Los Hornos de Miera (II)

En este nuevo post vamos a continuar con la arqueología industrial de Arbeteta, volvemos como os prometimos con la segunda parte de los hornos de miera o aceite de enebro.

No añadiremos nada sobre la elaboración de la miera, de su fabricación y utilidad, que son temas que ya tratamos en la primera parte. En aquella ocasión Ambrosio López Blasco mencionaba que frente a la Virgen de Lourdes, encima de los huertos del “tío Cuco”, había vestigios de otros hornos.

No hemos esperado mucho para comprobarlo, y en cuanto la pandemia lo ha permitido y han caído las barreras que separaban Madrid de Guadalajara, nos dirigimos a localizarlos el 13 de mayo de 2021, día primaveral y radiante.

Localización de los hornos

La primera dificultad es la localización de los huertos del “tío Cuco”. Nos informan que se hallan a la izquierda del barranco de los Tilancos, mirando desde la carretera. Para acceder cruzamos la Rambla frente a la Virgen y encontramos el antiguo camino de Armallones junto al Peñón. Este camino asciende suavemente por la ladera hasta los antiguos huertos, que a modo de bancales, ascienden hasta la poza de los Tilancos. Al llegar a las paredes de los primeros huertos observamos sobre el peñasco de en frente de la Virgen los restos de los hornos. Los reconocemos por sus “ventanas”.

El acceso a ellos es difícil hacerlo en línea recta, por lo que continuamos ascendiendo por los antiguos huertos hasta la poza de los Tilancos. Esta poza daba riego a los huertos próximos, el primero de ellos era de Juan Pablo Alonso, y en los últimos años lo cultivó Mariano del Amo Costero el “Coscolín”.

Desde esta singular poza de agua giramos al norte y culminamos la ascensión. Desde el alto nos orientamos bien y enseguida contemplamos el objeto de nuestra búsqueda: los hornos de miera.

Son dos hornos muy cercanos el uno del otro, que se hallan en las coordenadas UTM (ETRS89), X: 550919, e Y: 4503389. Ambos se encuentran sobre la piedra desde la que hay unas impresionantes vistas de la peña de los Concejos y de la Virgen, a tan solo 200 metros en línea recta. Creemos que se encuentran en Las Hijuelas, parcela 604 del polígono 3 del Catastro de Bienes Inmuebles de Naturaleza Rústica.

Se hallan situados ambos hornos sobre una gran roca plana que tiene una caída de aproximadamente el 25%. No se puede ver el acanalamiento en forma de raspa de pez que se hizo sobre la piedra para recoger la miera, porque todo su interior se encuentra lleno de piedra, barro y cascotes de teja. Esta teja, como se dijo anteriormente, se utilizaba para la construcción con barro de la “campana” interior.

Vista de los hornos

En el exterior de los hornos se han hallado trozos de cerámica vidriada, posiblemente perteneciente a recipientes utilizados en la fabricación.

Techo horno A
Horno A

Los dos hornos, que los hemos llamado A y B, son iguales de forma y tamaño . Tienen una fachada de 5 metros de ancho y 2´5 metros de alto, con un fondo de 3 metros. Cada uno cuenta con 3 “ventanas” adinteladas de 50 centímetros, situadas en la fachada. Las laterales son para atizar el fuego, y la central más baja, para la extracción de la miera.

Horno B
Techo horno B

Los hornos están en una zona poco accesible, lo que les ha favorecido para su conservación. En España hay pocos ejemplares de este tipo de construcciones, por lo que creemos muy importante su conservación. Y si, puestos a soñar, se les ocurriese a las administraciones su restauración, se realizaría con poco presupuesto, ya que los materiales están allí, y de esa manera tendríamos unas construcciones singulares que atraerían a algún curioso como nosotros. No obstante, creemos que merecen una protección especial, y desde este blog lo solicitamos a las administraciones.

Hornos con la carretera de Valtablado al fondo y el Peñón a la izquierda

El descenso lo hacemos más corto que la subida. Lo hacemos con mucho cuidado por la izquierda, según se mira a la Virgen. A mitad del descenso localizamos debajo de los hornos los huertos del “tío Cuco”, de los que sale una antigua senda que nos acompaña hasta la Rambla. Las distancias son muy cortas y no aconsejamos subir por este lado debido a la fuerte pendiente. Regresamos con la satisfacción de haber cumplido el objetivo.

FÁBRICA DE HUMO DE PEZ

Hubo un tiempo en que en Arbeteta se vendió humo. Hemos encontrado noticias de que hubo una “fábrica de humo de pez”. Lo descubrimos en el Amillaramiento de Arbeteta de 1863. El producto total imponible de esta fábrica era muy similar al horno de pan cocer del municipio. Su propietario resultó ser José Herráiz, que vivía en Arbeteta, en la calle Cantón, número 5, como podemos ver en las fotografías adjuntas.

Amillaramiento 1863.
Amillaramiento 1863. Riqueza urbana.

El humo de pez, denominado también “negro de humo” era el hollín que se obtenía de la pez al quemarse.  Era ideal para la fabricación de tinta y pintura para dibujar aguadas e iluminaciones.

Para la obtención del humo se empleaba un horno que recogía el negro de humo de la superficie de un cono metálico que tenía una polea para descenderlo y poder raspar el hollín de las paredes de la cámara y que se acumulara en el suelo. Era una especie de campana de chimenea.

Horno de humo de pez.

Nos gustaría tener más noticias del humo de pez, su comercialización y la localización del horno, pero no ha podido ser. Esperamos tener más suerte en el futuro.

El lector habrá observado que en el Amillaramiento de Arbeteta de 1863, además de la fábrica de humo de pez y del horno de pan cocer, había un molino harinero en funcionamiento. Este molino se encontraba aguas abajo del puente de la Cuesta de la Arena, y funcionaba estacionalmente en épocas que el arroyo llevaba suficiente caudal. De él sólo quedan vagos vestigios y el mote de “Molinero”.

Somos conscientes que nos quedan otros temas de la arqueología industrial de Arbeteta, y los iremos sacando según consigamos noticias, por lo que esperamos la colaboración de los lectores.

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Arbeteta ayuda a Filipinas.1863

España llevando a la gloria a Filipinas. JUAN LUNA, 1888. Museo del Prado

En esta ocasión iremos con Arbeteta lejos, muy lejos, nada menos que a Filipinas. Se preguntará el lector qué tiene que ver Arbeteta con Filipinas, y eso es lo que le contaremos en este post.

España y las Filipinas comparten una historia común por el hecho de que Filipinas fue parte del imperio español durante trescientos años y fue la única provincia española en Asia. El explorador español (nacido en  Portugal ) Fernando de Magallanes se encontró por primera vez en las Filipinas en 1521 en misión encomendada y financiada por el rey Carlos I de España. Magallanes bautizó aquel archipiélago con el nombre de Islas del Poniente, reclamando aquellas islas para la Corona Española.

En 1543, el explorador malagueño, Ruy López de Villalobos, llegaba hasta el archipiélago de las Islas del Poniente con el firme propósito de colonizarlas, para establecer una ruta comercial viable con los territorios españoles de América. Fue su expedición la que dio nombre a esas islas con el nombre de Islas Felipinas, en honor al entonces Príncipe de Asturias y futuro rey Felipe II. Con el tiempo se transformó el nombre de Felipinas a Filipinas.

Las Islas Filipinas pertenecieron a España hasta 1898, año en el que se perdieron un importante número de colonias debido a la guerra hispano-estadounidense que enfrentó a ambos países y por las que los españoles perdieron algunas de sus posesiones (entre ellas Cuba, Puerto Rico, Guam y la propia Filipinas).

A mediados del siglo XIX Arbeteta, como todos los pueblos de su entorno, se encontraba muy escasa de noticias del mundo exterior. Algunas llegaban con los arrieros, trajineros y viajantes; otras, por medios oficiales; y algunas, cantadas y contadas por los ciegos, que relataban crímenes tremendos y romances de todas clases en sus pliegos de cordel. Los vecinos de Arbeteta se arremolinaban en torno a ellos cuando llegaban al pueblo, esperando melodiosas noticias a cambio de unos céntimos.

Estamos en 1863. Llega uno de esos ciegos a Arbeteta del que no nos ha llegado su nombre. Los chicos y mayores le rodean en los peldaños del olmo, y como dice el romance, bien oiréis lo que dirá:

“¡Manila! la capital

Ciego con zafona

de la isla de Luzón

 y todas las Filipinas

 que posee el español.

Sepultada entre ruinas

yace a causa del furor

de un horrible terremoto

que todo lo destruyó.

Ciento y cuarenta mil almas

habitan la población,

siendo tres cuartos de legua,

de circuito su extensión.

Doce arrabales posee

en todo su rededor,

que comunican con puentes

por llegar a su interior.

Rica, fértil y abundante,

Lorenzo Rocha. Mujer Filipina. 1895 MBA Córdoba

posee allí el español

de la Corona de España,

un joyel de gran valor.

Mas esa preciosa joya

con que el cielo nos dotó,

hoy gime triste, afligida,

y sumida en el dolor.

Era el día tres de junio,

de triste recordación,

el que debía de ser

sólo de satisfacción.

En este día, a las siete

y media, al ponerse el sol,

oyeron sus habitantes,

un continuo temblor.

Que haciendo temblar las casas,

Grabado de Brambila, antes del terremoto. Catedral Manila.

de sur a norte pasó,

que más de treinta segundos,

su oscilación duró.

Dos o tres oscilaciones

de fuerte trepidación,

y vaivenes espantosos,

dio a todo su derredor.

Causaron en un instante

tan terrible confusión,

tal espanto y sobresalto,

tal pasmo y tal terror…”

Continuaba el ciego declamando ante los absortos oyentes las desgracias y destrucción que ocasionó el terremoto: la catedral de Manila, las iglesias, la Real Audiencia, el hospital militar, cuarteles, viviendas, etc.

