Navidad 2018

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Adoración de los Magos. El Bosco, 1485-1500

El mejor mensaje de Navidad es el que sale del silencio de nuestros corazones y calienta con ternura los corazones de los que nos acompañan en nuestro viaje por la vida.  

La fidelidad, colaboración y buena voluntad de nuestros lectores es la base del éxito de nuestro blog, y por ello, es un verdadero placer en estas fiestas, desearos una Feliz Navidad y un año lleno de felicidad y prosperidad. 

                                

                              ¡FELIZ NAVIDAD!

                              

 

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De las mulas y otras historias

Llevamos muchos post en los que hemos tratado diferentes temas, pero sentimos una ternura especial al tratar a este inteligente animal, la mula parda de carga, a la que algunos intentaron educarla a palos. Lo malo de España, como decía Umbral, nunca han sido los mulos, sino los muleros, como lo malo del caballo de Pavía no era el caballo, sino Pavía.LA MULA-4

De vosotros los lectores dependen que se puedan conocer y conservar estas historias y tradiciones de Arbeteta, antes de que el paso del tiempo los borre para siempre “…todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia”, como decía el replicante Roy Batty. Pocos son los que ignoran la importancia que tuvo en Arbeteta un precioso animal como la mula. ¿Qué hubieran hecho nuestros antepasados sin las mulas?

La mula es un animal que nace del apareamiento del asno con la yegua, o del caballo con la burra: en el primer caso resulta un verdadero mulo; y en el segundo, el burdégano o macho romo. Han sido más utilizadas las que provienen de asno y yegua. Su cría no se producía en Arbeteta.

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Muletero de Maranchón

 

Lo habitual era comprarlas a los muleteros de Maranchón, que eran los comerciantes tradicionales de estos animales, como podemos ver en el  grabado adjunto y en el contrato de venta de un macho a Pascual Alonso Herraiz , marido de Angela Cortes. Después de la guerra civil las traía un vecino de Sotoca y le sucedieron sus hijos.

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Contrato de compra venta de una mula de Pascual Alonso Herraiz. Año 1.929

Tuvo la mula una gran aportación a la agricultura de Arbeteta por ser incansable cara al trabajo duro. Parece ser que la mula, aunque tiene una larga historia de convivencia con el hombre, no es fácilmente domesticable y parece ir por libre. Si eran bien tratadas eran cariñosas, especialmente con las mujeres, se decía. Fueron un signo de riqueza en función de los pares de mulas que mantenían los vecinos, llegando a ser signo de ostentación.

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Juan Luis López Alonso a lomos de una mula. 1966

Es un animal que tiene ventajas sobre sus progenitores: se mantiene en todos los climas, es más sobria que el caballo, soporta mejor el hambre, es menos delicada en el alimento, vive más tiempo. Tiene del burro la seguridad de sus patas, su buena salud, soporta más peso que el caballo, rara vez tropieza por sendas tortuosas y estrechas, por lo que es idónea para el acarreo de cargas viajando por terrenos montuosos y difíciles, sin ser tan cobarde como el burro. Es animal obstinado, terco y astuto. “terco como una mula”, se suele decir. Aunque los machos y las hembras dan algunas veces signos manifiestos de celo, se les considera a ambos estériles.

Al igual que con las cabras, en Arbeteta las mulas tenían su dula. A ella se llevaban junto a caballos y burros los días que no trabajaban y los días de fiesta. En época de trilla las llevaban de noche con el pastor. En primavera se guardaban las eras para que pastaran las mulas en mayo, pasando después las ovejas.

Se recuerdan como pastores de la dula a Genaro Alonso, “El Genarillo”, y su hermano Mariano Alonso. También lo fueron Eusebio “El Zaborro”, de Valtablado del Río, y sus hijos Sebastián y Juan. En Arbeteta se han utilizado las mulas para las labores agrícolas como el arado, trillado, acarreo de la mies, así como la arriería y el arrastre de maderas.

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Arando

Ya tratamos en otro post sobre los arrieros. Mencionaremos aquí a Manuel Miguel Rojo Alonso (bisabuelo de Gregorio Blasco Rojo, 1869–1913), que nació en 1776 y fue Alcalde de Arbeteta en 1827. Estaba casado con María Ana Alonso Carrillo, hija de Antonio Alonso Alonso y Tomasa Carrillo Costero. Lo encontramos al frente de un grupo de arrieros que con un gran número de mulas traían mercancías, armas y municiones para la 5ª División (del Empecinado) desde el puerto de Alicante hasta tierras de Guadalajara, llevando una recua de más de 20 mulas en marzo de 1812. En mayo de ese año lo volvemos a encontrar ya en Alicante con sus mulas. La Junta Superior de Gobierno, Armamento y Defensa de Guadalajara tiene que satisfacer “a Manuel Roxo y compañeros el débito que tienen a su favor de esta y anterior remesa importante 16.000 reales”. Cantidad muy respetable para entonces. La Junta tiene que “oficiar al Gobernador de la Plaza de Alicante con el citado Roxo y compañeros, para que si la Real Hacienda tiene existencias de tabaco de perfecta calidad, les entregue la cantidad que puedan cargar, y que para adquirir las clases que allí falten o no tengan a aquel precio, les permita pasar a bordo a verificar la compra de dicho género”. Como vemos, Miguel Rojo, las mulas y los muleros no paraban, teniendo que eludir a los franceses que ocupaban muchas zonas hasta la conclusión de la guerra.

Cuando escaseaban las labores agrícolas, los industriosos vecinos de Arbeteta seguían dedicando sus mulas a la arriería por lejanas tierras, como hacía Santiago Costero, que vendía una joven mula en Orense y le “desapareció”, como vemos en el Boletín Oficial de la Provincia de Orense de 5 de junio de 1851.

