La matanza del cerdo

 

En el post anterior hablamos de la crianza y engorde del cerdo y como os prometimos, en este nuevo post os vamos  a contar “la matanza del cerdo”,  aunque no es la época apropiada, ya que suelen ser  en los meses de más frío . Pero dada las circunstancias tan extraordinarias que hemos tenido, no lo hemos podido publicar  antes .

BRUEGHEL, DICIEMBRE

El pasado de Arbeteta  no puede concebirse sin la crianza y matanza del cerdo. Las matanzas de hace 50 años poco tienen que ver con las de estos últimos años. Al hablar de ella, son muchos los recuerdos de mi infancia que me vienen a la mente. Por ello hablaremos de las de antaño, cuando la matanza era la fiesta familiar por excelencia , donde se reunían abuelos, hijos y nietos para celebrar la muerte del cerdo, incluso el perro y el gato, si los había en la casa. Era un espectáculo no sólo por lo sangriento, sino por la magnífica organización que suponen varios días de trabajo, en los que se movilizaba toda la familia. Tenía un lado festivo de celebración y por supuesto económico.  Pero vayamos al asunto que nos trae.

Los días previos:   Días o meses  antes  se habían traído a casa  unas  gavillas de  aliagas,
que  bien  secas  servirían   para el socarrado del cerdo.   El día  de  antes se cocían  en  el
caldero  las   cebollas     que  previamente se habían almacenado;   el olor de   las cebollas
anunciaba la fiesta próxima. En Arbeteta las morcillas siempre fueron de cebolla, sólo en los últimos años se hicieron de arroz. Estos días previos se reunía la familia y se invitaba a algún vecino. Los mayores, más expertos, elegían el día, preferiblemente tiempo de hielos. Se avisaba al matarife. En Arbeteta había varios. Mi abuelo Mariano López Cortés mató los cerdos de la familia y los de muchos vecinos.  El día anterior el cerdo ayunaba para favorecer el posterior lavado de las tripas. Se preparaban barreños, calderos, pucheros, cuchillos afilados , leña  y agua en abundancia.

2matanza cerdo

La matanza:  En Arbeteta era usual que al amanecer, antes de empezar, los participantes se tomaran unas copas de aguardiente de Morillejo y un bollo, luego iban a la corte a por el protagonista. Para sacarlo de la corte se le solía pinchar con un gancho con forma de “S” del que se tiraba hasta la mesa. El lector se imaginará los chillidos desesperados del cerdo ensartado en el gancho. A la vez se le ponía un lazo corredizo en la mandíbula para poder tirar de él. Conocí a un hombre muy hábil, que él sólo, entraba en la corte, le ponía al cerdo un cubo de comida y aprovechaba para cubrirle los ojos con el cubo, a la vez que con una mano le empujaba para atrás, obligándole a andar de esa manera hasta la mesa del sacrificio, para asombro de los presentes.
Era importante saber sujetar al cerdo sobre la mesa para que no se moviera y permitiese al matarife intervenir. Éste sujetaba el gancho con su muslo y los hombres de las patas, el cerdo seguía chillando. El matarife le clavaba el cuchillo en la arteria carótida y  manaba
un chorro de sangre. Una mujer veterana en estos asuntos, con un barreño y arremangada, iba removiendo con la mano sin parar, la sangre que caía en el barreño.
Esta operación se hacía para que no se cuajase y sirviese para la elaboración de la morcilla, “gran señora digna de veneración”, como diría el clásico. Era importante un buen drenaje de la sangre del animal, mientras su vida y chillidos se apagaban poco a poco.

1matanza

Limpieza:    A   continuación se   procede  al  socarrado con  las aliagas o   paja de  cereal, quemando la superficie exterior, para eliminar el pelo de la piel. Sin detenerse llegan  los
pucheros con agua hirviendo que lavan la piel, a la vez que los asistentes van raspando la piel con piedra arenisca, trozos de teja o   cuchillos poco   afilados.    Era importante  la limpieza de las orejas, el agua hirviendo y el rascado las dejaban impolutas. Las  pezuñas
se metían en uno de los pucheros con agua hirviendo con lo que salían mejor los cascos.
Seguidamente se abre el cerdo para retirarle cuidadosamente las vísceras. El estómago  y
los   intestinos se  echan en  barreños. Ahora  intervienen  las  mujeres  de  la  casa en   la
operación más dura de la matanza. Bajaban al río con los menudos a lavar las tripas en el agua gélida.  Ellas eran mujeres duras, muy duras,  que no se quejaban del olor   de  las
tripas, lo  peor para ellas  era  la  temperatura,  el intenso frío y la humedad.  Se  requería
habilidad  para   que   las tripas muy    limpias, pudieran  servir  para la  elaboración  de  los chorizos y morcillas. Sirvan estas líneas como homenaje hacia ellas.

Das geschlachtete Schwein

El cerdo se colgaba en una viga y se dejaba esa noche para que   se oreara y secara,   bien
guardado de perros y gatos. Lo primero y más urgente era enviar una muestra de distintas partes al veterinario de Arbeteta cuando lo hubo, o de Peralveche después, para
asegurarse que no tenía triquina. El veredicto lo solía dar al mediodía.
Desde tiempos inmemoriales a los niños se les dio la vejiga del cerdo, que atada hacía las
veces de balón, con la que jugaban. Otra cosa de la que disfrutaban los niños era el  rabo.
Hoy los cerdos se crían sin rabo, se lo cortan  cuando son  pequeños.  Antes  era  largo   y 
ensortijado, era el trofeo de los niños que se lo asaban ellos mismos y se lo comían.

Después de colgado, en Arbeteta llegaba la hora del almuerzo. En este punto las  mujeres
compaginaban el trabajo propio de la matanza con la cocina, ya que había que preparar la comida. Ésta consistía en unas gachas de almortas; de segundo, unos trozos de panceta
e hígado del cerdo, fritos con ajos en la sartén.

La tarde se dedicaba íntegramente a embutir las morcillas. Una vez embutidas se cocían
en el caldero, operación delicada, porque había que cuidar el fuego para que no llegase a
ebullición, ya  que se  romperían.    Durante la media  hora que  dura la cocción,   manos
expertas las mueven y van pinchando,  todo  un  arte.  Después se sacan del caldero y   se
cuelgan para que se vayan secando. El caldo  de su cocimiento también se    aprovechaba
para hacer sopas.
Al día siguiente el cerdo se descuelga y se descuartiza con cuchillo y hacha. Se  le  quitan
las mantecas, que se dejarán enranciar y servirán para hacer mantecados y añadir  a los
cocidos, a los que daban sabor cuando escaseaba la carne y el tocino.  Sobre  el  espinazo
se cortan las costillas por los lados, quitando  el espinazo. A  continuación se  quitan    los
lomos con un paño.  Se separan paletillas y jamones para curar y se prepara la carne para picar.

