacio y Vicenta, por suponerles encubridores del infanticidio”.

ALAMBIQUE

Alambique para la fabricación del aguardiente. Siglo XX

Otra de las actividades de la Guardia Civil era la persecución de” la venta ilegal de aguardiente.

El 11 de noviembre de 1908 el Administrador de Hacienda de Guadalajara, F. Javier Aparici, autoriza la “subasta de los efectos aprehendidos por la  Guardia Civil del puesto de Arbeteta”, que tiene lugar en Zaorejas el 16 del mismo mes. Consta de 3 lotes: 1º: 100 litros de aguardiente anisado y 4 barriles de madera, 2º: una burra cerrada de pelo cárdeno, y 3º: un burro cerrado de pelo negro.

El 23 de abril de 1910, el mismo Administrador, autoriza la subasta simultánea en la  Administración de Hacienda, y los Ayuntamientos  de Morillejo y Ocentejo, “de los efectos aprehendidos por la  Guardia Civil del puesto de Arbeteta” a Gregorio Sotodosos. Consisten en tres lotes: 1º: 96 litros de aguardiente, 2º: una mula negra de mediana edad, y 3º: un burro de pelo pardo, cerrado, de regular alzada.

Al igual que el aguardiente, la destilación de las bayas de enebro requerían autorización de la Administración de Hacienda, por ello, el 2 de junio de 1903, según narran las crónicas, la Guardia Civil del puesto de Arbeteta denunció a los vecinos de Huertapelayo , Pedro Salmerón, Eulogio Herráiz y Tomás Salmerón, los cuales se dedicaban a la fabricación de aguarrás sin la correspondiente licencia.

Son muchas las historias que protagonizaron nuestros personajes , algunas con final feliz y otras de una forma trágica pero siempre  con un gran sentido de la obligación y el deber.

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Los Racionamientos en la Postguerra y otras historias.

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Cartilla de racionamiento  1946

La Guerra Civil ha terminado y  Arbeteta,  al igual que otros pueblos, va recobrando poco a poco su rutina. En todo el país se había establecido el racionamiento, y Arbeteta no iba a ser  distinta.

En este post vamos a contaros  un suceso relacionado con el racionamiento del pan, ocurrido en febrero de 1952.  Un mes más tarde , el 22 de marzo de ese año, el Consejo de Ministros anunciaba  el fin del racionamiento que venía funcionando desde mayo de 1939. Con ello se inicia una liberalización de la economía. Desde entonces todas las personas incluidas en el régimen de racionamiento ordinario podían adquirir libremente, y sin necesidad de cortar el cupón, la cantidad de pan que deseen.

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Cartilla del Servicio Nacional del Trigo. Arbeteta  Ministerio de Agricultura. 1950

Hasta esa fecha, todos los labradores debían tener la cartilla del Servicio Nacional del Trigo, en la que se declaraba la superficie cultivada y lo cosechado. De ahí se estimaba lo que podía consumir la familia, y el resto se vendía al Servicio Nacional del Trigo con un precio fijado previamente. Cada vecino debía anotar en la cartilla el grano que llevaba a moler al molino. En todo ello siempre había sus trampas, que no trataremos en este momento. No todos los vecinos eran productores de cereal, y era preciso abastecerles de pan procedente del racionamiento. Estos vecinos eran las familias de la Guardia Civil, médico, veterinario, pastores, etc.

Para suministrar pan a este grupo de vecinos de Arbeteta,  Pedro Alonso Martínez (el tío Periquillo) traía la harina del racionamiento de la fábrica que los Ochaíta tenían en Trillo. El transporte lo solía realizar en un carro de mulas: iba un día y cargaba, quedándose esa noche en Trillo, en casa de su cuñada Baltasara López, natural de Arbeteta, para al día siguiente temprano emprender el viaje de vuelta a Arbeteta, lo que le llevaba todo el día. Su mujer, María López, amasaba la harina ejerciendo de panadera y cociendo el pan en el horno de Ángela Cortés (la tía Chusca).