“El número de los muertos

no se puede relatar,

pues muchos de las ruinas,

no se han logrado sacar.”

Intenta después despertar los corazones de los oyentes:

“Ahora se ha decretado

Binondo-Iglesia san Lorenzo Ruiz

una suscripción general,

en toda España que alivie

lo que se pueda aliviar.

Pues son tan grandes las pérdidas,

que sin mucho ponderar,

en cuatrocientos millones,

bien se pueden calcular.

¡Cuántos pobres infelices

hoy se encuentran sin hogar!

¡cuántos ayer eran ricos,

y hoy tendrán que mendigar!

Catedral de Manila. ya reconstruida. 1880.

Todos son nuestros hermanos,

y hoy debemos probar,

que a tan lejanas tierras,

llega nuestra caridad.

Permita Dios que el socorro

que les vamos a enviar,

su aflicción y su tristeza,

puedan en algo aliviar.”

Todos los asistentes se quedaron impresionados y dispuestos a ayudar con lo poco que tenían. Se realiza una suscripción nacional “para el alivio de los necesitados del terremoto ocurrido en la Islas Filipinas en el mes de junio último”. La lista de suscriptores de Arbeteta, con lo que aportó cada uno, es la siguiente:

Los que aportan más de un real: Ramón Martínez, 1 real y 42 céntimos; Juan Antonio García, 4 reales; Miguel Sacristán, 2 reales; Juan López. 2 reales 12 céntimos; Juan Cantero, 4 reales; Lázaro López, 1 real 42 céntimos; Juan Herráiz, 2 reales; Miguel Montón, 2 reales 18 céntimos;

Los que aportan sólo céntimos: Agustín Pérez, 24 céntimos, Santiago Costero 48, Miguel Sanz 48, Miguel Alonso 26, Apolinar Cobeta 72, Marcos Guerrero 12, Clemente Martínez 48, Feliciano Indarte 24, Julián Alonso 48, Demetrio Martínez 96, Antonio Alonso Blasco 96, Felipe López Saiz 24, José Alonso 48, Aquilino López 24, Victoriano Alonso 48, Juan García 72, Eleuterio Chiloeches 48, Antonio del Amo Sanz 72, Máximo Herráiz 24, Santiago Herráiz 72, Mariano del Amo 72, Manuel Costero 36, Gumersindo del Amo 48, Román Cortés 24, Antonio Rojo 24, Francisco Huici 96, Juan Ortega 24, Cesáreo Herráiz 72, Victoriano del Amo 48, Tomás López 48, Isidoro López 48, María Sacristán 24, Juan del Amo 48, Gervasio Alonso 24, José Navarro 24, Dámaso Costero 48, Mariano García 24, Juan Argilés 48, Mariano Lausa 48, Gregorio Parrilla 48, Tiburcio del Amo 24, José Lapresa García 84, Antonio Alonso de la Llana 48, José Rojo 96, Francisco López Muñoz 96, Justo Martínez 24, Juan Rodríguez 24, Galo del Amo 24, Antonio López 48, Ramón Costero 24, Elías Martínez 48, Justo del Amo 24 y Ruperto Ortega 24.

El listado de los vecinos puede resultar pesado, pero es una fotografía de los habitantes de Arbeteta en 1863, con los apellidos de la mayoría de los habitantes. Son generosos en su pobreza, como la viuda del Evangelio: “…Jesús entonces llamó a sus discípulos y les dijo: – Yo les aseguro que esta viuda pobre ha dado más que todos los otros. Pues todos han echado de lo que les sobraba, mientras ella ha dado desde su pobreza; no tenía más, y dio todos sus recursos”. (Marcos, 12, 43-44). Si bien es cierto que Filipinas sufrió una gran desgracia, no lo es menos que en esta ocasión Arbeteta mostró su generosidad con el cariño más profundo, como lo podía haber hecho con uno de los pueblos vecinos. En el mes de marzo de 1885, Arbeteta volverá a ser solidaria, en este caso con las víctimas del terremoto de Granada y Málaga, pero eso ya es otra historia.

“Y aquí se acaba el romance,

que en el pliego escrito está,

sólo dos céntimos cuesta,

a quien lo quiera llevar”.

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Los Quintos (1883-1921) y otras historias

(1ª PARTE)

En este nuevo post van a encontrar nuestros lectores seguramente los nombres de alguno de sus abuelos, bisabuelos o tatarabuelos. Ante la extensión del tema lo dividiremos en dos partes.

El servicio militar marcaba profundamente la vida de los jóvenes. Para ellos, el estar tres años fuera de casa no era un hecho que se pudiera olvidar fácilmente, a lo que se añade el hecho de que algunos de ellos no habían salido de la comarca.

Carta del hijo ausente. Máximo Peña Muñoz. Año 1887. Museo de Zaragoza.

El nombre de quintos procede de la “contribución de sangre”, o servicio militar que impuso Juan II de Castilla, según el cual uno de cada cinco varones debía servir en el ejército. Felipe V retomó esta disposición en 1705. Ahora nos encontramos en 1883. La tercera guerra carlista ha terminado en 1876 y se vive un periodo de paz. La Constitución de 1876 volvió a implantar el servicio militar obligatorio.

En Arbeteta la talla y el reconocimiento tenían lugar en el Ayuntamiento. El consistorio se llenaba de mozos y familiares. El sorteo se realizaba después en la Caja de Reclutas de Guadalajara. En esta época Cuba y Filipinas eran los peores destinos que le podía tocar al quinto, con el disgusto y pesar de familiares, novias y amigos.

Pasaremos por alto las celebraciones de los quintos y nos centraremos en los datos de la talla. Los quintos los enumeraremos por años de talla y orden de sorteo. Después del nombre de cada uno pondremos su talla, lo que alegó y el resultado final de tal alegación. Pondremos a continuación el nombre de los padres, si constan en ese año, que os serán útiles para vuestra genealogía.

¡ A la guerra ! . Año 1895. Alberto Plá Rubio. Museo del Prado

Hemos de destacar, como podéis observar, la cortedad de talla de todos ellos, siendo el más alto en estos 39 años Juan Pablo Alonso Alonso, que midió 1´80 m. Veréis cortos de talla y muchas alegaciones, en resumen, que nadie quería ir. Existía la creencia entre los mozos, que si alguno tenía 155 cms,  podía ir a la revisión a Guadalajara andando sin parar desde Arbeteta, y con eso encogía el centímetro que le sobraba, y así ser corto de talla y librarse del servicio militar. Alguno lo hizo, pero no encogió. Algún otro llegó a pagar redenciones en metálico, con lo que se libró. Pero eso ya lo trataremos en la segunda parte.

Hemos calculado la media de las tallas de los quintos de estos 39 años y obtenemos un resultado de 158,7 centímetros. A simple vista nos parecen más altos los quintos de los últimos años, por lo que hallamos la media de los años del siglo XIX, que resulta ser de 158 centímetros. La talla media de los 21 años del siglo XX es de 160 centímetros. Dos centímetros es mucho, debieron mejorar las condiciones de vida en Arbeteta. Pero ahora vayamos a los protagonistas:

Ilustración Artística 2 de agosto de 1897. Sargento de Sigüenza.

AÑO 1883

  • Anselmo Herráiz Alonso.157 cms. Hijo de viuda pobre. Exento. Vivía en Huertapelayo.
  • Francisco Cobeta López. 169. De la vista. Inútil.
  • Victorio García de la Presa. 160. Hijo de viuda pobre. Exento.
  • Gregorio Costero López. 168. Padre sexagenario. Exento.

AÑO 1884:

  • Victoriano del Amo Herráiz. 161. Padre impedido. Exento.
  • Prudencio de la Presa del Amo. 161. Padre impedido. Exento. Vivía en Armallones.
  • Cándido López Alonso. 163. Padre impedido. Soldado.
  • Abdón Herráiz del Amo. 159. Nada. Recluta.
  • Lucas Antonio Alonso. 154,9. Mal de orina. Recluta.

AÑO 1885: (son quintos de años anteriores que se vuelven a quintar).

  • Juan Pablo Alonso. 180. Padre impedido. Exento.
  • Eleuterio Laína del Amo. 146. Nada. Excluido por corto de talla.
  • Isidro del Amo Laína. 158. Hermano en el servicio. Exento.
  • Luis Eusebio Blasco Rojo. 166. Hijo de viuda. Exento.
  • Norberto Sacristán Fernández. 157. Padre impedido. Exento. Soldado en 1886.
  • Simón García Horcajo. 151. Nada. En reserva. Corto de talla.
  • Andrés Natalio de la Presa Alonso. No se talla. Preso “sufriendo 8 años de condena en el penal de Ocaña”. Ver documentos adjuntos.

AÑO 1885: (los propios de este año)

  • Isidoro Alonso Martínez. 154. Reúmas. Pendiente. Sorteable hasta 1888. Felipe y Ramona.
  • Estanislao Herráiz del Castillo. 154. Ninguna. Corto de talla. Sorteable. Pedro y Miguela.
  • Norberto García Rodríguez. 162. Del pecho. Inútil. Manuel y Josefa.

AÑO 1886:

  • Gumersindo Hilario López Costero. 163. Padre sexagenario. Exento. Donato y Mª Antonia.
  • Primo Feliciano Alonso López. 163. Padre sexagenario. Exento. Blas y Teresa.
  • Bartolomé Rojo Aguado. 157. Padre sexagenario. Exento. José y Rosa.
  • Patricio Martínez García. 148. Ninguna. Excluido por corto de talla. Manuel y Petra.

AÑO 1887:

  • Juan López López. 156. “Abuelo sexagenario”. Exento. Facundo y Manuela.