La denominada en Arbeteta “la tajá del marido no veas” (chuleta de aguja), también se picaba para chorizos. Toda la carne destinada para picar se picaba ese día. Los tocinos se echaban en sal y los lomos en adobo. El picadillo del chorizo mezclado con ajo, sal y pimentón se solía dejar otro día antes de embutirlo.  El tercer día se dedicaba enteramente al embutido de los chorizos.n la cocina ya se iban colgando las morcillas y chorizos para que se secaran. Todo  lo demás se echaba en adobo (costillas, careta, manos) o sal (huesos, espinazo). 

ARTESONADO DE LA COCINA

Unas semanas después de la matanza llegaba otro día festivo en las casas: era el día que
se freía para la olla.  Las costillas adobadas y  secas se  freían y se echaban  en  una  olla
con el aceite de su fritura. Lo mismo   se hacía con los chorizos y con el lomo, que había
sido previamente cortado en rodajas.  Ese día se comía bien en casa,  porque  se   comía
esa fritura, que era   guardada en la olla para el verano,  cuando  llegaban  los   trabajos
fuertes de la siega, la trilla, etc.  El sacrificio del cerdo se  había convertido en  un ritual desangre, muerte y vida.

“El presente” en Arbeteta: al día siguiente de la matanza   se hacían unos lotes con    una
morcilla,  un  trozo de hígado,  un  chorizo, un  trozo de careta y algún otro detalle,  y    se
llevaban como obsequio a familiares y allegados. A eso se llamaba “el presente”. Era  una
forma  de  intercambiar productos  del  cerdo  que no  se podían conservar. Y   cuando  el
obsequiado mataba su cerdo, devolvía un presente parecido. De esta manera  los  vecinos
de Arbeteta pasaban buena parte del invierno comiendo matanza, que de otra manera no se podría.  Lógicamente,  el vecino  hacía su  “presente”  esperando   correspondencia,
porque si no, como dice el refrán: “manos que no dais ¿qué esperáis?”.

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El cerdo: crianza y engorde

Empezamos este año 2020 con un post en el que os vamos a contar  con todo lujo de detalle la crianza, el engorde y la matanza del cerdo.  El cerdo es un animal que ha estado muy unido  a nuestros antepasados. Por lo extenso del tema lo vamos vamos a dividir en dos post.

El cerdo ha sido, hasta fechas muy recientes, un animal esencial en la economía doméstica de los vecinos de Arbeteta. Se fue convirtiendo del animal impuro de la antigüedad a ser el mejor amigo del hombre. La fecundidad de la especie hizo siempre fácil su multiplicación, no había vecino que no pudiera criar un cerdo cada año, procurándose de este modo un alimento suculento, nutritivo y poco costoso, ya que sin tocino, manteca ni carne, estarían condenados a comer gachas y pan seco.

Comienzan los fríos de finales de otoño y con ellos una de las actividades más importantes del invierno en el pueblo: la matanza. Decimos importante porque era el principal aporte de proteínas y calorías a la despensa de la casa. “A todo cerdo le llega su san Martín” (11 de noviembre). Era la fecha en que comenzaban las matanzas, siempre en función del tiempo, que requería frío, hielo, escarcha y poca humedad.

Pero vayamos al principio, a la adquisición del cerdo para su engorde. La compra tenía lugar en los meses de septiembre y octubre, por tanto, a la hora del sacrificio el cerdo tenía  14 meses .  En estos meses  llegaban al pueblo los gorrineros con su camión repleto de pequeños cerdos “morellanos”; los cerdos de Morella eran muy apreciados, era una raza actualmente extinguida, familia del conocido cerdo ibérico.

Antes de la guerra , los gorrineros y sus piaras se alojaban en la posada y las cuadras  de la tía Consolación. Después de la guerra los vecinos solían acudir para su adquisición a Cifuentes,  a  la feria ganadera del 23 de octubre. El vecino que disponía de más recursos podía comprar hasta dos cerdos, aunque lo habitual era comprar uno, en cualquier caso, era preciso tener corte donde alojarlos y alimento con que engordarlos.  La corte era un habitáculo pequeño y bajo , donde el cerdo vivía  tranquilamente los siguientes meses, esperando su  comida  y  limpieza diaria,  esto último lo hacían los chicos de la casa y se llamaba “sacar la corte”,  se le echaba paja limpia para que pudiera tumbarse. La  única función que tenían era comer y dormir de ahí la expresión tienes “la vida del cerdo”.

Hemos de decir que, al igual que otras pesadas cargas, el cuidado del cerdo corría a cargo de la mujer: Algunas de nuestras vecinas tenían hembras reproductoras ( yo he visto la que tenía la tía Isidora Costero , con sus lechones blancos y negros).  Las últimas cerdas las tuvieron “la tía Julia ( Julia Alonso) , Cipriana Costero, que tenía 3 o 4 cerdas, la tía Ignacia , la Eusebia y su marido Juan Aguado “el Juanillo”  ; el verraco lo tenía Feliciana Alonso. Se calculaba cuando convenía que pariese la cerda para llevarla al verraco. A los chicos les hubiese gustado supervisar esta operación , pero las mujeres se encargaban de echarlos.  La cerda cuando queda preñada se la separa del verraco y se pone en una corte sola, limpia y bien alimentada. Después de 16-18 semanas pare, por lo que puede tener dos partos en un año. Recién parida convenía alimentarla bien para que no se comiese sus propias crías. A los 15 días a los lechones  ya se les permitía salir de la corte a pasearse por el corral. Para el destete se les daba harina desleída en agua, con un mes  se les empezaba a dar comida normal apartados de otros cerdos.

Los vecinos de Arbeteta cuidaban muy bien a sus cerdos, sembraban algunos alimentos exclusivamente para ellos. Les sembraban calabazas, en los barbechos, recordamos que las calabazas ya se ponían con velas dentro antes de que apareciera  halloween. Con la carne de calabaza y restos de miel se elaboraban los “cachos” ( niño, no comas más, que luego te duele la tripa- nos decían). También  sembraban remolachas; de las patatas sembradas se usaban las pequeñas, llamadas “gorrineras”. Al cerdo también se le echaban las mondas de las patatas y toda fruta o verdura que sobrara.

Diariamente el ama de casa ponía un caldero en el fuego de la cocina para cocer el alimento del cerdo, después de cocido lo vertía en la gamella, le añadía una porción de salvado y lo machacaba todo con un mazo, mezclándolo bien. A los niños nos gustaba el olor del guiso, especialmente si nos daban una pequeña patata. Cuando la comida estaba lista, se soltaba al cerdo, que acudía con ansiedad. A los muchachos también nos mandaban en primavera a coger gamones tiernos, que también terminaban en el caldero. El modo de engordar el cerdo es uno de los puntos más importantes del régimen económico del animal, pues de él dependerá  el beneficio que sacará el vecino.