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Boletin Oficial de la provincia de Orense con la noticia de la desaparición de una mula propiedad de Santiago Costero. 1851

Otra actividad de las mulas era el arrastre de la madera, bien acercando los pinos hasta el Tajo, (hay un paraje denominado El Arrastradero), por donde los conducían los gancheros; o bien para sacarlos del Tajo en Aranjuez. A finales de primavera bajaban las maderadas dela sierra por el Tajo hasta Aranjuez, donde terminaba el trayecto. Muchos vecinos de Arbeteta, mientras llegaba la faena de la siega, bajaban con sus mulas a Aranjuez a lo que denominaban “la saca”.

Pues a la saca se dirigieron con sus mulos una cuadrilla de vecinos de Arbeteta. Era la primavera de 1909. Entre ellos iba Bartolomé Rojo Aguado (1867-1925) y su hija Leonor Rojo Costero (1895-1977), abuela materna del que esto escribe, y mocita de 14 años. Mientras Bartolomé y los demás hombres y mulas trabajaban duramente en la saca de la madera, Leonor se encargaba de prepararles el rancho en el campamento. Le llevaron un cesto con cangrejos.

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Leonor Rojo Costero-. 1919

Leonor no se había visto en otra, no conocía los cangrejos. Se acercó un paisano al campamento, y bromeando, le dijo a Leonor, que si se ponían rojos es que estaban malos. Los echó a la sartén, y como se pusieron rojos, los tiró con la sartén al río. Luego fue motivo de las bromas y risas del grupo.

Me contaba Leonor que el Aranjuez de 1909 le parecía un pueblo muy grande y maravilloso, un mundo muy distinto a su Arbeteta. Vio cosas que nunca había visto hasta entonces. Lo que más le impresiono fue el recién construido Mercado de Abastos, bien surtido de numerosos y variados productos, al que acudía con su padre a comprar los productos para sus guisos. Antes de subir a Arbeteta recuerda que su padre le compró unos zapatos. En el viaje de vuelta se llevaron a Arbeteta plantas de fresas de Aranjuez. Yo las probé con Leonor en la reguera del huerto que tenía debajo del castillo. Otros vecinos de Arbeteta también se traían plantas de fresas, por lo que algunos de vosotros seguro que las habréis probado sin saber su origen. Leonor volvió a Aranjuez en 1973 y recordó perfectamente el Mercado y me contaba estos sucesos.

Al lector le proponemos una adivinanza: la mula es hija de burro y yegua; el burro rebuzna y la yegua relincha. ¿Qué hace la mula?

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Eustasio Segovia ” el francés”

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En este post estival nuestro protagonista es un paisano de Arbeteta que después de muchas peripecias tuvo que emigrar con su familia a Francia. No tenemos casi información de su vida , sólo pequeñas pinceladas, pero suficientes para poder contaros esta historia y y lo duro que era vivir en Arbeteta en esa época. España durante muchos años fue un país emisor de emigración, antes de convertirse en los años 80 en país receptor. Pero en este post no vamos a tratar un tema tan amplio. Solo vamos a reconstruir un etapa de la vida de nuestro protagonista antes de su periplo francés.

En los años 20 aumentó notablemente la presencia de españoles en Francia. Había acabado la 1ª Guerra Mundial y Francia había tenido 1’4 millones de muertos y 1’5 millones de heridos, de los cuales 900.000 quedaron inválidos. Por ello necesitaban mano de obra para reducir las regiones devastadas y fomentar la agricultura por todo el país. Fueron años de mucho trabajo y en 1927, con la Ley de Extranjería, se facilitó el acceso a la nacionalidad francesa: sólo se necesitaban 3 años de residencia en Francia para comenzar los trámites de la nacionalización. A partir de 1931, con la crisis económica se puso fin a estas facilidades y se endurecieron las medidas. Muchos españoles ante las dificultades decidieron volver, claro que aquí les esperaba la Guerra Civil.

Eustasio Segovia García nació en Arbeteta el 29 de marzo de 1891. Sus padres Julián Segovia y Toribia García eran naturales de Arcos de la Sierra (Cuenca). Habían llegado a Arbeteta desde Arcos de la Sierra en la década de 1870, posiblemente para trabajar de pastores o jornaleros. Tuvieron varios hijos antes de tener a Eustasio. Sus abuelos paternos fueron Dámaso Segovia, de Valsalobre (Cuenca) y Bernarda López, de Armallones. Sus abuelos maternos, Gregorio García, de Arbeteta y María Villanueva, de Albalate de las Nogueras (Cuenca).

El último viernes de febrero de 1909 Eustasio en compañía de tres jóvenes deciden darse un homenaje saltándose los preceptos de la Iglesia, que prohíbe comer carne los viernes de cuaresma. Para ello decidieron comerse dos corderos, y consideraron que los mejores serían los de Felipe López (el “tío Felipón”, padre de María López y abuelo de Primitiva).

BOLETIN PROVINCIAL 9-III-1910P

Sabemos que Felipe era hombre con economía desahogada y los mozos pensaron que dos corderos menos no le harían mucho trastorno. Sacaron los corderos de la paridera y se los comieron. Las crónicas no nos dicen si fueron capaces de terminarlos, pero sí que el festín fue descubierto por la Guardia Civil, que detuvo a los alegres comensales y los condujo a la cárcel para hacer más agradable la digestión. El juez municipal los condena a 5 días de arresto menor y al pago de costas. Dos de los mozos, que creemos forasteros por tener el apellido Camarasa, no se presentan, por lo que se publica en el Boletín Provincial de Guadalajara.