AÑO 1888:

  • Bernabé Costero López. 164. Padre sexagenario. Exento. Eugenio y Juliana.
  • Agapito Martínez Costero. 149. Ninguna. Excluido por corto de talla. Damián y Ramona.
  • Gregorio Blasco Rojo. 149. Ninguna. Excluido por corto de talla. Mariano y Sotera.

AÑO 1889:

  • Victoriano López Guerrero. 155. Ninguna. Sorteable. Braulio y María.
  • Patricio Agapito Montón López. 158. Ninguna. Sorteable. Pedro y María.
  • Isidoro Costero Pérez. 167. Ninguna. Sorteable. Valentín y Atanasia.
  • Eustaquio Alonso García. 164. Padre sexagenario. Exento. Vicente y Teresa.
  • Francisco Álvaro del Amo Pérez. 155. Hijo de viuda. Exento. Basilio y Victoria.
  • Francisco Guerrero González. 163. Padre sexagenario. Exento. Marcos y Manuela.

AÑO 1890:

  • Gabino Alonso Herráiz. 162. Padre sexagenario. Exento. Pablo y Evarista.
  • Vicente García del Amo. 157. Padre impedido. Exento. Tomás y Teresa.
  • Mariano Cortés del Amo. 167. Padre Impedido. Exento. Gregorio y Prudencia.
  • Pedro Laína del Amo. 161. “Abuelo pobre”. Exento. Mariano y Hermenegilda. En 1891 “sufre condena”, en 1892 “preso”, y en 1893 “inútil”.
  • Esteban Martínez Costero. 159. Ninguna. Sorteable. Damián y Ramona.
  • Marcos del Amo Yndarte. 154. Ninguna. Sorteable. Felipe y Gertrudis.

AÑO 1891:

  • Miguel Cortés del Amo. 141. Ninguna. Excluido por corto de talla. Juan e Inés.
  • Miguel Narciso del Amo López. 163. Hijo de viuda. Exento. Francisco y Teresa.
  • Félix Costero Alonso. 156. Ninguna. Sorteable. Isidoro y Juana.
  • Dámaso Alonso López. 154. Reúmas. Corto de talla. Blas y Teresa. En 1892 inútil y en 1893 sorteable.

AÑO 1892:

  • Baldomero Alonso Alonso. 165. Ninguna. Sorteable. Esteban y Genara.
  • Félix Alonso Alonso. 167. Ninguna. Sorteable. Guillermo y Valeriana.
  • José del Amo Alcolea. 158. Hernia. Inútil. Timoteo y Josefa.

AÑO 1893:

  • Elías García Rodríguez. 162. Ninguna. Sorteable. Manuel y Josefa.
  • Pedro Alonso Martínez. 148. Ninguna. Excluido por corto de talla. Felipe y Ramona.
  • Cecilio del Amo Yndarte. 154. Ninguna. Sorteable. Felipe y Gertrudis.

AÑO 1894:

  • Basilio del Amo Parrilla. 140. “Desviación de la columna vertebral”. Inútil total. Excluido. Antonio y Eusebia.
  • Gregorio del Amo Ortega. 162. Padre sexagenario. Exento. Fernando y Marta.
  • Víctor del Amo Pérez. 150. Ninguna. Excluido por corto de talla. Pedro y Felisa.
  • Luis Herráiz Alonso. 154. Corto de talla, pero en la revisión de 1897 sale como soldado. José Antonio y Manuela.
  • Demetrio Costero López. 155. Padre impedido. Aunque en principio fue corto de talla, en la definitiva salió sorteable. Mariano y Serapia.
  • Dionisio Alonso Alonso. 153’5. Ninguna. Corto de talla. En 1895 mide 155 y se le declara sorteable. Esteban y Genara.
  • Valentín Alonso López. 160. “Abuelo pobre”. En principio exente, pero después sorteable. Blas y Teresa.
  • Lázaro Alonso Alonso. 166. Ninguna. Sorteable. Guillermo y Valeriana. Estuvo en Cuba, ver foto adjunta.

AÑO 1895:

  • Pascual López Costero. 164. Ninguna Sorteable. Luciano y Nemesia.
  • Anacleto Rodríguez Herráiz. 155. De un brazo. Inútil. Inocente y Faustina.
  • Tiburcio Cortés del Amo. 155. Padre Impedido. Exento, pero en 1896, 1897 y 1898 sale sorteable. Gregorio y Prudencia.
  • Felipe López Herráiz. 149. Ninguna. Corto de talla. Excluido. Juan y Juana.
  • Mariano del Amo Yndarte. 161. Ninguna. Sorteable. Felipe y Gertrudis.

AÑO 1896:

  • Felipe Alonso Herráiz. 155. Padre sexagenario. Sorteable. Pablo y Evarista.
  • Felipe López Herráiz. 162. De la garganta. Sorteable. Julián e Inocenta.
  • Indalecio Francisco Montón López. 161. Ninguna. Sorteable. Pedro y María.
  • Francisco del Amo del Amo. 165. Ninguna. Sorteable. Francisco y Matilde.

AÑO 1897:

  • Eustaquio Alonso Herráiz. 157. Hermano sirviendo. Exento. Pablo y Evarista.
  • Jesús Costero López. 157. Viuda pobre. Exento, pero soldado en 1898. Mariano y Serapia.
  • Tomás Herráiz Pérez. 160. Padre impedido. Exento. Soldado en 1898. Eugenio y Mónica.
  • Manuel Costero López.163. Palpitaciones. Soldado. Francisco y Baldomera.
  • Luis Herráiz Alonso. 155. Viuda pobre. Exento, pero soldado en 1898. José y Manuela. Era quinto de 1894.
  • Gregorio del Amo Ortega. 162. Padre sexagenario. Exento. Facundo y Marta. Era quinto de 1894.
  • Víctor del Amo Pérez. 154. Excluido. Corto de talla. Pedro y Felisa.
  • Anacleto Rodríguez Herráiz. 163. De un brazo. Exento. Inútil. Inocente y Faustina. Era quinto de 1895.

AÑO 1898:

  • Ramón del Amo Alcolea. 166. Ninguna. Soldado. Timoteo y Josefa.
  • Carmelo Martínez López. 152. Ninguna. Corto de talla. Soldado en 1899. Nicolás y Bonifacia.
  • Manuel García Moré. 151. Física. Falleció en 1899. Patricio y Josefa.
  • Miguel del Amo Costero. 150. Física. Corto de talla. Soldado en 1900. Benito y Tomasa.
  • Mauricio Cortés del Amo. 170. Hermano sirviendo (Tiburcio, 1895). Exento, “exceptuado”. Gregorio y Prudencia.
  • Ángel García del Amo. 156. Padre sexagenario. Exento, exceptuado. Tomás y Teresa.
  • Víctor del Amo López. 162. Padre impedido. Soldado. Cesáreo y Clementa.
  • Dionisio del Amo Yndarte. 146. Cojo. Excluido. Felipe y Gertrudis.

AÑO 1899:

  • Felipe García Moré. 155. Ninguna. Soldado. Patricio y Josefa.
  • Ricardo García del Amo. 160. Ninguna. Soldado. Prudencio y Teresa.
BOPGU 11/11/1889
BOPGU 15/02/1889

Andrés Natalio de la Presa Alonso, “el Pachín”, quinto de 1885, no se talla por estar preso en el penal de Ocaña, condenado a 8 años por “corta y sustracción de maderos de pinos y resistencia a la autoridad”. Dura condena como podéis ver. A principios de 1889 se fuga de Ocaña, como podéis leer en la requisitoria del Juez de Ocaña que  adjuntamos. En noviembre de ese año todavía no había sido apresado, como dice la otra requisitoria del Juez de Cifuentes. No sabemos en qué fecha fue apresado, pero sí que se le alistó y destinó a Cuba. Allí encontró la muerte en 1898, como nos lo refiere el semanario Flores y Abejas. Un trágico destino para este infortunado paisano.

Semanario Flores y Abejas 2 /11/ 1898

Lázaro Alonso Alonso. Año 1898

Lázaro Alonso Alonso, quinto de 1894, también estuvo destinado en Cuba, no fue soldado raso aunque ignoramos su graduación, allí gano su dinerillo y cuando volvió a Arbeteta pudo comprar en el barco galletas y vino de Jerez para llevar a la familia. Se fotografió elegante en Santiago de Cuba con su habano en la mano, como podéis ver en la foto.

Se quedó muy pronto sin madre y le pusieron un ama de cría de Villanueva de Alcorón. De niño le enviaron al seminario. Adelantada la carrera abandonó los estudios y regresó a Arbeteta.

Era un hombre sociable y alegre con todo el mundo. Iba al campo con sus trabajadores y cantaba al sol…….”si tu fueras jornalero, te levantarías más tarde y te acostarías primero”. Entonces se trabajaba de sol a sol. Cuentan que en una ocasión vino de Guadalajara un diputado a visitar el pueblo y fue Lázaro quién expuso los problemas que padecían los arbeteteros. El diputado mirándole le dijo: “que pena de hombre, que calce albarcas“. De apodo a la familia les llamaban “Los Serios”, aunque nos cuenta una nieta “Nory López Alonso” que de serios no tenían nada. Se casó con Gregoria Alonso Cobeta. Falleció de repente sin saber la causa, dejando 3 hijas y un hijo en camino y a la viuda en una penosa situación. Gregoria perdió el hijo que esperaba y a una de las niñas ,quedando solamente Purificación y Angela Alonso Alonso.

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La calle Real

En este nuevo post trataremos sobre las viviendas de la calle Real. Para ello utilizaremos dos fuentes: el Registro Fiscal de Edificios y Solares de 1922, y el Amillaramiento de 1863. En ellos podremos ver quiénes eran los propietarios de esas viviendas en esos años concretos.

