Reales Provisiones de Arbeteta en el siglo XVIII : El vino

CARLOS III. Anton Rafael Mengs (1774). Museo del Prado.

En este primer post del año 2019  hemos elegido un tema mas  serio,  pero no por ello menos interesante. Os vamos a contar que impuestos tenían que pagar  nuestros  tatarabuelos y  en que  productos  recaían . Lo vamos a dividir en 3 partes

Pero vayamos a la primera: La Real Provisión sobre el cobro del impuesto del vino. Es de Carlos III, del año 1772  y la hemos encontrado en el Archivo Histórico Nacional (AHN CONSEJOS, 27662, EXP 1).

 

 *Transcripción por Juan Luis López Alonso

En primer lugar hemos de decir que la Real Provisión era un documento de los más solemnes, que emanaban de la autoridad Real, y que se mandaban desde la Corte a diversos puntos del Reino, en este caso a Arbeteta. Se usaba generalmente para otorgar los títulos de nombramientos, concesiones de gracias, mercedes, ordenanzas, títulos de villa, ciudad, nobleza, etc. Tienen un origen medieval, y se seguirán utilizando durante el siglo XVIII sin cambios significativos.

El encabezamiento de la Real Provisión contenía la intitulación, es decir, la presentación del respectivo Rey con todos sus títulos, precedido del tratamiento de “Don”, el cargo (rey), y la enumeración de sus reinos y señoríos, siempre en el mismo orden. Después de éstos venían las fórmulas de salutación “salud y gracia” o “a vos…salud y gracia”. Proseguía con el asunto tratado, y concluía con la validación de todo ello por el secretario real o escribano de cámara. En ocasiones figura la firma real, no es el caso de las que presentamos.

Tinaja de vino con  una cuartilla

Antiguo botillo de vino

 

Recordará el lector que para la construcción de la torre de la iglesia se decretó un impuesto de 4 maravedís por azumbre de vino para recaudar dinero para la edificación de la torre, incluido el Mambrú.

Los pleitos entre los vecinos de Arbeteta han sido muy numerosos, esto   es lo que nos ha permitido disponer de documentos para poder hacer este blog, con el rigor histórico con el que lo hacemos.

Esta Real Provisión ofrece algunos datos interesantes de Arbeteta: no había cosecha de vino, y los vecinos tenían que ir diariamente a por él a la taberna. Tenemos que tener presente que el vino era entonces un producto de primera necesidad, casi a la altura del pan. También nos dice que en el horno de vidrio (tema que trataremos próximamente)  trabajaban 20 o más personas, que comían en el trabajo. Por ello, Baltasar Carrillo, propietario del horno, había acordado pagar una especie de iguala de 700 reales anuales en concepto del impuesto de sisa (de ahí lo de sisar) por el vino al Ayuntamiento, y de esa manera poder traer vino en gran cantidad para su consumo. El resto de los vecinos se tenían que abastecer diariamente de la taberna.

Giacomo Ceruti, “La spillatura del vino” (dett.), circa 1730.

La taberna era municipal, y salía anualmente a remate por el Concejo. El vecino, o forastero en quien recaía el remate se comprometía al abastecimiento del vino de buena calidad, que debía ser probado y comprobado, para ver su calidad, antes de que los arrieros transportistas lo descargaran en la taberna. En el remate se especificaba el origen del vino que vendería el tabernero y el precio al que tenía que venderlo al público.

El vino era la bebida más ordinaria del hombre de la época, y al mismo tiempo la más variada, además de ser tónico, fortificante y nutritivo. Bajo estos aspectos, no puede dejar de ser saludable. Los antiguos le atribuían la facultad de fortalecer el entendimiento, pero a su vez, los excesos del vino han excitado en todos tiempos la censura de los legisladores.

La Era, o el Verano, (detalle). Francisco de Goya. 1786. Museo del Prado.

En el siglo XVIII era normal que el Concejo contara con un vecino que ejercía el oficio anual de escanciador. Cuando se hacían los diversos remates del Concejo, solía entrar en el pago alguna arroba de vino, para “refresco” de los vecinos, acompañado de algunos panes, y algún queso en ocasiones. El Concejo contaba incluso con los vasos del concejo. En estos “alboroques”  decía  el Ayuntamiento a menudo, que sólo “se diera a cada vecino sólo dos veces de beber”, encargándose del reparto el escanciador. Era la ocasión de que los pobres comieran y bebieran ese día con gran algazara; para ellos cualquier ocasión era buena.

 

 

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