En  Arbeteta la “porcá”, o dula de cerdos,  nos consta que la hubo hace muchos años.  El sistema era el mismo que la dula de las cabras. Se soltaban diariamente los cerdos y algunas vecinas por turnos los bajaban al río, donde pasaban el día comiendo ortigas y lombrices y dándose baños de barro antes de volver a su corte.

Con el fin de que engordara el cerdo y la carne cogiera buen sabor era preciso caparlo, y así el tocino “cogía gusto”.   A los pocos días de su compra sonaba por las calles de Arbeteta un chiflo similar al del afilador, pero con otra melodía: era el capador. “El que más chifle, capador”, decía el refrán. La pequeña operación duraba unos segundos. El capador sujetaba al cerdo y con su cuchilla especial, ¡zas! Se desinfectaba en un principio con agua y sal , a  las hembras también se las capaba. En los años 40 el capador cobraba en Arbeteta 1 peseta por cada macho y 1’5 por cada hembra, porque era más dificultoso. Los capadores que iban a Arbeteta antes de la guerra y en la posguerra venían de Salmerón. Primero vino Mariano, y luego Domingo. Cada uno venía por su cuenta, y ambos llegaban montados en un caballo.

Cuando los niños del pueblo oían el chiflo del capador les entraba el miedo, procuraban esconderse y no aparecían hasta que se iba. Para los chicos era un personaje tenebroso, porque los mayores les bromeaban con que les iban a hacer lo mismo que a los cerdos. Los capadores de Salmerón también hacían su labor con mulos y caballos. Para carneros o machos cabríos, en Arbeteta se encargaba con habilidad el tío Paulino (Paulino Costero), que de joven estuvo de pastor con el ganado de su padre, Venancio Costero, alcalde de Arbeteta en 1931, aparece su nombre en el  puente de la fuente de los Caños. Antes lo hacía Félix Mañas, el veterinario que vivía en Arbeteta, y al que ya hemos visto en otro capítulo de este blog.

Cada casa ha criado, hasta los años 50-60 del siglo pasado, los cerdos de manera artesanal. Sólo a partir del decenio siguiente, con el despoblamiento y el abandono de las tierras por los cambios de cultivo, se pasó por los últimos amantes de la matanza, a la adquisición del cerdo criado en granjas industriales. Y ya, ni eso. Dejamos al cerdo engordando en su corte al cuidado del ama de casa. El cerdo ya ha engordado lo suficiente y se acerca el día de la matanza, pero eso ya es para  otra historia.

 

 

 

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Navidad 2019

El  espíritu de dar, expresar amor y gratitud y una celebración de la vida ayudan a hacer de la Navidad una época del año única. Que esta maravillosa época del año toque tu corazón de una manera especial.

Os deseamos mucha felicidad no solo en este momento, sino durante todo el año nuevo.

                             ¡Feliz Navidad!

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Plantas venenosas en Arbeteta

En este nuevo post no os vamos a contar ninguna historia, ni tampoco vamos a poner la transcripción de ningún documento original, solo vamos a salir al campo a pasear y vamos a descubrir que como dice el refrán “no todo el monte es orégano“, que en los alrededores del pueblo hay de todo, como en botica. Unas plantas son conocidas por todos, y han sido muy utilizadas; otras, son desconocidas por la mayoría de los lectores.

La evolución ha permitido que algunos animales, en especial los herbívoros, sean capaces de diferenciar las plantas que son adecuadas para ingerir y depurar su organismo, de las dañinas y mortales. En primer lugar hemos de deciros que no hagáis ningún tipo de uso de ellas, por más que en la red os expliquen sus utilidades. ¡Olvidadlo!, no hagáis caso. En la antigüedad estas plantas se usaron por personas expertas, con múltiples fines que hoy no están comprobados, salvo su uso en la industria farmacéutica.
En esta ocasión presentaremos tres plantas venenosas muy comunes en Arbeteta.

BELEÑO NEGRO

Beleño con los zapateros (pyrrhocoris apterus) a la entrada del pueblo.

La primera planta se denomina en Arbeteta y en toda la Sierra de Cuenca beniña, o beleño negro (hyoscyamus niger). El beleño negro destaca por segregar unos principios activos de elevada toxicidad que le protegen de los herbívoros. Ha sido relacionado con la magia y la brujería desde tiempos ancestrales, lo que provocó su persecución al considerar a esta planta aliada del mismísimo demonio. Tanto esta especie como la cicuta, que veremos más adelante, fueron protagonistas de conjuros y preparados misteriosos durante la edad media. “Al que come beleño no le faltará el sueño”, dice el refrán refiriéndose al poder de adormecimiento de la planta. Desde tiempos muy remotos se conocen sus propiedades para mitigar el dolor y se empleaba para aliviar los sufrimientos de los sentenciados a tortura y muerte, ya que tiene la ventaja de que no sólo alivia el dolor, sino que induce a un estado de completa inconsciencia. La planta crece en muros, junto a viviendas humanas, en corrales, escombreras, estercoleros, al borde de los caminos y en zanjas. En Arbeteta la encontramos por el Picazo y en el cementerio.

Plantas de beleño al lado de la tapia del viejo cementerio

Una seña de identidad inconfundible del Beleño negro es el color morado oscuro que tiñe el interior de las flores y las nervaduras de los pétalos.

Beleño negro

Semillas de beleño

Los niños de Arbeteta que las probaron decían que las semillas eran dulces. Tenemos una historia que nos ha contado Eulalia Herraiz Blasco, “La Eulalia” que le paso a ella, a su hermana Manolita y a sus primas “Las Chulas”. Estaban las 4 niñas jugando por el Picazo, cuando Eulalia vio como su hermana Manolita , que debía tener 4 años , estaba comiendo esta planta porque se le habían dado a probar sus primas, como cosa de chicas. “La Eulalia” que era más mayor, sabía que esta planta era peligrosa y no se podía comer, porque cuando la comían las cabras se volvían locas y se morían, por eso los vecinos las arrancaban. Ella fue corriendo hacia “La Manolita” que con su lengua de trapo le decía ” esta muy ricaaaaa y sabe duce ” . Se la llevaron corriendo al Recuenco, porque era donde había médico y además tenían familia para quedarse . Como ya se las había comido y digerido, el médico no pudo hacer nada para que las vomitase, así que solo se podía esperar y rezar. La niña iba perdiendo poco a poco la vista, se pusieron en lo peor . Pero afortunadamente pudo salvar la vida y solo se ha quedado en una anécdota para que podamos contarla en este blog.

Ahí están las hormigas buscando un sedante para hacer frente a la dureza de la vida.

CICUTA

Flores de cicuta

Plantas de cicuta

Plantas de cicuta

La cicuta (conium maculatum). Conium: nombre genérico que proviene del griego κώνειον (kṓneion), significa «cono» y hace referencia a la forma cónica de sus frutos, o también probablemente derivado de κωνάω conáo, alrededor, rotar, con referencia al vértigo debido a la ingestión de la cicuta. Maculatus-a-um, maculado, adjetivo latino que significa manchado, por las manchas del tronco. Es una planta perteneciente a la familia de las umbelíferas y aparece frecuentemente en setos, caminos, muros y corrales. En Arbeteta la hemos visto en la calle del Pósito, frente a las cocheras, por el Picazo y en los alrededores de la Fuente de los Caños.