La calle Real que todos conocemos ha sufrido pocos cambios en los dos últimos siglos. No podemos olvidar que hasta 1833  Arbeteta perteneció a la provincia de Cuenca, y que su principal camino procedía de esta ciudad, que tras pasar por El Recuenco, llegaba a la peña de la Puerta, auténtica puerta de entrada a Arbeteta.

Camino de Cuenca

Lo primero que encontraba el viajero visitante eran los símbolos de jurisdicción de la villa. Retirada del pueblo estaba la horca, de la que queda la denominación del barranco de la Horca. A la entrada del pueblo se encontraba el rollo jurisdiccional o picota, y la ermita de Nuestra Señora de la Concepción. Sí, había una ermita a la entrada de Arbeteta hasta mediados del siglo XIX de la que no quedan restos, pero si  datos documentales. El camino entraba directamente en la calle Real pasando a la sombra del olmo.

El puesto público (tienda) de Arbeteta se encontraba en la calle Real. Era una tienda del Ayuntamiento que salía a remate todos los años y en la que se vendían principalmente  cinco géneros sumamente importantes para los vecinos: vino, vinagre, aceite, aguardiente y pescado. No hemos podido localizar todavía su ubicación.

Ahora nos olvidaremos de la numeración actual y seguiremos la que se impuso en Arbeteta a mediados del siglo XIX, y para no equivocarnos, tendremos en cuenta que  los números antiguos partían desde el olmo y terminaban en la calle Cantón.

PARTE DERECHA:

C/ Real 1 y 3

NÚMERO 1: En 1922 figura como propietario Hilario López Costero, el bisabuelo del que esto escribe. Es un error al confundir nombres, ya que su titular es Hilario Costero Pérez. Tiene un valor de 500 pesetas. Linda por la derecha con las eras, por la izquierda con casa de Antonio Martínez, y espalda Antonio Martínez. En 1863 su propietario es Feliciano Yndarte.

NÚMERO 3: En 1922 figura como propietario Antonio Martínez Herráiz, con un valor de 500 pesetas. Linda por la derecha con Hilario Costero, izquierda con Zacarías Montón y espalda con Zacarías Montón. En 1863 sus propietarios son los herederos de Bernardo Herráiz.

C/ Real 5

NÚMERO 5: En 1922 figura como propietario Zacarías Montón Herráiz, con un valor de 600 pesetas. Linda por la derecha con Antonio Martínez, izquierda una cerrada sin construir, y espalda las eras. Zacarías no tuvo hijos y dejó su casa al sobrino de su mujer, Salvador Pérez, y la cerrada contigua a su sobrino Manuel Montón, que construyó después vivienda en la cerrada.

C/ Real 7 y 9

NÚMERO 7: En 1922 figura como propietario Juan Pablo Alonso (el hombre más alto de Arbeteta en muchos años. Quinto en 1885, con una talla de 180 cms. No fue a la mili por tener padre impedido) con un valor de 500 pesetas. En 1863 su propietario es Juan Laina.

NÚMERO 9: En 1922 figura como propietario Pascual Alonso Herráiz,  adquirida por herencia de sus padres, con un valor de 600 pesetas. Linda por la derecha con casa de Juan Pablo Alonso, izquierda otra de Antonio Costero “el tío Guarranga”, y espalda otra de Federico Herráiz. En 1863 su propietario es Mariano Castillo.

C/ Real 11 y 13

NÚMERO 11: En 1922 figura como propietario Antonio Costero ” el tío Guarranga”, ocupada luego por su hijo Florentino “el tío Coloraó” , con un valor de 500 pesetas. Linda por la derecha con Pascual Alonso, izquierda Felipe López, y espalda Pascual Alonso. En 1863 su propietario es Marcia García.

NÚMERO 13: En 1922 figura como propietario Felipe López “el tío Felipón”, suegro de Pedro Alonso Martínez, el “tío Periquillo”, con un valor de 600 pesetas. Linda por la derecha con Antonio Costero “el tío Guarranga”, izquierda herederos de camilo Alonso, y espalda otra de Pascual Alonso y Eustaquio Alonso. En 1863 su propiedad es herederos de Isidoro Herráiz.

C/ Real 15 y 17

NÚMERO 15: En 1922 figura como propietario Vicente Alonso del Amo, con un valor de 500 pesetas. Linda por la derecha con casa de Felipe López, izquierda otra de Francisco del Amo Pérez, y espalda otra de Eustaquio Alonso. En 1863 su propietario es Norberto Herráiz.

NÚMERO 17: En 1922 figura como propietario Francisco del Amo Pérez, con un valor de 600 pesetas. Linda por la derecha con Vicente Alonso, izquierda calle de Mediodía y espalda Eustaquio Alonso. En 1863 sus propietarios son Lázaro López y Pablo Alonso.

C/ Real 19 y 21

NÚMERO 19: En 1922 figura como propietario Mariano del Amo Herráiz, con un valor de 500 pesetas. Linda por la derecha con casa de Manuela López, izquierda otra de Francisco Herráiz, y espalda Manuela López. En 1863 su propietario es Felipe Laina.

NÚMERO 21: En 1922 figura como propietario Francisco Herráiz Sanz, con un valor de 600 pesetas. Linda por la derecha con casa de Mariano del Amo, izquierda otra de Patricio Montón, y espalda Patricio Montón. En 1863 su propietario es Julián Blasco.

C/ Real 23 y 25

NÚMERO 23: En 1922 figura como propietario Patricio Montón López, con un valor de 600 pesetas. Linda por la derecha con casa de Francisco Herráiz, izquierda Andrea Costero y espalda calle de la Carnicería. Esta casa era la posada, con entrada posterior y cuadras donde metían las caballerías los huéspedes, como los maranchoneros tratantes de ganado o vendedores de cera y pimentón. En 1863 su propietario es Tiburcio Sanz.

NÚMERO 25: En 1922 figura como propietaria Andrea Costero Pérez, domiciliada en Alcocer,  con un valor de 600 pesetas. En esta casa vivió la “tía Petrilla”, que era sobrina de Andrea Costero. Linda por la derecha con casa de Patricio Montón, izquierda calle Cantón, y espalda otra de Vicente Herráiz.

PARTE IZQUIERDA:

C/ Real 2 y 4

NÚMERO 2: En 1922 figura como propietario Antonio del Amo del Amo, el “tío Toro”, que era de una familia de cabreros, con un valor de 500 pesetas. Linda por la derecha con casa de Victoriano del Amo, izquierda callejón y espalda Victoriano del Amo. En 1863 su propietario es Demetrio Martínez.

NÚMERO 4: En 1922 figura como propietario Victoriano del Amo, con un valor de 500 pesetas. Linda por la derecha con casa de Santos Alonso, izquierda Antonio del Amo, y espalda Petra López. En 1863 su propietario es Pedro Antonio Herráiz.

C/ Real 6 y 8

NÚMERO 6: En 1922 figura como propietario Santos Alonso López, Padre de Alejandro, con un valor de 400 pesetas. Linda por la derecha con Olallo Guerrero, izquierda Victoriano del Amo y espalda otra de Petra López. En 1863 su propietario es Tomás Guerrero.

NÚMERO 8: En 1922 figura como propietario Olallo Guerrero Regidor, con un valor de 400 pesetas. Linda por la derecha con calle de la Unión, izquierda casa de Santos Alonso, y espalda Petra López. En 1863 su propietario es Manuel de la Presa.

C/ Real 10 y 12

NÚMERO 10: En 1922 figura como propietario Pedro del Amo Pérez, con un valor de 500 pesetas. Linda por la derecha con otra de Natalia Herráiz, izquierda calle de la Unión y espalda casa de Santos Alonso. En 1863 su propietario es Isabel García.

NÚMERO 12: En 1922 figura como propietario Natalia Herráiz Costero, con un valor de 500 pesetas. Linda por la derecha con callejón, izquierda otra de Pedro del Amo, y espalda otra de Mariano Costero (hijo de Bernabé). En 1863 su propietario es Santiago Noal.

NÚMERO 14: En 1922 figura como propietario Bernabé Costero López (quinto de 1888, midiendo 164 cms. Sale exento del servicio militar por ser su padre sexagenario. Hijo de Eugenio y de Juliana), con un valor de 600 pesetas. Linda por la derecha con casa de Eleuterio Laina, izquierda otra de Natalia Herráiz, y espalda otra de Venancio Costero (alcalde que hizo el puente de la fuente de los Caños). En 1863 su propietario es Antonio Alonso Blasco.

C/ Real 14, 14 y duplicado ,16 y 18

NÚMERO 14 DUPLICADO: En 1922 figura como propietario Eleuterio Laina del Amo con un valor de 500 pesetas. Adquirida por compra a herederos de Felipe López Sanz. Linda por la derecha con casa de Mónica Pérez, izquierda otra de Bernabé Costero y espalda corral de Crispín Costero. En 1863 su propietario es Felipe López Sanz.

NÚMERO 16: En 1922 figura como propietaria Mónica Pérez Sanz,  con un valor de 500 pesetas. Linda por la derecha con casa de Pedro y Zacarías Montón, izquierda otra de Francisco López, y espalda otra de Francisco Montón. En 1863 su propietario es Miguel del Amo.

NÚMERO 18: En 1922 figuran como propietarios Pedro y Zacarías Montón y otros,  con un valor de 600 pesetas. Linda por la derecha con calle Real, izquierda casa de Mónica Pérez, y a espalda callejón. En 1863 su propietario es Pablo Martínez.

C/ Real 20 y 22

NÚMERO 20: Solar. En 1922 figura como propietario Felipe López, el “tío Felipón”, con un valor de 40 pesetas. Linda por la derecha con casa de Gregorio Cortés Gómez, izquierda casa de Pedro y Zacarías Montón, y espalda otra de Mónica Pérez. En 1863 su propietario es José Alonso, figurando como casa.