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Dos años después, el 26 de septiembre de 1911, encontramos a nuestro Eustasio ejerciendo de carretero camino de Molina. Cuando pasa por Aragoncillo se cruza con el automóvil de D. Calixto Rodríguez, hombre importante de la época y de la provincia, diputado a Cortes por Molina y único automóvil en aquella región. Las mulas que no han visto nunca una máquina semejante se espantan. El vehículo vuelca y Eustasio resulta herido y es trasladado a Molina. Sus heridas no resultaron graves y se repuso pronto.

BOLETIN PROVINCIAL 24-XI-1911P

El juez municipal de Aragoncillo publica en el Boletín Provincial de Guadalajara la cédula de citación a Eustasio Segovia y a Fernando del Amo, “chaufeur”, de D. Calixto Rodríguez, para el juicio que tendrá lugar el 28 de noviembre de ese año en el Ayuntamiento de Aragoncillo.

Se casó Eustasio con Florencia (Verges), nacida el 11 de mayo de 1896 en Huertapelayo y emigran a Francia, no sabemos el año, donde tienen dos hijos: Eustache, nacido el 22 de julio de 1919, y Madeleine, que nacerá el 15 de octubre de 1929. Eustasio trabajará de “terrassier”, es decir, de peón, o peón caminero.

La familia se encuentra integrada en Francia. Viven en Toulouse y en España las cosas marchan mal, están en plena guerra civil. Antes de la guerra ya solicitaron la ciudadanía francesa, la que consiguen el 24 de enero de 1937, como lo podemos ver en el Journal Officiel de la Republique del día mencionado, donde el Presidente de la Republique decreta que son “naturalisés français”.

JOURNAL OFFICIEL 24-I-1937P

Además de Eustasio, en el periodo de entreguerras emigraron a Francia otros vecinos de Arbeteta. Nos consta que Emilio López Cortés estuvo un tiempo y se volvió pronto al pueblo. También estuvo Zoilo López de la Presa (el tío Zoilo) trabajando en los montes de Francia, que era hombre muy hábil con el hacha. Ramón del Amo, hijo de Ramón, el tío Peliblanco, se presentó a unas pruebas para acceder a un puesto de Guardia Municipal de Cuenca. Una de las cosas que le sirvió para entrar fue que sabía “el idioma francés”. ¿Por qué iba a saber francés un vecino de Arbeteta en esta época? Llegamos a la conclusión que también había estado en Francia. Se casó con una hija del tío Patillas. Nos consta que hubo más vecinos. Después de la Guerra Civil hubo exiliados en Francia, pero ese es otro capítulo. Ya en los años 50 y 60 siguieron emigrando algunos vecinos a Francia. De entonces recordamos a Aniceto del Amo López, hermano de Feliciana, otros, como Francisco Costero Rojo, fueron a Francia en los años 50 y allí murieron lejos de su pueblo.

Hemos querido hacer en este post un pequeño homenaje a todos nuestros paisanos que como Eustasio, nuestro protagonista tuvieron que salir del pueblo para buscarse la vida y salir de la pobreza .

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De cabras y cabreros

En este nuevo post el protagonista no va a ser ningún vecino, ni ningún lugar,  va a ser un animal muy vinculado a la vida cotidiana de Arbeteta.  El animal al que nos referimos es “la cabra” , animal generoso como pocos, que nos ha ofrecido leche, carne, pieles y basura. Sirvan estas letras de homenaje a esos cabreros y cabreras que han tenido tan dura y sacrificada profesión de pastorear a las cabras.

La mayoría de los vecinos con una cierta edad debemos nuestra alimentación infantil a la cabra. Si exceptuamos la leche condensada o la leche en polvo,  algunos no probamos la leche fresca de vaca hasta que tuvimos, como en mi caso, 11 años. El refrán cabra muerta de hambre no la ha visto nadie, demuestra que es un animal fácil de mantener, encuentran el alimento que  necesitan en los montes, en los barbechos y en las tierras estériles, comen con gusto zarzas, aliagas,  espinos y otras malezas,  sin este  ganado hubiesen quedado los montes sin la utilidad competente.  Solo es necesario apartarlas principalmente de los parajes cultivados, impedir que entren en los trigos y en zona arbolada que se quiera preservar, porque los árboles roídos por estos animales suelen perecer.

Pero no  hablaremos aquí de un hato de cabras perteneciente a un solo propietario, sino que consideraremos más particularmente la cabra del humilde vecino, esta cabra que constituye todos sus recursos y riquezas; el alimento de los hijos cuando ya no puede su mujer alimentarlos . Por un precio  módico  se  compra,  ocupa poco espacio y  para su estancia necesita poco pienso, es en la  vivienda del pobre  donde se aprende a conocer el precio y estima de una cabra.

Por las atenciones y cuidados que exige, da cada año uno o dos cabritos, leche muy buena durante muchos meses, y cuando la edad obliga a sacrificarla o a deshacerse de ella, se saca partido de su carne: bien se secaba, o bien se hacía chorizos añadiéndole tocino de cerdo. ¿Qué hombre será tan cruel que no perdone a la cabra el daño que haya podido hacer, en recompensa de tantas ventajas?.   El sebo de las cabras es el mejor que se conoce para hacer velas, y sus pieles son muy útiles: de ellas se hacen los cordobanes, tafiletes, antes y otros diversos curtidos, odres y zaques para vino, aceite y otros licores; de la piel de las jóvenes se sacaban las cabritillas, tan apreciadas para guantes. Hemos de decir que Ángel García del Amo, el “tío Cucalilla”, el pastor de la dula de las cabras de Arbeteta, portaba a su espalda un singular zaque para llevar el agua, confeccionado con la piel de un cabrito, cosido con tanta perfección y primor, que causaba admiración a todo el vecindario de Arbeteta.