Hojas de cicuta

Dado el parecido que tiene la raíz de esta planta con los nabos y las hojas con el perejil, se han producido muchos accidentes. Los casos más graves han mostrado la virulencia del veneno por parte de las víctimas que mostraban las lenguas cortadas o los dientes rotos. Un solo bocado de la misma puede resultar mortal para un adulto.

Tallo de cicuta

La cicuta es una planta que ha pasado a la historia como una bebida que dio muerte al filósofo Sócrates, quien fue condenado a la pena capital y la tomó como una infusión. Toda la planta es tóxica y puede conducir a la muerte debido a la presencia de cinco alcaloides diferentes: el coniína, la conidrina, la pseudoconidrina, la metilconicina y coniceina.

Posee un tallo hueco y estriado, manchado de color purpúreo en la base, como lo vemos en la fotografía. El ganado en el pastoreo ignora la planta y no la come. Las aves, por otro lado, son generalmente inmunes a ellas. El veneno también actúa indirectamente, es decir, conduce al envenenamiento incluso después de la ingestión de un animal que lo había comido previamente.

GORDOLOBO

El gordolobo (verbascum thapsiforme). verbascum: nombre genérico que deriva del vocablo latino barbascum (barba), refiriéndose a la vellosidad que cubre la planta. thapsus: epíteto geográfico que alude a su localización en Tapso (Sicilia, Italia). [El gordolobo o verbasco que con su gran porte, entre medio y dos metros, empieza a florecer bien entrada la primavera prolongando su floración hasta agosto. Por su abundancia lo encontraréis en todo el pueblo.

Gordolobo en flor

Característico por las grandes hojas de la parte baja, por el llamativo vástago donde saldrán los racimos de flores amarillas y por el aterciopelado de su tacto. Es una planta para tu higiene íntima en caso de emergencia.

Hojas de gordolobo

Pero la facultad que más llama la atención es el uso que le han dado los pescadores furtivos que trituran sus hojas o frutos echándolas en pozas de los ríos para atontar a los peces que se dejan capturar a mano. De ahí el nombre de matapeces. La Ley de 20 de febrero de 1942 de Pesca Fluvial, en su artículo 26, tercero, prohíbe tajantemente su uso con este fin: “Tercero. El empleo de toda sustancia venenosa para los peces y desoxigenadora de las aguas (torvisco, gordolobo, cicuta, beleño, coca, cloruro de cal, cal viva, carburo de calcio, etc.)”.

Hojas de gordolobo

Este es un artículo con una parte de contenido escatológico. Absténganse de leerlo los aprensivos y aquellos que nunca se han tenido que limpiarse el ano. Pongámonos en contexto. Te encuentras en el monte; “¡Quién de ustedes no ha sufrido /ese momento fatal/alguna vez en su vida/del apretón corporal? /Estás solo, desvalido/ llorando a todo llorar/y apretando vas las nalgas/que te impiden el andar”, como diría el entrañable Tip. Te has quedado sin papel. Lo primero que tenemos que hacer es otear en nuestros alrededores las plantas de las que disponemos. Si encuentras el gordolobo estás salvado. El gordolobo es quizá una de las mejores plantas que vamos a encontrar, la más deseada, ya que su amplia y ancha hoja muy suave al tacto, puro terciopelo, nos proporcionará una limpieza del orificio anal que más quisiera un papel de doble capa. La gente del campo le ha dado siempre esta utilidad a la planta. Además, estas plantas suelen tener propiedades medicinales, y el gordolobo en concreto era bueno para las hemorroides, por lo que el paisano que padecía esta enfermedad, conseguía dos objetivos beneficiosos a la vez con la utilización del gordolobo.

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Abastos de carne

Ahora que esta tan de moda la alimentación,  en este post otoñal os vamos a contar como era el  abastecimiento de la carne para la alimentación de nuestros antepasados y quien se encargaba de su distribución y venta. Hemos conseguido un protocolo que se otorga el 28 de septiembre de 1789, en el que se expresa que Manuel López Costero pretende hacerse cargo del puesto de abasto de carnes de Arbeteta,  pero finalmente se lo quedó  Luis López,  que pujaba en nombre de los dos alcaldes, Tiburcio Mazarío y Antonio Alonso,  un chanchullo en toda regla.

El abasto de carne para la alimentación de los vecinos era una de las principales competencias y preocupaciones del Ayuntamiento de Arbeteta. Para asegurar  unos  consumos básicos como el pan, la carne, el vino, el pescado, el aguardiente, el aceite, el tocino, las velas, etc., el Concejo de Arbeteta monopolizaba su abastecimiento y venta, para conseguir unos precios más razonables, especialmente para beneficio de los más desfavorecidos. Estos productos se vendían en el puesto público, un local municipal de 25 metros cuadrados propiedad del Concejo, que se situaba en la calle Real. Desconocemos su ubicación exacta, aunque en el Amillaramiento de 1863  nos dice que el “puesto público” estaba en la calle Real ,lindando a saliente con Santiago Costero, mediodía Mariano Herráiz, poniente calle Real, y norte Manuel Rojo. Así que  nos atrevemos a decir que estaba en el nº 25 de la calle Real. Su actual propietaria es  Lorenza del Amo   “La Lorenza “.

Todos los años salía el puesto a subasta, y se lo llevaba  el vecino que  pujaba más, que se llevaba un porcentaje sobre lo vendido. La reina de las carnes era el carnero, “de la mar el mero, y de la tierra el carnero”, decía el refrán. Nuestros antepasados no comían corderitos recién nacidos o lechales insípidos, como se cocinan actualmente; apreciaban la carne del animal adulto, carneros, machos (cabríos) y sus respectivas madres. Hemos de hacer constar que nuestros antepasados apreciaban en gran manera la casquería y lo podemos ver en el elevado precio de las cabezas, livianos (hígado, bazo, bofes y corazón) y menudos. Otro producto muy apreciado era el sebo,  que se vende a precio de carnero, ya que se utilizaba para uso culinario, para hacer jabón y para hacer velas.  El cerdo no se vende en la carnicería porque los vecinos crían los suyos. A este animal y a su sacrificio le vamos a dedicar mas adelante  un  post.

La función básica del carnicero, si no era ganadero, era la compra del ganado,  su sacrificio, despiece y venta. El Concejo solía tener una zona de pastos reservados para las reses destinadas a la carnicería de la Villa. No se podían esquilar las reses 15 días antes del sacrificio. Se mataba dos días en semana: el domingo por la tarde para despachar el lunes, y el miércoles, y nadie más pueda vender carne en la Villa.