NÚMERO 22: En 1922 figura como propietario Gregorio Cortés Gómez, con un valor de 400 pesetas. Linda por la derecha con Vicente Alonso, izquierda solar de Felipe López y a espalda casa de Eustaquio Alonso. Adquirida por herencia de su tía Juliana Cortés.

C/ Real 24

NÚMERO 24: En 1922 figura como propietario Vicente Alonso, con un valor de 500 pesetas. Linda por la derecha con casa de Pedro Alonso, izquierda casa de Gregorio Cortés y espalda otra de Patricio Montón. En 1863 su propietario es Felipe López Mazarío.

C/ Real 26

NÚMERO 26: En 1922 figura como propietario Pedro Alonso Martínez, el “tío Periquillo”, con un valor de 600 pesetas. Linda por la derecha con la Plaza, izquierda calle Real y espalda casa  de Patricio Martínez “el Cachena”.

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El Cristo en Madrid

En este primer post del año os vamos a contar como sobrevivió  a la  Guerra Civil, la escultura del Cristo que tenemos en la   iglesia de nuestro pueblo,  y que todos los años  preside y sale en procesión  durante la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, el 14 de septiembre. Seguro que algunos de nuestros lectores de más edad se habrán hecho esta misma pregunta. Vamos a tratar esta época que resulto tan trágica para la historia de España, porque hemos localizado unos documentos que creemos interesantes para la historia de Arbeteta.

Escultura siglo XVIII en madera tallada y policromada del Cristo perteneciente a la Iglesia de San Nicolás de Bari en Arbeteta.

Al comienzo de la guerra el Gobierno de la República crea la Junta de Incautación y Protección del Tesoro Artístico . Desde ese momento y hasta el final de la guerra, los miembros de dicha Junta trabajaron en la protección del patrimonio histórico-artístico, visitando palacios e iglesias donde se tenía conocimiento de la existencia de obras de arte, que examinaban, catalogaban e inventariaban, recomendando el traslado a lugares más seguros.

Esta Junta realizó el traslado de las obras del Museo del Prado del que todos hemos oído hablar. Las obras eran recogidas por técnicos auxiliares, que levantaban un “Acta de Incautación” por triplicado: una, para la entidad que ocupaba el edificio; otra, para el Ministerio de Instrucción Pública; y la tercera, para el Archivo de la Junta. Las obras que se incautaban se guardaban en grandes depósitos de Madrid que garantizaban su seguridad.

En el caso de Arbeteta nada más comenzar la guerra, un grupo de milicianos destruyeron el retablo de la iglesia, el órgano, archivos, ornamentos y mobiliario. Pero no destruyeron todo, ya que algunos vecinos se encargaron de retirar y esconder varias cosas del templo, como veremos, entre ellas el Cristo y la Cruz Procesional sobre las que trataremos en este post. Los distintos objetos salvados se protegieron en un principio en viviendas particulares y en las instalaciones municipales.

Cruz Procesional siglo XIX, metal plateado, repujada y cincelada.

En Madrid, y provincias limítrofes como Guadalajara, trabajaron para la Junta un equipo de técnicos, tres de sus principales miembros levantan el Acta de Incautación de Arbeteta: Vidal Arroyo Medina, Manuel Álvarez Laviada y Fernando Gallego. El primero era pintor, vecino de Toledo y concejal de esa ciudad por Izquierda Republicana; el segundo era escultor, primera medalla de la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid en 1930, siendo su obra más conocida el monumento a Manolete en la ciudad de Córdoba (1956); el tercero, era arquitecto y fotógrafo para la referida Junta y solía fotografiar todas las obras de arte incautadas. En el caso de las obras de Arbeteta, se almacenaron en el Museo Arqueológico de la calle Serrano en Madrid.

Como una imagen vale más que mil palabras os adjuntamos el Acta de Incautación del 9 de septiembre de 1938, donde podéis ver la clasificación, descripción de lo incautado y destino. Aparecen también los nombre de los 3 técnicos citados arriba. Decir que el Alcalde de Arbeteta era en esos momentos Cesáreo Blasco, aunque accidentalmente firme Manuel Alonso, el tío “Manolillo”.

Acta de incautación con los objetos custodiados.1938.

El Cristo y los demás objetos permanecieron en Madrid hasta el final de la guerra en los depósitos del Museo Arqueológico, que dependen ahora, una vez terminada la guerra, de la Comisaría General del Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional de la Dirección General de Bellas Artes, que comunica al Ayuntamiento de Arbeteta que pueden retirar los objetos de la Iglesia.

Justificante del alcalde Manuel Montón autorizando a Florentino García la recogida de los objetos pertenecientes a la iglesia de Arbeteta.

En 1940 el Alcalde de Arbeteta es Manuel Montón y tiene que buscar una persona de confianza para que recoja las obras de la Iglesia que se hallan en Museo Arqueológico de Madrid. Lo encuentra en Florentino García del Amo . El 27 de mayo de 1940, el Alcalde Manuel Montón firma un justificante en el que “se autoriza al portador de la presente, para que recoja los objetos pertenecientes a la Iglesia de esta localidad, que se reseñan en la adjunta factura”.

Justificante del párroco Anselmo Díaz

Ese mismo día, también el cura de la parroquial, Anselmo Díaz Álvarez, firma otro justificante en el que autoriza “al portador de éste para que se haga cargo de los objetos pertenecientes a la Iglesia de Arbeteta, y que se detallan en la adjunta factura, que según la presente comunicación ya están clasificados”.

El 31 de mayo de 1940, Florentino García del Amo, en representación del Ayuntamiento de Arbeteta, comunica a la Comisaría General del Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional, “que teniendo noticia de que existen en el depósito del Museo Arqueológico los objetos que se relacionan en documento adjunto, y a cargo de dicha Comisaría, solicita se sirva disponer para que le sean devueltos, con arreglo a las disposiciones de la orden del 31 de mayo de 1939″.

Recibo de entrega de los objetos custodiados de la iglesia de Arbeteta a Florentino García.

Curiosamente el recibo de entrega que vemos arriba, tiene fecha de 23 de abril de 1940 y es firmado el recibí por Florentino García del Amo. No sabemos a qué se debe ese baile de fechas, porque primero se hace la entrega y después las autorizaciones. Pero lo importante es que el Cristo y los objetos de la Iglesia volvieron a Arbeteta, y son los que contemplamos todos los años en la procesión del 14 de septiembre.

Os preguntaréis ¿quién era Florentino García del Amo?, ese hombre de confianza del alcalde y del párroco. Aunque no tenemos documentos que lo acrediten, creemos que vivía en Madrid, lo que facilitaba todas las gestiones realizadas con los objetos custodiados. Lo que si sabemos es de su familia en Arbeteta, era hijo de Romualdo García y de Victoria del Amo (la “tía Pacosa”, hermana del tío Martín, el marido de la tía Bruna). También era hermano de Santiago García del Amo, “el Patano”, casado con Inés, de Armallones, al que vimos como el último habitante de la Casilla en el post de las carreteras de la Casilla y Valtablado.

Procesión del Santo Cristo el 14 de septiembre 2018.
Procesión del Santo Cristo el 14 de septiembre. Años 80

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Navidad 2020

 

Adoración de los Reyes Magos 1612 – 1614. Juan Bautista Maíno. Pintor alcarreño nacido en Pastrana.

A pesar de la tormenta y las nubes negras de estos tiempos pasados, caminaremos por nuestras vidas buscando la ilusión y la alegría en nuestros corazones.

                         Os deseamos                          

 ¡ Feliz Navidad  y Próspero año 2021!

 

 

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Sucesos de Arbeteta

Como todos los pueblos, Arbeteta cuenta también con numerosos sucesos, su monótona tranquilidad  era sacudida de vez en cuando por sucesos extraordinarios y dramáticos que los vecinos vivieron de una manera directa y que se quedaron grabados en su memoria. En este post os presentaremos una muestra de estos sucesos.

EXPLOSIÓN DE UN ARTEFACTO

El 23 de mayo de 1939. La guerra civil ha terminado hace pocos días. En casa de Sinforosa García (a Sinforosa la encontramos en el capítulo de cabras y cabreros) se encuentran unos jóvenes de Arbeteta: su hijo Eleuterio del Amo García, soltero de 24 años, Agapito del Amo López, Jesús Alonso Fernández, soltero de 22 años, y Antonio Costero, soltero de 21 años. Estaban, según sus declaraciones, manipulando un pistón de mortero, que habían encontrado en el pajar de la casa de Federico Herráiz (esta casa “había sido destinada por el comité rojo de la localidad” durante la guerra, para almacenar bienes requisados y alojamiento de tropas). Este pistón debió ser abandonado por las tropas, y al ser manipulado se les cayó al suelo y estalló, resultando heridos los tres últimos. La explosión se oyó por todo el pueblo, incluso desde el camino de Villanueva, como nos indica un testigo.

Dibujo de seguro de galleta de polvora.

 

Granada de mortero Valero utilizada en la guerra civil

Los cuatro declaran lo que va dicho ante el Juez Municipal, Federico Herráiz, que solicita un informe al médico de Arbeteta, Pedro Martínez Sierra. Éste informa, el 24 de mayo,  que ha reconocido a Antonio Costero, el herido más grave, que perdió dos falanges del dedo pequeño de la mano izquierda y múltiples heridas en el cuerpo, producidas por la metralla de la explosión de un artefacto de pequeña potencia. Se equivoca con el nombre, porque después, el 29 de septiembre, el Juez de Cifuentes solicita nuevo informe a este facultativo, pero sobre las heridas de Jesús Alonso Fernández. El 19 de octubre este doctor, acompañado de su colega de Villanueva de Alcorón, Antonio Bravo Ortega, informan que han reconocido a Jesús y le han encontrado restablecido de sus heridas, quedándole la pérdida de las dos falanges del dedo pequeño de la mano izquierda, que no le imposibilita para continuar en trabajos agrícolas, a que se venía dedicando. El 29 de octubre ordena este Juez que dichos facultativos informen los días que han necesitado asistencia los tres heridos, los que han estado impedidos para sus ocupaciones, y si han perdido algún miembro o les haya quedado impedido para el trabajo. Queda claro que ese día no les tocaba, o fue su día de suerte.