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Racionamiento y normas para su distribución y precio. 13 de mayo de 1948

Ahora trataremos de otro singular personaje: el ordinario. Éste era un personaje que no era nada ordinario, era amable y servicial. El ordinario traía los “mandaos” que le encargaban. Era el recadero, al que algunos le llamaban “recaredo”, convirtiéndole en un nuevo rey godo. Este oficio lo desempeñaba a principios de los años 50  “Valeriano Martínez Alonso” natural de Arbeteta y vecino de Madrid. Transportaba los géneros que le encargaban desde Madrid hasta Zaorejas, con los pueblos comprendidos entre ambas localidades. Para el transporte se había comprado de segunda mano un camión marca Dodge, modelo K del año 1934, con matrícula CA-4642, y puesto a nombre de su mujer, Juana Tornero Criado.

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Camión Dodge Modelo-K, 1934. Como el de Valeriano

 El camión Dodge era uno de los camiones habituales de las carreteras de postguerra. También circulaban los Chevrolet, GMC, y Ford, todos ellos americanos. Todavía no había aparecido el primer Pegaso, al que cariñosamente se le denominaría “mofletes”. Pero en los casos que vamos a tratar, serán los Dodge los protagonistas. Sus conductores se consideraban los emperadores de la carretera, hasta tal punto que llevaban un ayudante de chófer.

Pero vamos a volver con  el protagonista de nuestra historia, ” El Valeriano “ , hombre servicial y un trabajador incansable.   Para ayudarle en el transporte contaba con el chófer Andrés de la Peña Sánchez,  natural de Madrid.

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Fabrica de harina de Trillo. Carretera CN-2115 de Gargoles de Abajo a Villanueva de Alcorón. Km 21,600

Nos encontramos en el viernes  22 de febrero de 1952, festividad de santa Leonor. Francisco Montón (el tío Manchao) había contactado previamente con Valeriano para llevar ese día el trigo sobrante de su cosecha, y el de otros vecinos, al Servicio Nacional del Trigo en Cifuentes. Con Valeriano y el conductor viajaban Esteban del Amo López (el Chete), que trabajaba como jornalero para  Francisco Montón, y Máximo Montón Montón,  propietario de parte de la carga. Realizaron el transporte de ida a Cifuentes  sin novedad.

Para aprovechar el viaje de vuelta cargan en la fábrica de harinas de Trillo 480 kilos de harina para Pedro Alonso Martínez. Suben al camión su hijo Benito Alonso López y su yerno Daniel Costero Cerrato. El camión sube renqueando por las curvas de Azañón y Solana. Son las 9 de la noche. Daniel y Esteban viajan en la caja arropados con sus mantas, los otros cuatro van en la cabina. Cuando entran en término de Peralveche circulan a 30 kilómetros por hora. Cerca de la cueva del Cerezo, a  la altura del kilómetro 16,800 y saliendo de una curva cerrada, (actualmente p.k 21,600, y no hay curva),  Andrés el conductor nota que el volante se encuentra loco, sin responder al giro, por lo que el Dodge se sale de la carretera, y dando varias vueltas cae al arroyo Solana.

Aquí los recuerdos nunca se desvanecen, siempre les acompañará el accidente, que milagrosamente no terminó en tragedia. Para narrar lo sucedido veamos los testimonios de todos ellos. Testimonios ante el Juez de Cifuentes  que llevará el sumario: para leerlo  es preciso pinchar sobre las dos páginas adjuntas de los testimonios.

DECLARACIONES DE LOS TESTIGOS ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE GUADALAJARA. J-524

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Camión Dodge. 1940, Como el del Tío Pepe

Cuatro años después, el 18 de marzo de 1956, sobre las dos de la tarde, sucede un accidente a otro personaje entrañable y muy conocido en Arbeteta: José Ayllón Palomino, “el tío Pepe” de Sacedón, suministrador durante muchos años de vino y enseres de agricultor a los vecinos de Arbeteta. El hecho sucedió en las proximidades de Villanueva de Alcorón, cuando su camión, también Dodge, en que viajaba, matrícula GU-2021, (del año 1940), le sorprendió una gran tormenta de nieve con mucha ventisca que tapó los parabrisas, y en una curva cerrada se deslizó fuera de la carretera, dando una vuelta completa y causándose desperfectos en el vehículo  y derramándose el vino que transportaba, pero milagrosamente no resultó herido ninguno de los tres pasajeros. El camión era conducido por su chófer habitual Faustino Salvador Romo, y viajaban con él José Ayllón, el propietario, y el pasajero Santiago Andrea García. El camión lo tenían asegurado en la Caja de Previsión y Socorro de Guadalajara, por  lo que la reparación se pudo efectuar con prontitud, y el tío Pepe pudo seguir suministrando el vino a Arbeteta muchos  años, como pueden recordar los mayores.