En ocasiones el sacrificio de las reses lo hacían   los vecinos por riguroso turno. El que mata se queda con el menudo, las patas y la sangre. Cuando estaba a punto de vencer el arrendamiento de la carnicería, se iban presentando otras pujas por el puesto de carne por vecinos interesados, que eran presentadas al Concejo.

En ocasiones se añadían otras condiciones: “Que no venda ninguna carne mala ni podrida, ni enferma, ni que sea muerta”, “Que a los carneros no se les quite el sebo”.

En este tipo de remates o pujas , cuando había más de un postor, se empleaba un curioso sistema de puja: “una candela de sebo encendida hasta el último pábilo de ella caído, era la señal para adjudicar la venta al mejor postor”.

Abajo presentamos la historia  de nuestro paisano Manuel López Costero , labrador que vivía con cierto desahogo y ganadero dispuesto a quedarse con el puesto  de la carniceria de Arbeteta , emparentado por amistad con el hidalgo de Arbeteta , Baltasar Carrillo,   para el lector que lo desconozca tenemos su  sepultura en el presbiterio de nuestra iglesia. 

Pinchar para leer la historia completa

 

 

 

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La Hermandad San Antonio

Imagen de San Antonio de Padua. Iglesia de San Nicolás de Bari. Arbeteta

Todos los años esperamos con anhelo que llegue el mes de junio para celebrar la fiesta de San Antonio. En este post os vamos a contar  cuándo se constituyó esta Hermandad  y cómo ha ido evolucionando hasta llegar a la celebración actual.

Al parecer nos viene de antiguo la devoción al santo. Hemos encontrado en las crónicas de Fray de Gregorio de Sacedón, un milagro realizado por San Antonio en Arbeteta. Está fechado el 29 de julio de 1758. La Hermandad de San Antonio  se constituyó el 14 de junio de 1942, solo habían pasado tres años de la terminación de la Guerra Civil,  y a pesar de estar en plena posguerra y  haber pasado muchas penalidades, nuestros abuelos decidieron que era el momento de celebraciones y de poner por escrito todos los estatutos de la Hermandad. No tenemos documentos que acrediten si antes de la Guerra Civil también se celebraba. Lo que sí tenemos constancia es de su devoción.

Estatutos de la Hermandad de San Antonio. 1942

Como veréis es un documento sencillo escrito a máquina en el que aparecen los nombres de los 20 miembros  que fundaron esta Hermandad,  se detalla los compromisos que tienen los hermanos.

  • Para entrar en la Hermandad  y a fin de engrosar los fondos de la misma se hacía un pago de 1 peseta , pero el que quisiera retirarse sin causa justificada pagaría 5 pesetas. 
  • Todo el que solicite la entrada a esta Hermandad lo haría a los mayordomos que hubieran de ser al año siguiente, los cuales se les confería atribuciones para decidir si el peticionario era merecedor de ser componente de la citada Hermandad. 
  • Los hermanos se comprometían a asistir a todos los entierros de los hermanos que fallecieran,  bajo la multa de 10 pesetas, salvo causa de fuerza mayor. También tenían la obligación de asistir a las funciones religiosas de los días de San Antonio, la octava, el día del Señor  y del Santo Cristo, bajo multa de 2 pesetas. 

Gastos de la Hermandad de San Antonio . 1942

  • Si la Hermandad se deshiciera por algún motivo, el mayordomo que tuviera en su poder los  fondos los entregaría para funciones religiosas  o en otro caso al Sr. Alcalde, siempre bajo el oportuno recibo, pues de no ser así sería responsable de la cantidad que se hizo cargo.
  • Todas las obligaciones de los mayordomos serían completamente gratuitas y unos quince días antes de la fiesta avisarían a todos los hermanos para decidir su organización.

Fabriciano López Blasco nos cuenta con todo detalle cómo los días antes de la fiesta los mayordomos  contrataban a los músicos  y se encargaban y traían los tostones de Escamilla, que tenían fama de ser los mejores. La víspera llegaban los músicos y por la tarde se daba una vuelta al pueblo con ellos, sin pedir, manifestando que empezaba la fiesta. Después de cenar se echaba una lumbre en la plaza  y con los músicos se hacía baile en ella. Algún año que hacía frío se agradecía la lumbre. La fiesta suponía alegría, ilusión y cambio de la rutina cotidiana para todos. Por la mañana se daba una vuelta al pueblo con los músicos por donde iba la ronda, se pedía por las casas y los vecinos daban algo, solían ser roscos, tortas, huevos o trigo. Dinero no se solía dar.

Después de la ronda, la misa y la procesión con el santo y estandarte por el recorrido habitual, y al término de ésta, la subasta de las andas en la plaza. El subastador de los años 40 y 50 fue el tío Cabrera, Máximo García, que era el alguacil. En los últimos tiempos hacía esta función Eladio Costero, al que todos recordamos. Por la tarde se hacía la subasta. Se sacaban bancos de la iglesia. Hubo algún año de lluvia que hubo que hacerlo en el Pósito. Se subastaba debajo de la galería del Perchos lo que se había sacado en la ronda. Mientras la Hermandad se encargaba de que no parara la bota de vino entre los asistentes, que previamente se había comprado al tío Pepe de Sacedón. Se repartía a todos asistentes una jícara de tostones que iban sacando de una espuerta de esparto en la que los traían.

Los músicos continuaban con su labor de ambientar la fiesta: unos años venían dos cuñados de Azañón, ambos de nombre Julián y que tocaban el clarinete y el tambor. Otros años venían los de Carrascosa comandados por El Chaparro, que tocaba el acompañamiento con tambor o guitarra, y el otro miembro tocaba laúd y clarinete. En los últimos años venían tres músicos de Alcohujate que tocaban batería, acordeón y violín. Algún año la fiesta se alargaba 2 ó 3 días, y   se les pagaba más a los músicos. Además  se simulaba una corrida de toros en la que disfrutaban los niños.

En los años 80 estuvo a punto de deshacerse la Hermandad, solo quedaban cuatro  hermanos, pero gracias a la iniciativa de hijos del pueblo que vivían en Guadalajara, Madrid, San Sebastian y Logroño se aumentó a 23 hermanos llenos de ilusión por mantener la tradición. En los años 90 se incorporaron mujeres dentro de la Hermandad, algo novedoso dentro de esta institución, y paulatinamente se han ido sumando la gente  joven, dando así un nuevo empuje.

En la actualidad seguimos con la misma tradición de nuestro abuelos. Los mayordomos de ese año van acompañados de una rondalla y van parándose por las casas, los vecinos les sacan rosquillas, dulces, café… y se han incorporado recientemente aperitivos y  cervezas. La cuota en la actualidad es de 20€ para los herman@s  y además la gente del pueblo realiza donativos, que permite mantener las fiestas y hacer donaciones a la iglesia.

Procesión de San Antonio. 2019

Después de la misa se saca  en procesión al santo por todo el pueblo y cuando termina se sigue haciendo como antiguamente, la subasta de los estandartes y de las andas del Santo.  La persona que   lleva más de una década  encargándose es Fernando Montón, aunque este año nos ha amenazado que era el último, esperemos que cambie de opinión.