MUERTE EN EL CAMPO

La noche del 21 de abril de 1950, Jesús Costero López, de 72 años, pastor y vecino de Arbeteta, no acudió a su domicilio. Se da la alarma y los cabos 1º  de la Guardia Civil del puesto de Arbeteta, Ramón Hidalgo y Enrique Romance Herrando; los guardias Juan Alguacil  Vázquez y Anselmo Calvo Moreno, así como muchos vecinos del pueblo, salieron en su búsqueda. Se formaron varios grupos de búsqueda por distintas  direcciones por las que se creyó que podía estar.

Sello del puesto de la Guardia Civil de Arbeteta.

A las 8 de la mañana del día 23 fue hallado su cadáver en el sitio denominado “La Rascosa”, tendido en el suelo en posición de cubito prono, junto a un chaparro, y a dos pasos de él una garrota, deduciéndose por los síntomas, que la muerte le pudo sobrevenir de manera casual. Por todo ello, el Juez de Paz de Arbeteta, Federico Herráiz, lo notifica al Juez de 1ª Instancia e Instrucción de Cifuentes. Jesús Costero era hijo de Juan Costero y de Serapia López, y viudo de Cirila García del Amo. Padre de Vicenta y Marcas primera casada en Francia; la segunda era soltera, residente en Arbeteta.

ROBO DE OVEJAS

Arbeteta 1 de marzo de 1902, Faustino Herráiz Alonso vecino del pueblo,  ha dejado cerradas sus ovejas en su paridera. Esa noche las visitan los cuatreros y roban 24 de ellas. Os podéis imaginar la que se organizó y la alarma que supuso en el pueblo. Según su denuncia,  las ovejas robadas son las siguientes:

Cuatro ovejas mayores preñadas, cuatro borregos, un carnero semental, una parida sin cordero. catorce cabezas de las que ignora las edades, pero todas con la señal siguiente: oreja derecha horquilla y mosca, y la izquierda mosca sola; alguna herrada en la nariz con la letra F y la empega B.

El robo supuso la alarma de todos los vecinos, y en especial la de los ganaderos. Pasaron los días y no aparecían. El Juez de Instrucción de la Villa y Partido de Cifuentes, Manuel González Ruiz, publica el 13 de marzo de 1902 una requisitoria, rogando y encargando a todas las autoridades, civiles y militares, y que los agentes de policía judicial procedan a la búsqueda del ganado lanar. La búsqueda no debió tener éxito porque la Gazeta de Madrid del 21 de abril de 1902 publicaba para su búsqueda  la requisitoria del Juez de Cifuentes. No sabemos si aparecieron, aunque nos tememos que Faustino se quedó sin ovejas.

MUERTE EN LA CARRETERA

Arbeteta, 5  de mayo de 1953. Agustín Aguado Herráiz, vecino y cartero de Arbeteta, se presenta a las 4 de la tarde ante el Juez de Paz, Salvador Pérez, denunciando el hallazgo de un cadáver en el kilómetro 1,100 de la carretera de la Casilla, en término de Arbeteta. Este Juez lo comunica inmediatamente al Juez de 1ª Instancia e Instrucción de Cifuentes. Al día siguiente este Juez toma declaración a Agustín, que declara que “cuando venía de la Casilla donde recoge el correo en dirección a Arbeteta, y alrededor de las tres y media de la tarde, vio a una mujer reclinada en la cuneta de la carretera (…) que se acercó a la misma y reconoció a Teresa López, vecina de Peralveche; que la llamó, y como era sorda le dio con el pie para saber si estaba dormida o enferma, y enseguida se dio cuenta que debía  estar muerta, por lo que retrocedió en su camino en busca de Pilar Costero y de Eusebio Martínez, que sabía que venían detrás; que los tres juntos volvieron a mirar el cuerpo de Teresa, y persistiendo en la creencia de que era cadáver, el dicente se vino en la bicicleta a dar cuenta a las autoridades locales, dejando en custodia del cuerpo a las dos personas mencionadas”.

A continuación declara el marido de Teresa, Faustino González García, vecino de Peralveche, labrador, de 69 años y dice que está casado con ella desde hace 20 años. Añade que Teresa llevaba dos días queriendo venir a Arbeteta, pero que él no la dejaba por su avanzada edad, y que ese día debió aprovechar que él había salido, para cumplir su deseo de venir a Arbeteta, a pesar de que a su hijo Hilario lo había visto hacía poco tiempo. Añade que nadie le tenía mal querencia, por lo que debió ser una muerte natural.

Hilario Téllez señalando la torre cuando el Mambrú fue derribado por un rayo 1985.

Seguidamente declara Hilario Téllez López, hijo de Teresa, de 48 años, casado, vecino de Arbeteta y carpintero. Narra sus movimientos desde que se enteró por el cartero. Dice que su madre estaba casada en segundas nupcias con Faustino González, y que se llevaban bien. Que del primer matrimonio Teresa tenía, además de a Hilario, a Florencio, que residía en Lorca, y a Ángela con residencia en Lérida. Que no cree que le tuviera nadie mal querencia o deseara su muerte, y que en su opinión la muerte se debió a causas naturales. Al día siguiente el pueblo de Arbeteta, dando muestras de dolor, acompañó a la familia en el sepelio de Teresa.

ROBO DE TRIGO

En la noticia de abajo del juzgado de primera instancia de Sacedón, a 21 de mayo de 1880, aparece un paisano nuestro por una denuncia por hurto de trigo. Era común este tipo de robos ya que hablamos de una época en el que la vida era dura y que difícilmente llegaba la comida para toda la familia.

La noticia de abajo también es del mismo juzgado que la anterior, pero han pasado 4 años, es de marzo de 1884 y nos indica que el mismo paisano, o sigue encausado por el mismo delito, o volvió a delinquir.

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El Horno de Miera

El objeto principal de este post es dar a conocer ciertos vestigios de la arqueología industrial que hay en el término municipal de Arbeteta, en este primer capítulo trataremos “los hornos de miera“. Debido a que este tema no lo hemos tratado con anterioridad, trataremos de dar toda la información que tenemos, antes de que desaparezcan de nuestro patrimonio, que nos dan identidad y que hablan de nuestra historia. Para ello hemos tenido la colaboración de Esperanza López y José Luis Cabellos, así como el inestimable testimonio de Ambrosio López*.

Hemos de decir que la miera, es el aceite de enebro que usaban regularmente los pastores para curar las enfermedades del rebaño, las heridas que se hacían los animales en sus desplazamientos por el monte, y sobre todo, para curar la  roña o sarna del ganado. Este aceite no podía faltar del zurrón del pastor, bien en una pequeña botella, o bien en un cuerno.

Hay dos tipos de enebros que seguramente conoceréis: el enebro común (juniperus comunis), que posee frutos negros; y el enebro “de la miera”, enebro hembra o “enebra” (juniperus oxycedrus), que tiene los frutos rojos. Este último es del que se sacaba el aceite de enebro, un líquido viscoso, de color oscuro, de fuerte olor y sabor amargo.

Enebra (Juniperus oxycedrus)
Enebra (juniperus oxycedrus)

La obtención de este aceite se realizaba por la exudación, con la acción del calor sobre los aceites contenidos en los tocones viejos de los enebros. No servía cualquier parte del arbusto, sólo los tocones de los ejemplares muertos, o que fueron cortados años antes y que todavía almacenaban savia en su interior. El tocón se arrancaba y se limpiaba de tierra y piedras y después se reducía pacientemente a astillas con el hacha. El tocón se denominaba zocarra o socarra, palabra que a algunos os resultará familiar.

CONSTRUCCIÓN DEL HORNO

Elegido el lugar idóneo por sus materiales, se preparaba una gran losa de unos 2 metros a la que se le realizaban unos canalillos en forma de raspa de pescado, con una ligera inclinación para la salida del líquido. Sobre la losa se iba construyendo una campana con piedra barro y tejas, en cuyo interior se colocaban las astillas colocadas verticalmente, siempre sin corteza y que no fueran del tronco, ya que el aceite sólo está en las raíces. La campana se cerraba herméticamente con piedras, tejas y barro. Separado de la campana unos 50 centímetros, y cubriéndola, se construía la estructura circular que conocemos, con una cúpula con abertura superior para la salida del humo.

VISTA CENITAL DEL HORNO. LA SABINA TAPA LA OTRA “VENTANA” DEL ATIZADO

En el lado contrario a la salida del aceite se había construido la boca del horno y dos respiradores. Se llenaban de leña los 50 centímetros de separación de las dos construcciones y se les daba fuego. Este fuego debía ser intenso y continuo durante unas 15 horas. El trabajo consistía en mantener el fuego homogéneamente. El aceite se desprendía de las astillas y discurría por los canalillos hasta el recipiente dispuesto previamente. Después por decantación se separaba el agua del aceite puro de enebro. Después de dos o tres días se podían abrir las cúpulas y extraer las astillas convertidas en apreciable carbón.

El aceite se introducía en pellejos elaborados con la piel de machos cabríos, ya que éstos se adaptaban bien a los lomos de las mulas sin que se rompieran y se iba vendiendo por los pueblos de forma ambulante.