Con estos relatos  queremos que las historias de las  gentes  de nuestra tierra no queden en el olvido.

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Los Arrieros en el siglo XVIII

En este nuevo  post vamos a hablar de   “Los Arrieros”,  hombres decididos  y valientes que practicaban un oficio  ya perdido, conducían bestias de carga  y trajinaban de un lugar a otro.  Un oficio  de los de antaño de nuestras gentes, de nuestros pueblos.   Reza el dicho popular  “Arrieros somos y en el camino nos encontraremos”.

¿Pero que sabemos ahora en el siglo XXI de este oficio?.  La palabra arriería, según define el Diccionario de la Lengua Española, se deriva del vocablo ‘arría’, que significa recua o conjunto de animales destinados al transporte de mercaderías;  a su vez, esta voz proviene, de la interjección ¡arre!, que se empleaba para avivar el paso de las bestias.

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Herrando los animales

En Arbeteta en el siglo XVIII  la arriería era el segundo sector profesional, el primero era la agricultura.

Según el Catastro de Ensenada, en Arbeteta la arriería tenía una producción anual de 84.395 reales de vellón, frente a los 240.700 de los labradores, teniendo en cuenta que muchos labradores simultaneaban ambos oficios. Las mercancías eran diversas , como podemos ver en los cuadros adjuntos confeccionados con los datos del Catastro de Ensenada de 1752. Para comparar el poder adquisitivo, hemos de tener en cuenta que un jornalero o pastor a duras penas llegaba a tener 400 reales de vellón al año.  El arriero solía quintuplicar esos ingresos. Ello hacía que algunos vecinos pudieran vivir de una manera más desahogada.

*Juan Luis López Alonso realizó estos cuadros con los datos del Catastro de Ensenada de 1752.

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Arrieros (1)

Transportando mercancías

Las mercancías que se transportaban eran, principalmente, vidrios de las fábricas de Arbeteta,  de Vindel y de las del Recuenco, lana merina de toda la sierra de Cuenca, sedas de Pastrana, géneros de botica y aceite de la Alcarria. De vuelta traían pescado cecial o en escabeche, cuero vacuno, frutos secos, queso, barrilla, etc.

Los arrieros solían salir de Arbeteta en pequeños grupos, con el fin de tener siempre un apoyo en caso de necesidad y también para mitigar la soledad del viaje. La lejanía del hogar suponía una dureza añadida, que hoy difícilmente podemos imaginar. Las posadas del camino servían para el alojamiento de hombres, animales y cargas.  En el camino coincidían con otros compañeros de los pueblos cercanos con los que reinaba  un gran compañerismo, sobre todo al verse en tierras lejanas. En ocasiones eran portadores de noticias a las familias de las incidencias ocurridas en el viaje. Los viajes  duraban   de 30 a 60 días, dependiendo del destino,  por ejemplo ir a Galicia  duraba  60 días la ida y la vuelta. Vamos a contaros un caso que les sucedió en el  mes de enero de 1722-1723 a tres arrieros de nuestro pueblo  en la Villa de Haro[1], hoy Comunidad de La Rioja.

Estos hechos se extraen del  protocolo que se denomina “Manuel de Toro, José del Amo y Julián López Martínez[2], vecinos de Arbeteta, con José Manuel de Quevedo, Recaudador General de la Renta de Tabaco de la provincia de Valladolid, sobre fraude y denuncia de tabaco.”

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Arrieros en el camino. Grabado

 A pesar de que era el mes de enero no fue de fríos extremos y además las labores del campo estaban paralizadas.  Así que nuestros paisanos  Manuel de Toro, José del Amo y Julián López Martínez se reúnen a finales de enero para  comenzar un viaje a Bilbao. Transportarán  lana o vidrio con 8 mulas, realizando el viaje de ida sin novedad. La ruta que han  seguido es la habitual: Arbeteta, Oter, Canrredondo, Medinaceli, Almazán, Soria, Logroño, Haro, Vitoria y Bilbao. Lógicamente no pasan por Burgos, como indica la moderna Ruta de la Lana. Para el viaje de vuelta cargan en Bilbao pescado escabechado en barriles o cubetos. Los días de finales de febrero  son más largos. La jornada se alarga y se hacen más leguas de camino.