Rebaño de cabras

Hemos mencionado la dula, a la que recurrían la gran mayoría de los vecinos para llevar cada uno las dos o tres cabras de su pertenencia. Todas las mañanas las entregaban al pastor contratado y las recogían por la tarde cuando llegaban del monte, era la dula de las cabras paridas y de ordeño, que fueron pastoreadas entre otros, por el “tío Cucalilla”, Ángel Navarro Huete y Francisco Alonso Rojo; la otra dula, la de las cabras vacías o “de vacío”, fue pastoreada en los años de postguerra por  Baldomero Alonso del Amo “el tío Panchito”,  también por Víctor Costero y por Eustaquio Cortés. Estos pastores eran contratados por el Ayuntamiento con acuerdo de los propietarios.

Cabra preñada

El pastor que se encargaba del “vacío” estaba pendiente de los machos, unos 15 o 20, que se encontraban apartados de las cabras y pastaban solos por el Pie. Únicamente cuando el otoño estaba terminando se traían los machos al pueblo para que cumplieran con su cometido. La estación marcada por la naturaleza para el celo de las cabras es el otoño. Si están habitualmente con los machos, pueden entrar en celo todo el año y parir en cualquier estación, pues basta que estén poco al lado del macho para que se pongan en disposición de recibirle. Cuando se cubren en otoño retienen con más facilidad y son más seguras. Los meses más favorables son octubre y noviembre, porque en este caso paren en la primavera; las cabras cubiertas en aquella época, tienen más leche, y los cabritos encuentran, cuando se les desteta, yerba tierna que les conviene sobre manera. Están preñadas cinco meses y paren al principio del sexto.

Manta y garrota. Arbeteta. Guadalajara

Arbeteta ha sido pueblo de buenos cabreros, entre ellos destacaremos a Higinio Argilés Monguía, el “tío Zorro”. Nació en 1890 y se casó con María del Amo, también de Arbeteta. Tuvo muchos hijos y con el trabajo de las cabras sacó la familia adelante. Él, como otros pastores, empezaron cuidando cabras ajenas, pero poco a poco fueron consiguiendo animales hasta independizarse. Nos cuentan la anécdota, que viene al caso muy por los pelos, ocurrida en los años 50: un yerno suyo, vecino de Peralveche, andaba con su par de mulas del ramal, cuando comenzó una fuerte tormenta, cayendo  un rayo sobre las mulas y matándolas en el acto, dejándole a él con el ramal en la mano sin ser afectado,  al ser el ramal de esparto, lo que le sirvió de aislante. Ese día santa Bárbara tuvo trabajo en la comarca, la misma tormenta de Peralveche se dirigió a Villanueva y descargó otro rayo sobre un vecino que con el rastro recogía la parva de la era, de tal manera que el rayo le partió el rastro sin ocurrirle nada a él. Fueron sucesos muy comentados en los pueblos.

El hijo de Higinio Argilés, Julián, se casó con Norberta Costero Rojo, hija de Florentino Costero, el “tío Colorao”, también célebre cabrero. Estos hijos siguieron con la tradición familiar de tener sus propias cabras, llevándolas en invierno a Solana y en verano a Santa María del Espino. Norberta era mujer activa y para el reparto de la leche de sus cabras necesitó motorizarse, siendo, según creemos, la primera mujer de Arbeteta en sacarse el carnet de conducir.

Pastor de Chequilla (Guadalajara ) Diputación Provincial CEFIHGU

Otro afamado cabrero fue Francisco del Amo, marido de Sinforosa García del Amo, la “tía Sinforosa”, hermana del referido “tío Cucalilla”. Francisco era hermano  del también cabrero Antonio del Amo, el “tío Toro”, que se marchó a La Puerta. Francisco fue pastor del rebaño de Pedro López, secretario municipal de Arbeteta durante 45 años,  y poco a poco fue formando su propio rebaño. Murió pronto, antes de la guerra. Ahí vemos a Sinforosa sacando adelante a su familia con las cabras. Llega la guerra y sus dos hijos, Eleuterio y Julio, son llamados a las filas del ejército republicano, quedando ella con una hija y su pequeño rebaño de cabras. Otro de sus hijos, Marcelino, al igual que varios paisanos, se había marchado años antes a trabajar a Francia[1]. Va pasando como puede los días duros de la guerra, pastoreando diariamente sus cabras, alternando como puede con las labores de su casa, la que hoy habita Juana Cabrera “La Juani”. Las cabras las cierra todas las noches en una cueva, habilitada para tal fin en Las Cuestas, próxima a la fuente de La Cespedera, en la vertiente que mira a Morillejo, y cerca de ese término municipal. Una buena excursión para Sinforosa, como podrá imaginarse el atento lector, que ya contaba 59 años, había nacido en 1879.

A la guerra le queda poco tiempo. Nos encontramos en el día 13 de enero de 1939 (AHPGU J-527) cuando Clemente Vicente Retamares, cabo de la Sexta Compañía del 11 Grupo Urbano del Cuerpo de Seguridad (Guardia Nacional Republicana), como Jefe del Destacamento  de El Recuenco, se presenta en Arbeteta en servicio de Vigilancia, acompañado de Eustaquio Corrochano Neila, guardia del mismo destino. Son las 9 de la mañana cuando se presenta ante ellos Sinforosa, denunciando verbalmente que en la noche del 7 al 8 de enero de ese mes le robaron, violentando la puerta de la paridera de su propiedad en el lugar indicado de Las Cuestas, término de Arbeteta, y llevándose 6 cabras: 4 de ellas blancas, 1 hurraca y otra negra, con horquilla y muesca derecha 5 de ellas, y despunte en la derecha la otra. Que las echó de menos al ir a soltar el ganado que guarda en dicha paridera. Que el vecino de Morillejo, Nicolás Benito López, al hacer ella indagaciones le dijo que 2 soldados le habían dicho a él, que habían visto a otros 3 soldados que conducían 6 cabras del pelo señalado, pero no sabe en qué sitio. Sinforosa no tiene más que decir y como no sabe firmar la denuncia lo hace su hija Agapita del Amo García.