POR ESTA “VENTANA” SE ATIZABA EL HORNO Y SERVÍA DE RESPIRADERO

Ya vemos lo laborioso que resultaba la extracción del apreciable líquido. Se requerían manos muy expertas. Pero como la necesidad agudiza el ingenio, algunos vecinos de Arbeteta que tenían ganado encontraron el medio de hacer la exudación de las troncas de enebro de manera más “casera”. Tomaban un cántaro con boca ancha y lo llenaban de astillas de tronca de enebro, se invertía en un hoyo sobre una teja y se cubría todo él de una capa de barro. Se ponían ramas y hojas de pino secos y se prendía, manteniendo el fuego durante horas. El aceite salía por la teja al recipiente. Con ello se conseguía una porción del preciado líquido.

EN SU INTERIOR SE APRECIAN TIZONES, TROZOS DE TEJAS, PIEDRAS Y BARRO COCIDO.

La elaboración de aceite de enebro en Arbeteta no la menciona Sebastián Miñano en su Diccionario (1826), que si menciona que hay 10 alquitaras para resinas. Tampoco lo menciona en su Diccionario Pascual Madoz (1845), que habla de la “elaboración de trementina, pez, resina y aguarrás”. Posiblemente fuera una actividad ocasional, y en esos años no se realizara. Si hemos localizado el testimonio que D. Felipe Lamparero Quer, “industrial de Arbeteta”, vendía la “miera de enebro” a 25 reales la arroba en 1870.

Con el testimonio de Ambrosio, Esperanza y sus acompañantes han localizado la mierera del Ontolmo y nos dan el testimonio gráfico que os presentamos. Decir que esta Mierera se encuentra en las coordenadas UTM (ETRS89) X: 552.118; Y: 4.502.962. Las que están encima del huerto del “Tío Cuco” que nos indica Ambrosio, esperamos localizarlas.

VISTA CENITAL. SE PUEDE APRECIAR LA PROPORCIÓN CON LAS PERSONAS

TESTIMONIO DE AMBROSIO LÓPEZ BLASCO (89 años): LAS MIERERAS DE ARBETETA.

“Toda vez que nos hemos criado viviendo en estos parajes montaraces del municipio de Arbeteta, hemos descubierto entre otras variedades, como los viejos corrales derruidos de antiguas parideras, o de varios hornos de cal en zonas de canteras calizas, digo, unas chocantes construcciones que nos llamaron la atención, y que no éramos capaces de descifrar lo que significaban. Preguntamos a los abuelos y a nuestros padres. Ellos nos informaron que aquellas pequeñas construcciones circulares unas, o semicirculares otras, fueron hornos dedicados a la extracción de las cepas semienterradas de los enebros, de un producto líquido, algo denso, llamado miera.

Dicen los abuelos que este producto era mano de santo para curar las epidemias de sarna, que infestaban la ganadería, principalmente a las cabras, untando bien su piel entre su espeso pelaje, de ahí que en aquellos tiempos era muy interesante y valorado para sanar los cabríos.

Seguramente fuera también un buen antídoto para otros menesteres para otros menesteres, pero a nosotros sólo nos han contado lo que acabo de reseñar; y como tampoco hemos investigado por falta de fuentes fiables, ahí nos quedamos.

Como información fidedigna decimos que, pasado el barranco de La Cebadas, subiendo la cuesta hacia el Peñón del Ontolmo, hay un horno relativamente bien conservado. Y que frente a donde está la Virgen, por encima de los huertos del “tío Cuco”, asomando a la zona de Las Hijuelas, hay varios testigos de su existencia. Se supone que esos lugares eran propicios para su interesante explotación como un eficiente desinfectante para atacar algunas epidemias”.

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La matanza del cerdo

 

En el post anterior hablamos de la crianza y engorde del cerdo y como os prometimos, en este nuevo post os vamos  a contar “la matanza del cerdo”,  aunque no es la época apropiada, ya que suelen ser  en los meses de más frío . Pero dada las circunstancias tan extraordinarias que hemos tenido, no lo hemos podido publicar  antes .

BRUEGHEL, DICIEMBRE

El pasado de Arbeteta  no puede concebirse sin la crianza y matanza del cerdo. Las matanzas de hace 50 años poco tienen que ver con las de estos últimos años. Al hablar de ella, son muchos los recuerdos de mi infancia que me vienen a la mente. Por ello hablaremos de las de antaño, cuando la matanza era la fiesta familiar por excelencia , donde se reunían abuelos, hijos y nietos para celebrar la muerte del cerdo, incluso el perro y el gato, si los había en la casa. Era un espectáculo no sólo por lo sangriento, sino por la magnífica organización que suponen varios días de trabajo, en los que se movilizaba toda la familia. Tenía un lado festivo de celebración y por supuesto económico.  Pero vayamos al asunto que nos trae.

Los días previos:   Días o meses  antes  se habían traído a casa  unas  gavillas de  aliagas,
que  bien  secas  servirían   para el socarrado del cerdo.   El día  de  antes se cocían  en  el
caldero  las   cebollas     que  previamente se habían almacenado;   el olor de   las cebollas
anunciaba la fiesta próxima. En Arbeteta las morcillas siempre fueron de cebolla, sólo en los últimos años se hicieron de arroz. Estos días previos se reunía la familia y se invitaba a algún vecino. Los mayores, más expertos, elegían el día, preferiblemente tiempo de hielos. Se avisaba al matarife. En Arbeteta había varios. Mi abuelo Mariano López Cortés mató los cerdos de la familia y los de muchos vecinos.  El día anterior el cerdo ayunaba para favorecer el posterior lavado de las tripas. Se preparaban barreños, calderos, pucheros, cuchillos afilados , leña  y agua en abundancia.

2matanza cerdo

La matanza:  En Arbeteta era usual que al amanecer, antes de empezar, los participantes se tomaran unas copas de aguardiente de Morillejo y un bollo, luego iban a la corte a por el protagonista. Para sacarlo de la corte se le solía pinchar con un gancho con forma de “S” del que se tiraba hasta la mesa. El lector se imaginará los chillidos desesperados del cerdo ensartado en el gancho. A la vez se le ponía un lazo corredizo en la mandíbula para poder tirar de él. Conocí a un hombre muy hábil, que él sólo, entraba en la corte, le ponía al cerdo un cubo de comida y aprovechaba para cubrirle los ojos con el cubo, a la vez que con una mano le empujaba para atrás, obligándole a andar de esa manera hasta la mesa del sacrificio, para asombro de los presentes.
Era importante saber sujetar al cerdo sobre la mesa para que no se moviera y permitiese al matarife intervenir. Éste sujetaba el gancho con su muslo y los hombres de las patas, el cerdo seguía chillando. El matarife le clavaba el cuchillo en la arteria carótida y  manaba
un chorro de sangre. Una mujer veterana en estos asuntos, con un barreño y arremangada, iba removiendo con la mano sin parar, la sangre que caía en el barreño.
Esta operación se hacía para que no se cuajase y sirviese para la elaboración de la morcilla, “gran señora digna de veneración”, como diría el clásico. Era importante un buen drenaje de la sangre del animal, mientras su vida y chillidos se apagaban poco a poco.

1matanza

Limpieza:    A   continuación se   procede  al  socarrado con  las aliagas o   paja de  cereal, quemando la superficie exterior, para eliminar el pelo de la piel. Sin detenerse llegan  los
pucheros con agua hirviendo que lavan la piel, a la vez que los asistentes van raspando la piel con piedra arenisca, trozos de teja o   cuchillos poco   afilados.    Era importante  la limpieza de las orejas, el agua hirviendo y el rascado las dejaban impolutas. Las  pezuñas
se metían en uno de los pucheros con agua hirviendo con lo que salían mejor los cascos.
Seguidamente se abre el cerdo para retirarle cuidadosamente las vísceras. El estómago  y
los   intestinos se  echan en  barreños. Ahora  intervienen  las  mujeres  de  la  casa en   la
operación más dura de la matanza. Bajaban al río con los menudos a lavar las tripas en el agua gélida.  Ellas eran mujeres duras, muy duras,  que no se quejaban del olor   de  las
tripas, lo  peor para ellas  era  la  temperatura,  el intenso frío y la humedad.  Se  requería
habilidad  para   que   las tripas muy    limpias, pudieran  servir  para la  elaboración  de  los chorizos y morcillas. Sirvan estas líneas como homenaje hacia ellas.

Das geschlachtete Schwein

El cerdo se colgaba en una viga y se dejaba esa noche para que   se oreara y secara,   bien
guardado de perros y gatos. Lo primero y más urgente era enviar una muestra de distintas partes al veterinario de Arbeteta cuando lo hubo, o de Peralveche después, para
asegurarse que no tenía triquina. El veredicto lo solía dar al mediodía.
Desde tiempos inmemoriales a los niños se les dio la vejiga del cerdo, que atada hacía las
veces de balón, con la que jugaban. Otra cosa de la que disfrutaban los niños era el  rabo.
Hoy los cerdos se crían sin rabo, se lo cortan  cuando son  pequeños.  Antes  era  largo   y 
ensortijado, era el trofeo de los niños que se lo asaban ellos mismos y se lo comían.

Después de colgado, en Arbeteta llegaba la hora del almuerzo. En este punto las  mujeres
compaginaban el trabajo propio de la matanza con la cocina, ya que había que preparar la comida. Ésta consistía en unas gachas de almortas; de segundo, unos trozos de panceta
e hígado del cerdo, fritos con ajos en la sartén.