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Puente sobre el río Tirón en Haro- (Logroño)

Antes de llegar a Haro se une a ellos Antonio Jiménez, natural del Reino de Aragón, con un mulo y un burro, cargados de barriles similares a los que transportaban los arrieros de Arbeteta.

Antes de entrar en Haro tienen que pasar por el puente sobre el río Tirón. La Administración y Gobierno de la Renta General es la encargada de la vigilancia de las mercancías que pasan por él. El control lo realizan los Guardas de la Renta de Tabacos. Al ver a los guardas a lo lejos, Antonio Jiménez  abandona las caballerías en manos de nuestros arrieros y se da a la fuga, acogiéndose a sagrado en una iglesia de Haro.  Mientras, los Guardas juntan todas las caballerías y registran las cargas, encontrando en los barriles de Antonio Jiménez,  tabaco simulado en barriles de escabeche. Detienen y acusan a los arrieros, les incautan las caballerías con su carga, y les encarcelan. Es el día de san Gabino, 19 de febrero de 1723.

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Caballerías descansando

La Justicia de Haro comprueba que se han detenido 9 caballerías mayores y 1 menor. 8 mulas van cargadas con barriles de escabeche, pertenecientes a los vecinos de Arbeteta; la otra mula y el burro cargados de tabaco, son los propios de Antonio Jiménez.   Nuestros arrieros pasan los días encarcelados, hasta que la Justicia descubre la verdad, y el Juez determina su libertad, lo que ocurre el 28 de marzo de ese año. El Juez declara inocentes a los arrieros y condena a Francisco Antonio García de Obregón, como responsable de los Guardias del puente, por la negligencia de juntar las caballerías, y le multa con 100 reales, con los que se indemnizaran  a nuestros arrieros en razón de daños.

Se realiza la cuenta: son 37 días de cárcel, a 3 reales el día, suman 15.096 maravedís, que se pagan a los arrieros. A esa cantidad se añaden 29.713 maravedís que les habían costado las costas procesales, y que se las tienen que reintegrar.

En la sentencia el juez aprovecha para dar un tirón de orejas a los arrieros: “.…que en adelante atiendan más cuidadosos y vigilantes a saber y enterarse de las penas a los que conducen géneros prohibidos, y de mala entrada en los encuentros y ocurrencias que se les ofrecieren, así en los caminos, como en las entradas de los puertos, para que en otra forma, y siendo aprehendidos con ellos, serán castigados.”

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Arrieros en el camino

Desconocemos cuando pudo salir de la iglesia y el destino del contrabandista aragonés. Nuestros arrieros reanudaron su viaje a Arbeteta  con su escabeche el 4 de abril, día de san Isidoro de  Sevilla. Probablemente la noticia de su detención llegaría a Arbeteta antes que ellos, ya que en las posadas y mesones del trayecto coincidían arrieros de distintos pueblos que se conocían entre sí y hacían correr las noticias por todo el Reino. Pese a ello, nos imaginamos la preocupación de las familias por la tardanza. En este caso viajaban 3 arrieros con una recua, y entre ellos pueden solucionar los problemas que les van surgiendo en el trayecto.  No ocurre así cuando viaja uno solo, que aprovecha para unirse a otros arrieros para hacer juntos el camino, como veremos en el siguiente caso, con lo ocurrido al padre de Julián López Martínez, uno de nuestros tres arrieros.

Vamos a retroceder en el tiempo, estamos en 1710 en la ciudad de Guadalajara. Corren tiempos duros  por   la Guerra de Sucesión. Las tropas portuguesas y angloholandesas, partidarias del Archiduque de Austria, asolan Castilla y  Juan López  arriero de oficio y   vecino de Arbeteta, viene de León con un macho de 4 años y una carga de hilo, pero esta carga ni nuestro paisano llegarán  a Arbeteta.   El 27 de marzo de 1.710, festividad de san Ruperto, se encuentra enfermo en la cama de una posada de Guadalajara “de la enfermedad que Dios Nuestro Señor quiso servir dejarme”. Se siente con el pie en el estribo (que le llega la muerte), y sabe que ya no volverá a Arbeteta.  Por eso lejos de su casa  decide hacer testamento, nombrando herederos universales a sus pequeños hijos María y Julián, uno de nuestros arrieros protagonistas de la historia anterior, y tutora de ellos a su mujer Isabel Martínez.  Como albacea nombra a su suegro León Martínez. Entre las mandas destaca su deseo de ser enterrado en la iglesia de San Gil de Guadalajara y amortajado con el hábito de franciscano. Las demás mandas son las habituales en los testamentos de la época. El testamento se realiza en presencia del escribano de Guadalajara, Pedro Sánchez de Montoya, ante los testigos Gaspar Alonso, de Fuentelaencina,  Andrés Muñoz y José del Rincón, ambos de Guadalajara.