Acto seguido la pareja de guardias se dirigen a Morillejo donde interrogan al citado Nicolás Benito, de 20 años, que les informa que hallándose en Morillejo con un amigo suyo llamado Carlos Palos Ferrer, natural de Barcelona, soldado que había venido en otras ocasiones en busca de comida, el cual preguntó a Benito que donde podían encontrar de comer, contestándole que la cosa estaba peor que otras veces y entonces manifestó Carlos que al venir él desde el frente hacia Morillejo se tropezó él y otro compañero que le acompañaba con 3 militares que conducían una mula con serón y una cabra atada por los cuernos y tras de ésta 5 más, con dirección al frente de Esplegares, que les preguntaron que donde las habían comprado y “no acertaban a darle explicación clara ni concreta, los cuales dijeron entre sí manifestarle duda sobre su legítima procedencia”. Que los 3 militares, según Carlos y Rafael, pertenecían a la 138 Brigada Mixta  del ejército de la República, sita actualmente en el sector de Esplegares. Nicolás Benito se ratifica en su declaración y la firma.

Ese mismo día los guardias regresan a Arbeteta y entregan la denuncia al Juez Municipal. Comprenderá el lector que las cabras de Sinforosa no iban a aparecer. El Juez de Arbeteta remite la denuncia al Juzgado de 1ª Instancia de Cifuentes, haciéndose cargo de ella el Juez de Instrucción Francisco Mazarío Nieto. Ante la dificultad lógica de localizar las cabras, el Juez acuerda que se publique un anuncio en el Boletín Oficial de la Provincia de Guadalajara (fotografía adjunta) y en la Gaceta de la República, sin resultado alguno.

Termina la guerra. Cambia el Juez, ahora es Hipólito Castro Guerra, que el 21 de febrero de 1940 decide archivar el Sumario, sin perjuicio de su apertura si hubiese motivos para continuar. No se han tenido noticias de las cabras, aunque no es difícil imaginar su destino.

11 de septiembre de 2011, encontramos en el periódico El País una interesante noticia sobre Abánades:

“…Al arqueólogo Alfredo González Ruibal frente al puesto republicano, un corral de ovejas abandonado, donde el CSIC lleva seis días excavando. (…)

Gracias a la basura saben que el centenar de hombres del 249 batallón de la 138 brigada mixta que llegó de Cataluña a este corral de ovejas en enero de 1938 estaba “bien alimentado”. “Hemos encontrado incluso una delicatesen: una lata de anchoas”, explica el arqueólogo”.

En el estudio de la excavación de 2014 se dice que se encuentran “huesos de ovicápridos” ¿serían de las “ovicápridas” de Sinforosa? :

http://digital.csic.es/bitstream/10261/129847/1/arqueologia_guerra_civil_Taju%c3%b1a_2014.pdf

[1] Marcelino del Amo García se marchó a trabajar a Francia antes de la guerra. Allí se vio imputado en un delito, por lo que fue condenado a cumplir una condena en el penal de la Guayana Francesa. Por ese motivo, al no tener noticias durante años de él, su familia y el pueblo llegaron a considerarlo desaparecido. Pasan muchos años y en los años 60 se recibe en la Alcaldía un oficio de la Administración del Estado requiriendo información de la familia de Marcelino, que se encontraba ya en España y quería saber de su familia. En esa época su madre Sinforosa vivía en Trillo y recibió la noticia, al igual que su familia y el pueblo de Arbeteta, con mucha alegría, por recuperar al que se había dado por difunto. Se concertó su visita y llegó en el coche de línea encontrándose con su madre y hermanos con la alegría que uno se puede imaginar. Se avecindó en Trillo con su madre, donde estuvo de cabrero con las cabras de la dula de Trillo.

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1811: El Mambrú fusilado

En este nuevo  post del mes de febrero  nos vamos a trasladar al fatídico 13 de mayo de 1985, cuando una terrible tormenta descargó un rayo sobre la torre de Arbeteta, coronada, como todos sabéis, por una veleta con la figura de un granadero, popularmente conocida como el Mambrú, emblema de nuestro pueblo.

Tenemos la suerte de contar con este viejo recorte del periódico LA PRENSA ALCARREÑA que nos describe con todo lujo de detalle la noticia  después de este trágico accidente.

En la foto de más abajo nos encontramos con un vecino que ya no está con nosotros y  que muchos de nuestros lectores reconocerán, Hilario Tellez, “el tío Perchos” que con ojos de tristeza nos señala como ha quedado la torre después del incendio.


Pero volvamos a la historia que nos ocupa,  una vez apagado  el incendio que provocó el rayo y repuestos del susto, los vecinos que se encontraban en ese momento en el pueblo  pudieron ver  la auténtica desgracia de la torre. ” El Mambrú” estaba en el suelo destrozado,   de nuestro granadero sólo quedaba la cabeza, como vemos en la foto,   el rayo consiguió lo que no pudieron los hombres.

Cabeza del viejo Mambrú bajo la mirada atenta del nuevo.

Hemos de decir que el Mambrú era  y es el alma de Arbeteta y que sus vecinos siempre lo han llevado en su corazón, hasta el punto que los naturales de Arbeteta han sido motejados como “mambrús” por los habitantes de los pueblos comarcanos. Por ello los enemigos del pueblo era lógico que la tomasen con él.