La tarde se dedicaba íntegramente a embutir las morcillas. Una vez embutidas se cocían
en el caldero, operación delicada, porque había que cuidar el fuego para que no llegase a
ebullición, ya  que se  romperían.    Durante la media  hora que  dura la cocción,   manos
expertas las mueven y van pinchando,  todo  un  arte.  Después se sacan del caldero y   se
cuelgan para que se vayan secando. El caldo  de su cocimiento también se    aprovechaba
para hacer sopas.
Al día siguiente el cerdo se descuelga y se descuartiza con cuchillo y hacha. Se  le  quitan
las mantecas, que se dejarán enranciar y servirán para hacer mantecados y añadir  a los
cocidos, a los que daban sabor cuando escaseaba la carne y el tocino.  Sobre  el  espinazo
se cortan las costillas por los lados, quitando  el espinazo. A  continuación se  quitan    los
lomos con un paño.  Se separan paletillas y jamones para curar y se prepara la carne para picar.

La denominada en Arbeteta “la tajá del marido no veas” (chuleta de aguja), también se picaba para chorizos. Toda la carne destinada para picar se picaba ese día. Los tocinos se echaban en sal y los lomos en adobo. El picadillo del chorizo mezclado con ajo, sal y pimentón se solía dejar otro día antes de embutirlo.  El tercer día se dedicaba enteramente al embutido de los chorizos.n la cocina ya se iban colgando las morcillas y chorizos para que se secaran. Todo  lo demás se echaba en adobo (costillas, careta, manos) o sal (huesos, espinazo). 

ARTESONADO DE LA COCINA

Unas semanas después de la matanza llegaba otro día festivo en las casas: era el día que
se freía para la olla.  Las costillas adobadas y  secas se  freían y se echaban  en  una  olla
con el aceite de su fritura. Lo mismo   se hacía con los chorizos y con el lomo, que había
sido previamente cortado en rodajas.  Ese día se comía bien en casa,  porque  se   comía
esa fritura, que era   guardada en la olla para el verano,  cuando  llegaban  los   trabajos
fuertes de la siega, la trilla, etc.  El sacrificio del cerdo se  había convertido en  un ritual desangre, muerte y vida.

“El presente” en Arbeteta: al día siguiente de la matanza   se hacían unos lotes con    una
morcilla,  un  trozo de hígado,  un  chorizo, un  trozo de careta y algún otro detalle,  y    se
llevaban como obsequio a familiares y allegados. A eso se llamaba “el presente”. Era  una
forma  de  intercambiar productos  del  cerdo  que no  se podían conservar. Y   cuando  el
obsequiado mataba su cerdo, devolvía un presente parecido. De esta manera  los  vecinos
de Arbeteta pasaban buena parte del invierno comiendo matanza, que de otra manera no se podría.  Lógicamente,  el vecino  hacía su  “presente”  esperando   correspondencia,
porque si no, como dice el refrán: “manos que no dais ¿qué esperáis?”.

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El cerdo: crianza y engorde

Empezamos este año 2020 con un post en el que os vamos a contar  con todo lujo de detalle la crianza, el engorde y la matanza del cerdo.  El cerdo es un animal que ha estado muy unido  a nuestros antepasados. Por lo extenso del tema lo vamos vamos a dividir en dos post.

El cerdo ha sido, hasta fechas muy recientes, un animal esencial en la economía doméstica de los vecinos de Arbeteta. Se fue convirtiendo del animal impuro de la antigüedad a ser el mejor amigo del hombre. La fecundidad de la especie hizo siempre fácil su multiplicación, no había vecino que no pudiera criar un cerdo cada año, procurándose de este modo un alimento suculento, nutritivo y poco costoso, ya que sin tocino, manteca ni carne, estarían condenados a comer gachas y pan seco.

Comienzan los fríos de finales de otoño y con ellos una de las actividades más importantes del invierno en el pueblo: la matanza. Decimos importante porque era el principal aporte de proteínas y calorías a la despensa de la casa. “A todo cerdo le llega su san Martín” (11 de noviembre). Era la fecha en que comenzaban las matanzas, siempre en función del tiempo, que requería frío, hielo, escarcha y poca humedad.

Pero vayamos al principio, a la adquisición del cerdo para su engorde. La compra tenía lugar en los meses de septiembre y octubre, por tanto, a la hora del sacrificio el cerdo tenía  14 meses .  En estos meses  llegaban al pueblo los gorrineros con su camión repleto de pequeños cerdos “morellanos”; los cerdos de Morella eran muy apreciados, era una raza actualmente extinguida, familia del conocido cerdo ibérico.

Antes de la guerra , los gorrineros y sus piaras se alojaban en la posada y las cuadras  de la tía Consolación. Después de la guerra los vecinos solían acudir para su adquisición a Cifuentes,  a  la feria ganadera del 23 de octubre. El vecino que disponía de más recursos podía comprar hasta dos cerdos, aunque lo habitual era comprar uno, en cualquier caso, era preciso tener corte donde alojarlos y alimento con que engordarlos.  La corte era un habitáculo pequeño y bajo , donde el cerdo vivía  tranquilamente los siguientes meses, esperando su  comida  y  limpieza diaria,  esto último lo hacían los chicos de la casa y se llamaba “sacar la corte”,  se le echaba paja limpia para que pudiera tumbarse. La  única función que tenían era comer y dormir de ahí la expresión tienes “la vida del cerdo”.

Hemos de decir que, al igual que otras pesadas cargas, el cuidado del cerdo corría a cargo de la mujer: Algunas de nuestras vecinas tenían hembras reproductoras ( yo he visto la que tenía la tía Isidora Costero , con sus lechones blancos y negros).  Las últimas cerdas las tuvieron “la tía Julia ( Julia Alonso) , Cipriana Costero, que tenía 3 o 4 cerdas, la tía Ignacia , la Eusebia y su marido Juan Aguado “el Juanillo”  ; el verraco lo tenía Feliciana Alonso. Se calculaba cuando convenía que pariese la cerda para llevarla al verraco. A los chicos les hubiese gustado supervisar esta operación , pero las mujeres se encargaban de echarlos.  La cerda cuando queda preñada se la separa del verraco y se pone en una corte sola, limpia y bien alimentada. Después de 16-18 semanas pare, por lo que puede tener dos partos en un año. Recién parida convenía alimentarla bien para que no se comiese sus propias crías. A los 15 días a los lechones  ya se les permitía salir de la corte a pasearse por el corral. Para el destete se les daba harina desleída en agua, con un mes  se les empezaba a dar comida normal apartados de otros cerdos.

Los vecinos de Arbeteta cuidaban muy bien a sus cerdos, sembraban algunos alimentos exclusivamente para ellos. Les sembraban calabazas, en los barbechos, recordamos que las calabazas ya se ponían con velas dentro antes de que apareciera  halloween. Con la carne de calabaza y restos de miel se elaboraban los “cachos” ( niño, no comas más, que luego te duele la tripa- nos decían). También  sembraban remolachas; de las patatas sembradas se usaban las pequeñas, llamadas “gorrineras”. Al cerdo también se le echaban las mondas de las patatas y toda fruta o verdura que sobrara.

Diariamente el ama de casa ponía un caldero en el fuego de la cocina para cocer el alimento del cerdo, después de cocido lo vertía en la gamella, le añadía una porción de salvado y lo machacaba todo con un mazo, mezclándolo bien. A los niños nos gustaba el olor del guiso, especialmente si nos daban una pequeña patata. Cuando la comida estaba lista, se soltaba al cerdo, que acudía con ansiedad. A los muchachos también nos mandaban en primavera a coger gamones tiernos, que también terminaban en el caldero. El modo de engordar el cerdo es uno de los puntos más importantes del régimen económico del animal, pues de él dependerá  el beneficio que sacará el vecino.

En  Arbeteta la “porcá”, o dula de cerdos,  nos consta que la hubo hace muchos años.  El sistema era el mismo que la dula de las cabras. Se soltaban diariamente los cerdos y algunas vecinas por turnos los bajaban al río, donde pasaban el día comiendo ortigas y lombrices y dándose baños de barro antes de volver a su corte.

Con el fin de que engordara el cerdo y la carne cogiera buen sabor era preciso caparlo, y así el tocino “cogía gusto”.   A los pocos días de su compra sonaba por las calles de Arbeteta un chiflo similar al del afilador, pero con otra melodía: era el capador. “El que más chifle, capador”, decía el refrán. La pequeña operación duraba unos segundos. El capador sujetaba al cerdo y con su cuchilla especial, ¡zas! Se desinfectaba en un principio con agua y sal , a  las hembras también se las capaba. En los años 40 el capador cobraba en Arbeteta 1 peseta por cada macho y 1’5 por cada hembra, porque era más dificultoso. Los capadores que iban a Arbeteta antes de la guerra y en la posguerra venían de Salmerón. Primero vino Mariano, y luego Domingo. Cada uno venía por su cuenta, y ambos llegaban montados en un caballo.

Cuando los niños del pueblo oían el chiflo del capador les entraba el miedo, procuraban esconderse y no aparecían hasta que se iba. Para los chicos era un personaje tenebroso, porque los mayores les bromeaban con que les iban a hacer lo mismo que a los cerdos. Los capadores de Salmerón también hacían su labor con mulos y caballos. Para carneros o machos cabríos, en Arbeteta se encargaba con habilidad el tío Paulino (Paulino Costero), que de joven estuvo de pastor con el ganado de su padre, Venancio Costero, alcalde de Arbeteta en 1931, aparece su nombre en el  puente de la fuente de los Caños. Antes lo hacía Félix Mañas, el veterinario que vivía en Arbeteta, y al que ya hemos visto en otro capítulo de este blog.

Cada casa ha criado, hasta los años 50-60 del siglo pasado, los cerdos de manera artesanal. Sólo a partir del decenio siguiente, con el despoblamiento y el abandono de las tierras por los cambios de cultivo, se pasó por los últimos amantes de la matanza, a la adquisición del cerdo criado en granjas industriales. Y ya, ni eso. Dejamos al cerdo engordando en su corte al cuidado del ama de casa. El cerdo ya ha engordado lo suficiente y se acerca el día de la matanza, pero eso ya es para  otra historia.

 

 

 

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