Esperamos con estos relatos que sirva para hacer ver al curioso lector la dureza de la arriería, en una época en que no había teléfonos móviles, y los caminos solían ser, en gran parte, de herradura, a lo que se agregaba la lejanía del hogar. A ellos y a su sacrificio se les debe en gran parte la prosperidad de Arbeteta en  el siglo XVIII.

[1] AHN. Consejos. Leg. 37652, exp.1820

[2] Julián López Martínez: Vamos a contar en la siguiente historia  como su padre,  murió en Guadalajara.  Julián tomaría la profesión del padre y continuaría muchos años con la arriería. En el Catastro de Ensenada de 1.752, figura como arriero, que con tres machos realiza 4 viajes anuales a Galicia, empleando 60 días en cada viaje, y sacando 960 reales por viaje. Prototipo de hombre laborioso de la época. En 1772 será uno de los testigos que aporte  Baltasar Carrillo para conseguir su Privilegio de Hidalguía.

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Ecos de Sociedad y Crónicas en la prensa del Siglo XX

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En este nuevo post nuestros  personajes  no son los famosos de  las portadas de las revistas del corazón, pero  si  lo suficiente importantes  para salir  en los ecos de sociedad de los periódicos y revistas de la provincia de principios y  mediados del … Seguir leyendo

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Médicos, Cirujanos , Veterinarios y Boticarios

En esta  entrada queremos  contaros como era  la Sanidad   en Arbeteta   en los siglos XVIII , XIX y principios del XX,  así como las historias y los nombres   de estos profesionales que dan titulo a este nuevo post.

Pascal-Adolphe-Jean-Dagnan-Bouveret - An Accident, 1879

Pascal-Adolphe-Jean-Dagnan-Bouveret – An Accident, 1879

La sanidad  era muy distinta de  la que conocemos en la actualidad  sobre todo en el mundo rural, era ciertamente  precaria. Se encontraba basada en estos profesionales: médicos, cirujanos, veterinarios y boticarios. El  Ayuntamiento era  el encargado de realizar los contratos y daba potestad  a una comisión de vecinos para elegir a un médico de otros lugares. La contratación se aprobaba  por mayoría en reunión del Concejo. Hubo tiempos en los que se hacía sin la presencia del público, dado que estos Concejos llegaron a ser tumultuosos, y hubo de recurrirse a que el acuerdo lo tomaran la Comisión.

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Anuncio del Boletín Oficial de la Provincia de una plaza vacante en la Villa de Arbeteta y su remuneración. 20 de julio de 1879

El sistema garantizaba que el sanitario se mantuviese en la Villa durante el tiempo establecido en el contrato, que solía ser de 4 años, renovables con acuerdo entre las partes. Por parte del médico se realizaba una Escritura de Obligación ante un escribano. En esa Escritura se ponían una serie de condiciones a las que se encontraba obligado el médico, estipulando la paga del facultativo y el modo de cobrarla. De manera similar se hacía Escritura de Obligación con cirujano, veterinario y boticario. El pago de estos profesionales se realizaba con fondos de Propios y Arbitrios, y por repartimiento vecinal.  El Ayuntamiento pagaba directamente por los vecinos declarados formalmente “pobres de solemnidad”. El resto de los vecinos pagaban directamente en la era en grano, una vez realizada la trilla.

Las Escrituras de Obligación del médico solían presentar como mínimo estas condiciones:

  • Debía visitar diariamente a los enfermos en sus domicilios.
  • No podía pasar la noche fuera de la Villa sin permiso del Concejo.
  • Estaba libre de cargas, gabelas, adras, etc., no entrando en los repartos vecinales.
  • El Ayuntamiento le conseguía casa o le pagaba el alquiler.
  • Tiene asiento en el Ayuntamiento.
  • Si está enfermo más de 15 días, debe buscar un sustituto de satisfacción del Ayuntamiento.
  • Debe avisar al Ayuntamiento dos meses antes de trasladarse.
  • Se estipula el dinero y el grano que debe cobrar.