En medio de los lamentos de los vecinos, José Pèrez Alonso  con su innata curiosidad,  se acerca a los restos y descubre que hay en la cabeza  unas pequeñas bolas incrustadas en la madera forrada con chapa, que han pasado  desapercibidas al resto de los  vecinos  y como si de  un cirujano se tratase,  las  saca  con mucho cuidado  con la ayuda de un destornillador. Al ser de plomo, pensó que podían ser balas, así que se las quedó a modo de recuerdo. Cuando nos las mostró no tardamos en identificarlas:  eran balas de fusil de ánima lisa.  

Balas deformadas después de sacarlas de la cabeza de Mambrú.

En la última guerra civil nos cuentan que el Mambrú fue tiroteado, pero los fusiles de entonces utilizaban balas como las que conocemos hoy, al ser los fusiles de ánima rayada. Entonces para desentrañar el problema, procedimos a su medición, comprobando y concluyendo que las balas, pese a encontrarse deformadas, eran de un fusil con un calibre de 17’5 mm. ¿Qué tropas utilizaban un fusil de ánima lisa con un calibre de 17’5 mm?.

Desde la construcción de la torre e instalación de la veleta del Mambrú,  las tropas que pasaron por el pueblo que pudieron portar este tipo de armas fueron los franceses y los carlistas; descartados los segundos, sólo nos queda la intervención de los franceses, máxime cuando tenemos noticias del saqueo y ocupación de Arbeteta el 27 de noviembre de 1811. Los franceses tenían motivos para invadir y saquear Arbeteta, al ser uno de los centros de almacenamiento de municiones y bastimentos de la 5ª División del 2º Ejército, llamada también División del Empecinado.

El ejército español utilizaba el fusil modelo 1802 de 18 mm. Los fusiles ingleses que se utilizaron en la Guerra de la Independencia eran del calibre 19 mm., salvo el famoso rifle Baker que era de 15’6 mm y cañón rayado. Descartados estos fusiles sólo nos queda el fusil del ejército francés con el que estaban dotadas sus tropas, conocido como modelo 1777 y calibre 17’5 mm. Las características técnicas del fusil eran las siguientes:

Fusil francés . Mod 1777

Longitud del arma: 1.520 mm. Peso con bayoneta: 5,079 Kg. Munición: bala redonda de plomo de 16,5 mm aproximadamente, con un peso de unos 22 gramos.Velocidad media de disparo: 3 disparos por minuto.Alcance con precisión: 200 metros.Alcance máximo: 1.000 metros.

Balas para fusiles del calibre 17’5. Casa fuerte de Reignac. Perigord

En uno de los viajes que hemos  realizamos por el corazón de  Francia encontramos en la casa fuerte de Reignac, en el Perigord, las ya famosas balas para fusiles del calibre 17’5,  que os las presentamos en la fotografía adjunta. Recomendamos a los lectores, si alguna vez viajan a Francia, esa región francesa en sus varias denominaciones turísticas: Perigord Verde, Blanco, Negro y Púrpura. Toda la región se encuentra llena de cuevas prehistóricas y fabulosos castillos.

 

 

José Pérez Alonso con las balas

Una de las mayores satisfacciones que tenemos en este blog es contar con  colaboradores  desinteresados  que nos cuentan sus experiencias y nos presentan sus descubrimientos. Para este viaje en el tiempo  vamos a poner unas líneas de agradecimiento a  José Pérez Alonso  que ha hecho posible este pequeño capítulo de la historia de Arbeteta.

 

 

 

 

 

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Carlos Torres y las andanzas de un universitario. 1770

En este primer post del año os vamos a contar las andanzas y peripecias   de un paisano nuestro, estudiante en la universidad de Alcalá , allá por el siglo XVIII.  Podemos hacer memoria de la gran cantidad de paisanos con estudios universitarios que han nacido en el pueblo, aumentando su número con la primera generación que nació en la emigración. Siempre se han sacrificado los padres para que sus hijos pudiesen estudiar,  algo que ellos por desgracia  no pudieron hacer, que “fuesen alguien”. Pero no vamos a mencionar los contemporáneos, enumeraremos los que estudiaron en la Universidad de Alcalá de Henares, como homenaje a todos ellos; no son todos, pero son los que hemos encontrado.

Fachada de la Universidad de Alcalá de Henares.

Hasta comienzos del siglo XIX la universidad de referencia para los estudiantes de Arbeteta era la de Alcalá de Henares, y allí se dirigían nuestros paisanos con “posibles” y el correspondiente, e imprescindible, certificado de limpieza de sangre. Los primeros estudiantes de que tenemos noticias son Andrés del Amo (1577), Gaspar de Mazuelas (1598), Amador Sánchez (1604), Juan del Amo (1619), José Zapata Carrillo (1658), Juan Martínez de Lope (1667), José Molina Carrillo (1681), Antonio Carrillo (1713), Manuel Carrillo de Toro (1716), Domingo López (1722), Julián Carrillo (1732), Manuel Bayo Arribas (1759), Miguel Acero González (1759), Carlos Torres (1770), Santiago Mazarío (1819) y Tomás Montón (1833). En los años posteriores los estudiantes de Arbeteta, al desaparecer la de Alcalá de Henares, irán a la Universidad Central o al Real Colegio de Medicina y Cirugía de San Carlos, ambos en Madrid.

En esta ocasión comentaremos la desagradable aventura que le ocurrió a uno de estos estudiantes, Carlos Torres, (AHN. UNIVERSIDADES, 325, Exp 3) y seguiremos sus pasos por la actual provincia de Madrid. Antes diremos que los estudiantes de esta universidad eran personas aforadas y amparados por el fuero universitario, tanto profesores como estudiantes, y tenían como privilegio que sus delitos sólo podían ser conocidos y enjuiciados por parte de órganos universitarios competentes. Este sometimiento al fuero universitario, provocaba en la práctica que la pena que se imponía como castigo a la comisión del delito, fuera inferior a la impuesta por el mismo delito a otros sujetos no amparados por dicho fuero. Por tanto, lo relevante es que las sentencias condenatorias a miembros del fuero universitario, destacaban por su benevolencia.