Subasta de las andas y palos de San Antonio. 2019

En la plaza ya el día anterior han colocado mostradores con grifos con cerveza y refrescos, una aportación que han hecho la familia de Pablo Costero, “Los Pablillos”.  Este  impulso catapultó  la fiesta a lo que es hoy en día.

Es un día muy especial para toda la gente de Arbeteta,   una  fiesta que esperamos de un año a otro. Hay una comida popular  unos años con aperitivos, otros con paella, dependiendo de la gestión de “Los Mayordomos”,  herman@s responsables de la organización de  la fiesta, se hace por parejas y  cada año van cambiando, ya que supone bastante trabajo  y dedicación.

Por la tarde se sacan los bancos de la iglesia para hacer la almoneda. Se subastan huevos, vino, tortas, etc y se reparten como siempre los famosos tostones. Esos que no falten.  Todo el mundo está alegre y feliz, se dejan a un lado los problemas y las diferencias, todo el mundo confraterniza. La gente baila, canta, no hay  preocupaciones…. Somos felices y así a esperar al siguiente año.

  ¡VIVA SAN ANTONIO!

 

 

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Arbeteta en el Ducado de Medinaceli

En este nuevo post de primavera vamos a meternos en una época convulsa de la historia de España y por extensión de Arbeteta. Una historia  de matrimonios de conveniencia , con  adulterios, traiciones  y trueques de villas.  ¿Pero que relación puede tener la villa de Arbeteta con Huelva?.

En  esta  apasionante  historia vamos   a  contaros  como el principe Alfonso   de Castilla ofrece a Luis  de  la  Cerda,  duque de Medinaceli : “Arbeteta y sus aldeas” en ” troque e cambio” de la villa de Huelva y  como el alcaide del castillo, Alfonso Bordello entregó el castillo de forma traicionera a Álvaro Carrillo el 3 de octubre de 1469.   Pero empecemos por el principio.

Agrupación de pueblos del Común de Cuenca.

Ya os hemos contando en numerosas ocasiones que Arbeteta en la Edad Media y Moderna pertenecía al Común de Cuenca, pero hubo un paréntesis de 32 años en el siglo XV en qué perteneció al Ducado de Medinaceli .

En el siglo XV  los Medinaceli dominan al norte del Tajo.  Arbeteta y su castillo desde la reconquista desempeñaron una importante función defensiva del Común de Cuenca, dado su su alto valor estratégico, al ser lugar fronterizo del Común. A los pies del castillo pasaba uno de los caminos que unían Cuenca con Soria, por el que se transportaba gran cantidad de lana de la cabaña ganadera de la Sierra de Cuenca que se llevaba a Bilbao y a los puertos del Cantábrico, para embarcarla con destino a Flandes e Inglaterra”. Tema interesante que lo trataremos más adelante.

Llegamos a 1434, y nos vamos  lejos, muy lejos  de Arbeteta. En ese año Enrique de Guzmán, conde de Medinasidonia casa a su hijo Juan de Guzmán (será duque desde 1445) con María de la Cerda, hija de Luis de la Cerda, Conde de Medinaceli. 

Un matrimonio   de conveniencia que  no funciono desde el principio, no hubo herederos pero si muchos amantes por ambas partes, desembocando al final en  separación . En 1448 María huyó a Huelva con Fernando Despensero, criado de la casa del Duque y fue demandada por adulterio. Tras la separación de los cónyuges, María se considera dueña de Huelva, como parte de su dote. Al saber su culpabilidad probada no compareció, quedándose  Juan de Guzmán la villa de Huelva.  María durante la minoría de edad de su sobrino , el ya V conde de Medinaceli , es nombrada administradora y gobernadora de los estados de Medinaceli.

Capitulaciones matrimoniales de Juan de Guzman (Duque de Medina Sidonia) con María de la Cerda (hija del Conde de Medinaceli). 

Pichar para leer con más detalle :

Luis de la Cerda  y de la Vega, V conde de Medinaceli  era consejero de Enrique IV, pero después de la segunda batalla de Olmedo, cambió de bando. Aprovechando el cambio y la muerte de María de la Cerda, su tía, reclamó la devolución de Huelva al Príncipe Alfonso. El Príncipe se vio en un serio aprieto, pues no era oportuno oponerse al de Medinaceli, ni ofender al de Medinasidonia. Se buscó una solución y se encontró la de ofrecer la de Arbeteta e sus aldeas” en “troque e cambio” de la villa de Huelva.

El 8 de noviembre de 1467 en Cogolludo, Luis de la Cerda realiza una aclaración sobre el trueque efectuado con el Príncipe Alfonso de la villa de Huelva “Estaba despojado por fuerça e contra su voluntad de la posesyon de las villas de Puerto de Santa María e de Huelva, las quales las tenía ocupadas e tomadas don Iohan de Guzman, duque de Medyna Sidonia, contra toda razón e justicia”. 

El 10 de noviembre de 1467 desde Segovia, el Príncipe Alfonso concede, mediante Real Provisión, a Luis de la Cerda 700 vasallos en tierra de Cuenca a cambio de su renuncia sobre Huelva . Esta carta de merced será el motivo de la segregación del realengo y de la ocupación de Arbeteta durante 32 años (1469-1501) por la casa de Medinaceli. Este es uno de los principales documentos de la historia de Arbeteta, por lo que se reproduce íntegramente. El lector lo valorará, aquí lo adjuntamos.

El 5 de julio de 1468 muere el príncipe Alfonso en Cardeñosa, después de haber comido una trucha (se dice que envenenada), y sus partidarios irán tomando partido por su hermano Enrique IV, y por su hermana Isabel, llegando a la concordia de los Toros de Guisando, el 19 de septiembre de 1468.   A la segregación se opuso el Común de Cuenca, con el que no se había contado, pero Luis de la Cerda envía a su capitán Álvaro Carrillo con tropa que entró en Arbeteta y su fortaleza “por fuerza de armas”. Lo primero que hizo fue instalar horca y picota para que sus nuevos vasallos supiesen que ahora la Jurisdicción corría a cargo de Luis de la Cerda. El alcaide del castillo, Alfonso Bordello entregó el castillo de forma traicionera a Álvaro Carrillo el 3 de octubre de 1469[7].

Los RRCC confirmaron a Luis de la Cerda en 1477 la merced vitalicia que le habían hecho de la Villa de Arbeteta. Por eso, cuando muere en 1501, Arbeteta pasara a la Jurisdicción del Común de Cuenca.

Los vecinos de Arbeteta, como municipio realengo del Común, tenían en  sus manos el nombramiento de todos los cargos y actividades: alcaldes, regidores, procurador, boticario, tabernero, pastos, fiscalidad, repartimientos, etc. Al pasar a ser aldea del señorío de Medinaceli, todo lo anterior debe ser aprobado por el duque, que delegaba en el alcaide del castillo de Arbeteta perdiendo así su poder de elección.