Durante el siglo XVIII hay constancia oficial de la figura del médico titular como profesional que trabaja en exclusiva para la Villa como funcionario facultativo. Sus obligaciones consistían en “asistir a los enfermos y enfermas vecinos, naturales y habitantes que les llamen de día o de noche” cobrando por cada visita, a excepción de los pobres, y donde procediera. En 1754 tenemos ejerciendo a Ramón Torres. Su hijo Carlos, del que hablaremos en otra ocasión, nació en Arbeteta. En 1.770 se encontraba ejerciendo en Jadraque.el-nino-enfermo-1896

Médico importante para el pueblo en el futuro fue Vicente Blasco Aparicio, natural de Romanos (Zaragoza). Ejerció su oficio en torno a 1.780 y se casó con Teresa López, de Arbeteta. Después ejerció en Valdeolivas y Yélamos de Arriba. De su matrimonio nacieron varios hijos que han traspasado el apellido Blasco en Arbeteta hasta la actualidad. Uno de ellos, Ramón Blasco López fue teniente en la guerra de la Independencia, actuando en 4 campañas y 20 acciones de guerra contra los franceses, siempre en las tropas que comandaba D. Juan Martín, El Empecinado.

receta-S-XVIII

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En esa época también hubo médicos naturales de Arbeteta, entre los que destaca Manuel Bayo Arribas. Para conocer algo de él, veamos lo que dice en 1.759 D. Francisco de Borja Toledo y Briones, Rector de la Universidad de Alcalá y Estudio General: “Que conoce a Manuel Bayo, médico de la Ciudad de Guadalajara, mediante la vista y trato desde hace 16 años. Es natural de Arbeteta, de la Diócesis de Cuenca, y que es de edad de 35 años, poco más o menos (…) es mozo honesto y recogido, de buena vida y costumbres, nada torpe ni escandaloso, por lo que contemplo tiene mérito de recibir en esta Universidad el Grado de Licenciado que pretende, en la Facultad de Medicina”. Con posterioridad recibe el Auto de Aprobación: “…habiendo visto las informaciones de gente moribus de vista y otras cualidades del bachiller D. Manuel Bayo, natural de Arbeteta, de la Diócesis de Cuenca, y médico en la Ciudad de Guadalajara, dijo que aprobaba y aprobó (…) y mandó que los originales se pongan donde toca, y lo firmó su Señoría.” El testigo Santiago López dijo de él: “…es sujeto honesto y recogido, de buena vida y costumbres y de mucha habilidad en su facultad, por el mucho acierto en las enfermedades, lo que es público y notorio en la Ciudad de Guadalajara donde ejerce.”

Ya en el siglo XIX encontramos otro paisano natural de Arbeteta, José Doroteo Martínez Gutiérrez, alumno del Real Colegio de Medicina y Cirugía de San Carlos, en Madrid. Es cirujano de 3ª clase y ejerce en Madrid. Su Expediente (1.835-37). (AHN. UNIVERSIDADES, 1225, Exp 47).

En Arbeteta ejercerá otro insigne médico, D. Blas Gallego, entre los años 1.827-1.835, aproximadamente. Era natural de Atienza y se casó con Mª Isabel Molina, de Arbeteta. En nuestro pueblo tuvieron varios hijos: Marcelina (1.828), Ramón Nonato (1.830)[1], Saturnina Gregoria (1.832) y Daniel (1.835). Después de ejercer en Arbeteta se trasladó a Jadraque, donde continuó ejerciendo hasta la década de 1870, dejando su apellido a generaciones de habitantes de dicho pueblo.

En 1.850 el cirujano titular de Arbeteta tenía una dotación anual de 400 reales y 200 fanegas de trigo. De la dotación del médico tenemos noticias que en 1.880 el Ayuntamiento pagaba por la asistencia de las familias pobres 75 pesetas, que solían ser de 8 a 10. El resto de los vecinos, unos 140, se ajustaban con el médico a razón de 15 celemines anuales por vecino, que se pagaban en la propia era. Además de los vecinos, había una farmacia y cuartel de la Guardia Civil con sus familias, que también requerían ajuste para su atención médica.