Colegio San Dionisio y Colegio Aragón.

Carlos Torres como todos los estudiantes empezó el curso académico el día 18 de octubre, día de san Lucas, (a Alcalá putas, que llega San Lucas, decía el célebre refrán) en ese año de 1769, cuando comenzaba el nuevo curso, contando 16 años. Era estudiante  en el Colegio de San Dionisio de la Universidad de Alcalá de Henares, donde estudiaba “física tomista” con su catedrático el Dr. Valero y colegial en el de Aragón. En este colegio se hizo amigo de Eugenio Bermejo, natural de Horcajuelo (Madrid), “Diócesis de Toledo”, de 19 años de edad, estudiante de “física escotista” en el mismo colegio. Pero dejemos que nos lo atestigüe el propio Carlos Torres en una declaración que hizo en la cárcel escolástica el 24 de enero de 1770 en Alcalá de Henares, ante el Juez D. Alfonso Lucas Xareño Villaseñor, que le mandó comparecer, con asistencia de su defensor José Parra Verde. Después de recibirle juramento, y a una señal de la cruz en forma de Derecho, prometió decir verdad en lo que supiere y fuere preguntado. El Juez le preguntó lo siguiente:

“Preguntado cómo se llamaba, de donde es natural, qué edad y estado tiene, dijo llamarse Carlos Torres, natural de la Villa de Arbeteta, de la Diócesis de Cuenca (…).

Carlos Torres nació en Arbeteta,  y aunque no tenemos noticias de su nacimiento porque falta ese Libro de Bautismos, sabemos por otros documentos que hemos consultado que en 1770, Carlos tenía 17 años , luego calculamos que nació en el año 1753.  Sabemos que en 1770 su padre se encontraba ocupando la plaza de médico en Jadraque aunque anteriormente ocupó la plaza  de médico de Arbeteta.

Preguntado si sabe la causa de su prisión, dijo la ignora, por no haber dado alguna, y que habiendo pasado en compañía de Eugenio Bermejo a la Villa de Madrid  para practicar varias Diligencias encargadas por el padre de dicho Bermejo. Evacuadas que fueron por considerar haber tiempo en el de vacaciones que entonces era, resolvieron ir al Lugar de Horcajuelo, de donde es natural el dicho Bermejo.  Y en efecto, salieron de la Corte para dicho Lugar (Horcajuelo), y en uno que se halla antes (Prádena del Rincón) se detienen, hospedándose en casa de un vecino conocido de dicho Eugenio (hemos de decir que Horcajuelo dista media legua de Prádena), y en la noche que llegaron a dicho Lugar le acompañó para ir a hablar, según le expresó, a una sobrina del Cura que según ha oído decir se llama D. Domingo. Y también le acompañó otra noche que fue la del 4 de este mes de enero.

Iglesia de Sto Domingo de Silos. Prádena del Rincón. Madrid

Y estando el referido Bermejo hablando por una reja baja con una mujer que se le expresó llamarse Dª Bárbara, y el declarante sentado en una piedra inmediata a dicha reja, llegaron diferentes personas y los prendieron, y llamando a la puerta de la casa salió la dicha Dª Bárbara y dijo a los que llamaron y tenían agarrado al declarante y su compañero, que por Dios los dejasen, y que su tío no lo supiese. E insistiendo las dichas personas en llamar al Cura, salió éste diciendo qué es eso, y respondiéndole haber preso dos hombres, a lo que replicó si estaban bien asegurados, y respondiéndole que sí, dijo que no obstante sacasen unos cordeles que había traído de Buitrago, lo que se ejecutó. Y con ellos ataron al citado Eugenio, lo que no hicieron con el declarante por decir que estaba bien seguro. Y así los condujeron a la cárcel, y puestos en el cepo los registraron, y no hallaron a uno ni a otro arma ofensiva ni defensiva alguna, y sólo si a dicho Eugenio una carta que tenía en dicha cartera y la guardaron, y se mantuvieron aquella noche en el cepo custodiados de varias personas. Y al siguiente día los condujeron a la cárcel pública de la Villa de Buitrago, en donde permanecieron hasta que se les ha conducido a esta cárcel escolástica, y responde. Y en este estado se cesó esta Declaración para proseguirla siempre que convenga…”

Cepo de pies para dos personas

En Prádena dejamos a nuestro paisano Carlos en el cepo. No sabemos si este cepo era de pies o de manos, en cualquiera de los casos nos hacemos una idea de lo caro que pagaron nuestros dos protagonistas el ir de noche a ver a las sobrinas del cura de Prádena ante la reja de su casa. La noche del 4 de enero y las siguientes fueron muy frías en estos pueblos serranos y nos imaginamos la temperatura en el cepo de Prádena y en la cárcel de Buitrago. Se quedaran la noche del día 3 en Prádena en casa de Juan García,  sin ir a Horcajuelo, distante media legua, parece ser que Dª Bárbara tenía una hermana y esa noche del día 4, entre las 8 y las 9, se acercaron a la reja como si de un nuevo balcón de Julieta se tratara “por el conocimiento que tenía el dicho Eugenio con las sobrinas de dicho Cura y para despedirse de ellas”. Los vecinos de Prádena, como gente de orden,  los aprehendieron como personas sospechosas por rondar de noche por sus calles, “se les hacía presos por estar insidiando la casa del Cura para efecto de asaltarle”.