 

 

[1] AMCU. Leg 1, Exp.1

[2] La aldea ya se encontraba despoblada en el siglo XVI

[3] ESPOILLE DE ROIZ, MARIA EMMA. Repoblación de la Tierra de Cuenca. Siglos XII-XVI. Actas del primer simposio internacional de Historia de Cuenca. Cuenca y su territorio en la Edad Media. CSIC. 1982.

[4] ADMS. Leg. 918. (24 de abril, Medinaceli). Citado por GARCÍA-ARRECIADO BATANERO, AUXILIADORA. La Villa de Huelva en tiempos de los Reyes Católicos. Ediciones El Alfar. Sevilla 1992.

[5] ADM. Sección Cogolludo, leg. 2, nº 45En Medinaceli, 6 de mayo de 1.462.

[6] LUIS SUAREZ.. Enrique IV de Castilla. Barcelona 2.001. Ed. Ariel. Pág. 372

[7] Archivo Municipal de Cuenca, leg. 198, exp 3, fol. 70

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Reales Provisiones de Arbeteta en el siglo XVIII : El vino

CARLOS III. Anton Rafael Mengs (1774). Museo del Prado.

En este primer post del año 2019  hemos elegido un tema mas  serio,  pero no por ello menos interesante. Os vamos a contar que impuestos tenían que pagar  nuestros  tatarabuelos y  en que  productos  recaían . Lo vamos a dividir en 3 partes

Pero vayamos a la primera: La Real Provisión sobre el cobro del impuesto del vino. Es de Carlos III, del año 1772  y la hemos encontrado en el Archivo Histórico Nacional (AHN CONSEJOS, 27662, EXP 1).

 

 *Transcripción por Juan Luis López Alonso

En primer lugar hemos de decir que la Real Provisión era un documento de los más solemnes, que emanaban de la autoridad Real, y que se mandaban desde la Corte a diversos puntos del Reino, en este caso a Arbeteta. Se usaba generalmente para otorgar los títulos de nombramientos, concesiones de gracias, mercedes, ordenanzas, títulos de villa, ciudad, nobleza, etc. Tienen un origen medieval, y se seguirán utilizando durante el siglo XVIII sin cambios significativos.

El encabezamiento de la Real Provisión contenía la intitulación, es decir, la presentación del respectivo Rey con todos sus títulos, precedido del tratamiento de “Don”, el cargo (rey), y la enumeración de sus reinos y señoríos, siempre en el mismo orden. Después de éstos venían las fórmulas de salutación “salud y gracia” o “a vos…salud y gracia”. Proseguía con el asunto tratado, y concluía con la validación de todo ello por el secretario real o escribano de cámara. En ocasiones figura la firma real, no es el caso de las que presentamos.

Tinaja de vino con  una cuartilla

Antiguo botillo de vino

 

Recordará el lector que para la construcción de la torre de la iglesia se decretó un impuesto de 4 maravedís por azumbre de vino para recaudar dinero para la edificación de la torre, incluido el Mambrú.

Los pleitos entre los vecinos de Arbeteta han sido muy numerosos, esto   es lo que nos ha permitido disponer de documentos para poder hacer este blog, con el rigor histórico con el que lo hacemos.

Esta Real Provisión ofrece algunos datos interesantes de Arbeteta: no había cosecha de vino, y los vecinos tenían que ir diariamente a por él a la taberna. Tenemos que tener presente que el vino era entonces un producto de primera necesidad, casi a la altura del pan. También nos dice que en el horno de vidrio (tema que trataremos próximamente)  trabajaban 20 o más personas, que comían en el trabajo. Por ello, Baltasar Carrillo, propietario del horno, había acordado pagar una especie de iguala de 700 reales anuales en concepto del impuesto de sisa (de ahí lo de sisar) por el vino al Ayuntamiento, y de esa manera poder traer vino en gran cantidad para su consumo. El resto de los vecinos se tenían que abastecer diariamente de la taberna.

Giacomo Ceruti, “La spillatura del vino” (dett.), circa 1730.

La taberna era municipal, y salía anualmente a remate por el Concejo. El vecino, o forastero en quien recaía el remate se comprometía al abastecimiento del vino de buena calidad, que debía ser probado y comprobado, para ver su calidad, antes de que los arrieros transportistas lo descargaran en la taberna. En el remate se especificaba el origen del vino que vendería el tabernero y el precio al que tenía que venderlo al público.

El vino era la bebida más ordinaria del hombre de la época, y al mismo tiempo la más variada, además de ser tónico, fortificante y nutritivo. Bajo estos aspectos, no puede dejar de ser saludable. Los antiguos le atribuían la facultad de fortalecer el entendimiento, pero a su vez, los excesos del vino han excitado en todos tiempos la censura de los legisladores.

La Era, o el Verano, (detalle). Francisco de Goya. 1786. Museo del Prado.

En el siglo XVIII era normal que el Concejo contara con un vecino que ejercía el oficio anual de escanciador. Cuando se hacían los diversos remates del Concejo, solía entrar en el pago alguna arroba de vino, para “refresco” de los vecinos, acompañado de algunos panes, y algún queso en ocasiones. El Concejo contaba incluso con los vasos del concejo. En estos “alboroques”  decía  el Ayuntamiento a menudo, que sólo “se diera a cada vecino sólo dos veces de beber”, encargándose del reparto el escanciador. Era la ocasión de que los pobres comieran y bebieran ese día con gran algazara; para ellos cualquier ocasión era buena.

 

 

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Navidad 2018

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Adoración de los Magos. El Bosco, 1485-1500

El mejor mensaje de Navidad es el que sale del silencio de nuestros corazones y calienta con ternura los corazones de los que nos acompañan en nuestro viaje por la vida.  

La fidelidad, colaboración y buena voluntad de nuestros lectores es la base del éxito de nuestro blog, y por ello, es un verdadero placer en estas fiestas, desearos una Feliz Navidad y un año lleno de felicidad y prosperidad. 

                                

                              ¡FELIZ NAVIDAD!

                              

 

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De las mulas y otras historias

Llevamos muchos post en los que hemos tratado diferentes temas, pero sentimos una ternura especial al tratar a este inteligente animal, la mula parda de carga, a la que algunos intentaron educarla a palos. Lo malo de España, como decía Umbral, nunca han sido los mulos, sino los muleros, como lo malo del caballo de Pavía no era el caballo, sino Pavía.LA MULA-4

De vosotros los lectores dependen que se puedan conocer y conservar estas historias y tradiciones de Arbeteta, antes de que el paso del tiempo los borre para siempre “…todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia”, como decía el replicante Roy Batty. Pocos son los que ignoran la importancia que tuvo en Arbeteta un precioso animal como la mula. ¿Qué hubieran hecho nuestros antepasados sin las mulas?