En la circunferencia del pueblo había otros pueblos a menos de dos leguas que no contaban con médico y se tenían que ajustar con el de Arbeteta. El caso del veterinario era similar. Cobraba en la era 12 celemines por cada par de mulas, y tres celemines por cada caballería menor. Se podía contratar con los pueblos limítrofes: El Recuenco, Villanueva, Armallones y Valtablado del Río.

Pero también vamos a hablaros de otros profesionales relacionados con la salud: los comerciantes y trajinantes en géneros de botica. El sector de la arriería era muy importante en Arbeteta, veamos algunos ejemplos:

En el Catastro del Marqués de la Ensenada de 1.752, nos encontramos a Gerónimo García Molina que con un macho se dedica a la compra-venta de géneros de botica, con una ganancia de 1.440 reales anuales. En ese mismo Catastro encontramos a Julián Martínez Blanco, Manuel Costero y Francisco Molina, que se dedicaban al mismo tráfico, llegando con sus géneros en sus machos, incluso hasta Galicia.

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Localidades a las que se suministraba género de botica. Castilla-León. Siglo XVIII

Anexado al testamento de Tiburcio Mazarío e Isabel Molina, naturales y vecinos de Arbeteta, en 1.770, se encuentra una relación de pueblos, todos de Castilla la Vieja y León, a cuyos boticarios les era suministrado los géneros de botica.

Enumeraremos, a modo de ejemplo algunos de ellos: bálsamo de perubión, esperma de ballena, tártaro vitriolo, coca, cinabrio, quina, raíz de Bejunquillo, leche de Michoacán, sal de Saturno, díctamo de Creta, raíz de China (ginseng)  y flor de azufre (para la sarna).

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Géneros de bótica

Durante la Guerra de la Independencia es boticario de Arbeteta con Real Aprobación José Terraza. Presenta recibos de las medicinas suministradas a las tropas provinciales  ante la Junta Superior de Armamento, Gobierno y Defensa de Guadalajara. La Junta determina el 10 de octubre de 1.811 que se pasen los recibos a contaduría para que se legitimen y se libre la cantidad por la tesorería.

En 1.780 el boticario de Arbeteta se llama Antonio Julián. Después de llevar más de 20 años de boticario en la Villa, el Ayuntamiento no le renueva el contrato,  no  avisándole con el tiempo suficiente para encontrar otro municipio. Por ello demanda al Ayuntamiento y exige el pago debido (AHN CONSEJOS 31376, exp4).

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Anuncio el el Boletín Oficial de la Provincia de una vacante de Boticario . Año 1919

En 1.879 nos encontramos regentando la farmacia de Arbeteta a Juan Antonio García. Seguirá más de 20 años y ocupará como vecino cargos en el Ayuntamiento. En 1904 le sustituye Segundo Batanero, natural de Trillo, hermano de D. Valentín Batanero, cura de Trillo. Continúa hasta 1.919. En ese año el Alcalde de Arbeteta, Salvador Pérez (el Tío Salvador), publica en el Boletín Oficial de la Provincia de Guadalajara, la vacante de la plaza de farmacéutico. No tenemos conocimiento de otros farmacéuticos posteriores.

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Copia del homenaje que recibió Félix Mañas en 1.934 por F. Gordón Ordás,   y que publica La Semana Veterinaria.

La plaza de veterinario la ocupa en 1.879 Eusebio Cucharero. En 1.884 encontramos a un ilustre veterinario, Félix Mañas Alonso, que permanecerá unos 40 años en Arbeteta, curando mulos y sanando ovejas. Tuvo tres hijos en Arbeteta. Uno de ellos, Anastasio Mañas Gil, fue maestro herrador en diversos regimientos de Zaragoza. Los mozos de Arbeteta que hacían la mili en Zaragoza siempre le tenían que agradecer su buen trato y atención. Fuera el mozo que fuera del pueblo, él los buscaba y procuraba colocarlo, y que sus paisanos estuviesen bien atendidos (“era divino”, comenta uno de ellos), llegándoles a ofrecer su casa. Los mozos le visitaban en su casa como si fuese un familiar más que tenían en Zaragoza. Los mozos de los años 50 no olvidarán a Anastasio ni a doña Julia, su mujer. A su padre Félix Mañas lo encontramos todavía ejerciendo en Nombreca (Toledo), en 1933.