Ayuntamiento de Pradena del Rincón. Madrid

Los Alcaldes pedáneos de Prádena los remiten el día 5 de enero al Corregidor de Buitrago, D. Juan Bautista Porrero, como regente de la Jurisdicción. Éste se informa que los presos son estudiantes de la Universidad de Alcalá de Henares y que están matriculados en ella como “colegiales artistas”, por lo que están sujetos a fuero especial, por los privilegios apostólicos y reales concedidos a la Universidad. Suspende  el formar Autos hasta dar parte  al Rector de dicha Universidad el día 16 de enero para que determine lo que tenga por conveniente. Aun así les forma la Sumaria en la que justifica el motivo de la captura de los dos estudiantes que retiene en la Real Cárcel de Buitrago. El Corregidor considera a Eugenio Bermejo “el causante y origen de la travesura muchachal (…) constándome fue (Carlos) seducido del primero (…) por lo que no contemplo más culpa que su inadvertencia y docilidad”.

Comienza los Autos el Corregidor el 15 de enero con Diligencias de Declaración de Testigos de los vecinos de Prádena. Declaran 5 vecinos: Julián Sanz, de 38 años, José Martínez, de 55, Baltasar González, de 50, Domingo Martínez, de 52, y Manuel González, de 48. Todos ellos dicen lo mismo, por lo que reflejaremos, para no repetir, lo declarado por Baltasar González, ante el escribano que le recibió juramento de decir verdad en lo que supiese y le fuese preguntado, en razón de nuestros dos presos, y dijo:

“Que el día 4 por la noche, yendo en compañía de los señores Alcaldes del expresado Lugar de Prádena y otros vecinos a reconocer si hacia la casa del señor Cura había gente o no; y viendo allí a dos hombres arrimados, deliberaron repartirse unos por un lado y otros por otro, los cogieron sin que pudiesen hacer fuga. Y el uno estaba arrimado a la reja y ventana de la casa y el otro en un canto asentado. Y después llamando dichos señores Alcaldes al señor Cura saliese a la calle, y manifestándoselo dijo si estaban bien asegurados, diciéndole que sí. Sin embargo trajeron un cordel y los ataron y condujeron a la Casa de Concejo, en la que a tiempo de ponerles en el cepo, que es la prisión que en ella hay, reconoció el declarante a uno de ellos, y dijo éste es hijo de Manuel Bermejo, vecino de Horcajuelo, dejándoles en prisión, y al siguiente día el que declara sabe los condujeron a esta Villa (Buitrago) y su cárcel pública donde se hallan.”

El día 17 de enero, D. Felipe Antonio Fernández de Vallejo, Prior de la Real Casa de Santuy, Rector y Juez Apostólico Ordinario del Estudio y Universidad de Alcalá, en vista de la carta del Corregidor de Buitrago y de lo que en ella se expresa, mandó se librase Despacho al Notario Apostólico del Tribunal Escolástico para que pasase a Buitrago y recibiese los dos reos presos en la Real Cárcel.

El día 19 de enero el Notario Apostólico de la Audiencia Escolástica, Marcelo Palomar,  llega ante el Corregidor de Buitrago con su Despacho para conducir los reos. El Corregidor se lo encomienda a su alcaide Juan Martín para que los entregue y acompañe hasta fuera de los muros de la Villa para evitar “que se pasen por sagrado”. El Notario, acompañado de Pedro Segura y Juan Sánchez, soldados del Regimiento del Príncipe de Caballería, salen sobre las 10 de la mañana con los dos presos en dos cabalgaduras mayores (mulas) y llegan el día 21 a Alcalá, ingresando en la cárcel escolástica, quedando a cargo de su alcaide Pedro Peralta. Los gastos, según Manuel Palomar, ascienden a 332 reales en razón de sueldos y manutención de él, su criado y los dos soldados, por los 4 días que emplearon en ir y volver a Buitrago.

El día 25 de enero el abogado defensor de los reos, José Parra Verde, nos dice que por Auto de ese día se levantó la Carcelaria, realizando Manuel Bermejo, padre de Eugenio, Escritura de Fianza Carcelera, con lo que quedaron libres y para “que puedan continuar el curso de filosofía que tienen comenzado, y eviten este daño”. El defensor alega que de todo lo sucedido “resultaba la difamación pública a mis partes, por haberles tratado como reos facinerosos, conducidos atados desde su cárcel a la de Buitrago, con escándalo universal de su tierra, y aun de esta Universidad. Para que se les reintegre en su buen nombre, crédito y opinión”, pidiendo se libre Despacho con nuevas Declaraciones.

Aunque los hemos dejado en libertad bajo fianza y continuando sus estudios, no nos cabe duda que el Juez Apostólico Ordinario del Estudio y Universidad de Alcalá decretó la libertad definitiva y cargaría las costas, como mínimo, a la Justicia y vecinos de Prádena por su exceso de celo en aprehender a personas sospechosas y ponerlas en el cepo, por el mero delito de hablar con una moza a través de la reja de una ventana. Ese año Carlos pudo concluir el curso con aprovechamiento. Lo hemos localizado aprobando dicho curso con dos AA (con una R), el día 26 de junio de 1770 (ARCHIVO HISTÓRICO NACIONAL. UNIVERSIDADES 503, expediente 132).

Pasan 214 años, y el que esto escribe conoce en Prádena del Rincón a la que hoy es su mujer, descendiente de los vecinos aprehensores de nuestro protagonista Carlos Torres. El mundo es un pañuelo.

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Navidad 2017

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Que nunca falte un sueño por el que luchar, 

un proyecto que realizar,

algo que aprender,

un lugar a donde ir y alguien a quien querer

                    

                    ¡ Feliz Navidad  ! 

 

    

       

  


  

 

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