La mula es un animal que nace del apareamiento del asno con la yegua, o del caballo con la burra: en el primer caso resulta un verdadero mulo; y en el segundo, el burdégano o macho romo. Han sido más utilizadas las que provienen de asno y yegua. Su cría no se producía en Arbeteta.

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Muletero de Maranchón

 

Lo habitual era comprarlas a los muleteros de Maranchón, que eran los comerciantes tradicionales de estos animales, como podemos ver en el  grabado adjunto y en el contrato de venta de un macho a Pascual Alonso Herraiz , marido de Angela Cortes. Después de la guerra civil las traía un vecino de Sotoca y le sucedieron sus hijos.

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Contrato de compra venta de una mula de Pascual Alonso Herraiz. Año 1.929

Tuvo la mula una gran aportación a la agricultura de Arbeteta por ser incansable cara al trabajo duro. Parece ser que la mula, aunque tiene una larga historia de convivencia con el hombre, no es fácilmente domesticable y parece ir por libre. Si eran bien tratadas eran cariñosas, especialmente con las mujeres, se decía. Fueron un signo de riqueza en función de los pares de mulas que mantenían los vecinos, llegando a ser signo de ostentación.

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Juan Luis López Alonso a lomos de una mula. 1966

Es un animal que tiene ventajas sobre sus progenitores: se mantiene en todos los climas, es más sobria que el caballo, soporta mejor el hambre, es menos delicada en el alimento, vive más tiempo. Tiene del burro la seguridad de sus patas, su buena salud, soporta más peso que el caballo, rara vez tropieza por sendas tortuosas y estrechas, por lo que es idónea para el acarreo de cargas viajando por terrenos montuosos y difíciles, sin ser tan cobarde como el burro. Es animal obstinado, terco y astuto. “terco como una mula”, se suele decir. Aunque los machos y las hembras dan algunas veces signos manifiestos de celo, se les considera a ambos estériles.

Al igual que con las cabras, en Arbeteta las mulas tenían su dula. A ella se llevaban junto a caballos y burros los días que no trabajaban y los días de fiesta. En época de trilla las llevaban de noche con el pastor. En primavera se guardaban las eras para que pastaran las mulas en mayo, pasando después las ovejas.

Se recuerdan como pastores de la dula a Genaro Alonso, “El Genarillo”, y su hermano Mariano Alonso. También lo fueron Eusebio “El Zaborro”, de Valtablado del Río, y sus hijos Sebastián y Juan. En Arbeteta se han utilizado las mulas para las labores agrícolas como el arado, trillado, acarreo de la mies, así como la arriería y el arrastre de maderas.

Arando

Arando

Ya tratamos en otro post sobre los arrieros. Mencionaremos aquí a Manuel Miguel Rojo Alonso (bisabuelo de Gregorio Blasco Rojo, 1869–1913), que nació en 1776 y fue Alcalde de Arbeteta en 1827. Estaba casado con María Ana Alonso Carrillo, hija de Antonio Alonso Alonso y Tomasa Carrillo Costero. Lo encontramos al frente de un grupo de arrieros que con un gran número de mulas traían mercancías, armas y municiones para la 5ª División (del Empecinado) desde el puerto de Alicante hasta tierras de Guadalajara, llevando una recua de más de 20 mulas en marzo de 1812. En mayo de ese año lo volvemos a encontrar ya en Alicante con sus mulas. La Junta Superior de Gobierno, Armamento y Defensa de Guadalajara tiene que satisfacer “a Manuel Roxo y compañeros el débito que tienen a su favor de esta y anterior remesa importante 16.000 reales”. Cantidad muy respetable para entonces. La Junta tiene que “oficiar al Gobernador de la Plaza de Alicante con el citado Roxo y compañeros, para que si la Real Hacienda tiene existencias de tabaco de perfecta calidad, les entregue la cantidad que puedan cargar, y que para adquirir las clases que allí falten o no tengan a aquel precio, les permita pasar a bordo a verificar la compra de dicho género”. Como vemos, Miguel Rojo, las mulas y los muleros no paraban, teniendo que eludir a los franceses que ocupaban muchas zonas hasta la conclusión de la guerra.

Cuando escaseaban las labores agrícolas, los industriosos vecinos de Arbeteta seguían dedicando sus mulas a la arriería por lejanas tierras, como hacía Santiago Costero, que vendía una joven mula en Orense y le “desapareció”, como vemos en el Boletín Oficial de la Provincia de Orense de 5 de junio de 1851.

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Boletin Oficial de la provincia de Orense con la noticia de la desaparición de una mula propiedad de Santiago Costero. 1851

Otra actividad de las mulas era el arrastre de la madera, bien acercando los pinos hasta el Tajo, (hay un paraje denominado El Arrastradero), por donde los conducían los gancheros; o bien para sacarlos del Tajo en Aranjuez. A finales de primavera bajaban las maderadas dela sierra por el Tajo hasta Aranjuez, donde terminaba el trayecto. Muchos vecinos de Arbeteta, mientras llegaba la faena de la siega, bajaban con sus mulas a Aranjuez a lo que denominaban “la saca”.

Pues a la saca se dirigieron con sus mulos una cuadrilla de vecinos de Arbeteta. Era la primavera de 1909. Entre ellos iba Bartolomé Rojo Aguado (1867-1925) y su hija Leonor Rojo Costero (1895-1977), abuela materna del que esto escribe, y mocita de 14 años. Mientras Bartolomé y los demás hombres y mulas trabajaban duramente en la saca de la madera, Leonor se encargaba de prepararles el rancho en el campamento. Le llevaron un cesto con cangrejos.

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Leonor Rojo Costero-. 1919

Leonor no se había visto en otra, no conocía los cangrejos. Se acercó un paisano al campamento, y bromeando, le dijo a Leonor, que si se ponían rojos es que estaban malos. Los echó a la sartén, y como se pusieron rojos, los tiró con la sartén al río. Luego fue motivo de las bromas y risas del grupo.

Me contaba Leonor que el Aranjuez de 1909 le parecía un pueblo muy grande y maravilloso, un mundo muy distinto a su Arbeteta. Vio cosas que nunca había visto hasta entonces. Lo que más le impresiono fue el recién construido Mercado de Abastos, bien surtido de numerosos y variados productos, al que acudía con su padre a comprar los productos para sus guisos. Antes de subir a Arbeteta recuerda que su padre le compró unos zapatos. En el viaje de vuelta se llevaron a Arbeteta plantas de fresas de Aranjuez. Yo las probé con Leonor en la reguera del huerto que tenía debajo del castillo. Otros vecinos de Arbeteta también se traían plantas de fresas, por lo que algunos de vosotros seguro que las habréis probado sin saber su origen. Leonor volvió a Aranjuez en 1973 y recordó perfectamente el Mercado y me contaba estos sucesos.

Al lector le proponemos una adivinanza: la mula es hija de burro y yegua; el burro rebuzna y la yegua relincha. ¿Qué hace la mula?

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