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Anuncio el el Boletín Oficial de la Provincia de una vacante de Veterinario . Año 1884

Durante la Guerra Civil y en los años 40 estuvo ejerciendo de veterinario, Daniel Viana, de Peralveche  para sucederle en los años 50  Antonio Borreguero   que fue el último veterinario que ocupo la plaza en Arbeteta.

Para terminar vamos a a enumerar a los últimos médicos que vivieron en Arbeteta. En este periodo los médicos estaban  menos tiempo, cambiando a una plaza mejor retribuida. En 1.883 encontramos a Leandro Uruñuela. Al año siguiente se encuentra Felipe García, que seguirá hasta 1.888. Le sucede el 1.897 Santiago Mazarío, que estará hasta 1.901. Hasta 1.904 estará Julián Herráiz. Desde ese año ejercerá Juan Béjar, que lo sigue haciendo en 1.911. En los primeros años de la Segunda República llega el cordobés Gabriel Medina Morillo, de ideas izquierdistas, que deja el pueblo sobre 1.935 tras algunos enfrentamientos. Le sustituye Paulino de la Guardia, natural de Miedes de Atienza,  y que tiene que abandonar Arbeteta en los primeros días de la guerra para salvar la vida. No volverá, se instalará en Jadraque, donde ejercerá. Durante un tiempo ejerció un familiar de Toribio Martínez Rojo “el Tío Toribio” de El Recuenco, llamado Pedro, que atendía Arbeteta desde ese pueblo. En los años 40 ejercieron:

Julio Nieto Veloso, nació en 1896 en la localidad de Tábara (Zamora). Ejerció de médico en Arbeteta en los años 1943-44. Denunció al cabo primero jefe de puesto de la Guardia Civil de Arbeteta, Sustituto Sedeño Martínez, por malos tratos a un vecino . Por este caso, y otra denuncia por injurias al cabo Sedeño, tuvo problemas al ser acusado por denuncia falsa y ser detenido por la Guardia Civil, que le tenían controlado: “…aunque no se puede precisar el partido político a que pertenece, de los antecedentes que obran en este puesto, se determina de una manera clara, es de ideas socialistas, completamente ateo, y al parecer capitanea a la totalidad de los elementos marxistas de los pueblos que visita.”

El sistema de «igualas», fue  muy popular en España, facilitó el desarrollo, a finales del siglo XIX y principios del XX, de pequeñas mutuas y «cajas de enfermedades», siguiendo el ejemplo del sistema alemán desarrollado por Bismarck y basado en la contribución, mediante cuotas mensuales a cargo de empresarios y trabajadores. Estas mutuas fueron el germen de la evolución posterior.

1947 - Contrato de igualado

Contrato de iguala 1947

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Iguala médica.- 1949

Después de la guerra civil, el gobierno estableció, en el año 1942, El Seguro Obligatorio de Enfermedad (SOE) , con una filosofía derivada directamente de las antiguas cajas de enfermedad, centradas  principalmente en la curación de los trabajadores, sin tener en cuenta ni la medicina preventiva ni la sanidad ambiental.   En el SOE los profesionales sanitarios se regían a nivel retributivo por el método clásico de las igualas;  los médicos cobraban según un cupo definido de «familias», según las «cartillas» que tuvieran adscritas; dichas cartillas eran el documento en el que constaban los beneficiarios, el trabajador y su familia,  atendiendo en un primer momento en su propio domicilio a los pacientes (médico de familia), para posteriormente desarrollarse una red de consultorios públicos.

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Consultorio médico en la actualidad 2015

En los años 50 tenemos a Federico Bachiller, natural de Pastrana. Terminamos en los 60 con José María Madrigal Fernández-Roldán que fue el último médico que vivió en Arbeteta. Los médicos que ha habido con posterioridad en la Villa tenían y tienen  su residencia en otros pueblos.

Siempre hay historias humanas detrás de cada facultativo, que no tenemos espacio para contar, otros  no hemos nombrado por desconocimiento. Sólo nos queda agradecer la atención que todos ellos dispensaron a nuestros antepasados.

[1] Expediente académico de Ramón Nonato Gallego Molina, (1850-1858), alumno de la Facultad de Farmacia de la Universidad Central. Natural de Arbeteta (Guadalajara). Licenciado en Farmacia. Documentos anejos: Partida de bautismo. Certificación académica. Certificado de prácticas. Correspondencia. Certificado médico. (AHN.  UNIVERSIDADES, 1059, Exp.3).

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