De las mulas y otras historias

Llevamos muchos post en los que hemos tratado diferentes temas, pero sentimos una ternura especial al tratar a este inteligente animal, la mula parda de carga, a la que algunos intentaron educarla a palos. Lo malo de España, como decía Umbral, nunca han sido los mulos, sino los muleros, como lo malo del caballo de Pavía no era el caballo, sino Pavía.LA MULA-4

De vosotros los lectores dependen que se puedan conocer y conservar estas historias y tradiciones de Arbeteta, antes de que el paso del tiempo los borre para siempre “…todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia”, como decía el replicante Roy Batty. Pocos son los que ignoran la importancia que tuvo en Arbeteta un precioso animal como la mula. ¿Qué hubieran hecho nuestros antepasados sin las mulas?

La mula es un animal que nace del apareamiento del asno con la yegua, o del caballo con la burra: en el primer caso resulta un verdadero mulo; y en el segundo, el burdégano o macho romo. Han sido más utilizadas las que provienen de asno y yegua. Su cría no se producía en Arbeteta.

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Muletero de Maranchón

 

Lo habitual era comprarlas a los muleteros de Maranchón, que eran los comerciantes tradicionales de estos animales, como podemos ver en el  grabado adjunto y en el contrato de venta de un macho a Pascual Alonso Herraiz , marido de Angela Cortes. Después de la guerra civil las traía un vecino de Sotoca y le sucedieron sus hijos.

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Contrato de compra venta de una mula de Pascual Alonso Herraiz. Año 1.929

Tuvo la mula una gran aportación a la agricultura de Arbeteta por ser incansable cara al trabajo duro. Parece ser que la mula, aunque tiene una larga historia de convivencia con el hombre, no es fácilmente domesticable y parece ir por libre. Si eran bien tratadas eran cariñosas, especialmente con las mujeres, se decía. Fueron un signo de riqueza en función de los pares de mulas que mantenían los vecinos, llegando a ser signo de ostentación.

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Juan Luis López Alonso a lomos de una mula. 1966

Es un animal que tiene ventajas sobre sus progenitores: se mantiene en todos los climas, es más sobria que el caballo, soporta mejor el hambre, es menos delicada en el alimento, vive más tiempo. Tiene del burro la seguridad de sus patas, su buena salud, soporta más peso que el caballo, rara vez tropieza por sendas tortuosas y estrechas, por lo que es idónea para el acarreo de cargas viajando por terrenos montuosos y difíciles, sin ser tan cobarde como el burro. Es animal obstinado, terco y astuto. “terco como una mula”, se suele decir. Aunque los machos y las hembras dan algunas veces signos manifiestos de celo, se les considera a ambos estériles.

Al igual que con las cabras, en Arbeteta las mulas tenían su dula. A ella se llevaban junto a caballos y burros los días que no trabajaban y los días de fiesta. En época de trilla las llevaban de noche con el pastor. En primavera se guardaban las eras para que pastaran las mulas en mayo, pasando después las ovejas.

Se recuerdan como pastores de la dula a Genaro Alonso, “El Genarillo”, y su hermano Mariano Alonso. También lo fueron Eusebio “El Zaborro”, de Valtablado del Río, y sus hijos Sebastián y Juan. En Arbeteta se han utilizado las mulas para las labores agrícolas como el arado, trillado, acarreo de la mies, así como la arriería y el arrastre de maderas.

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Arando

Ya tratamos en otro post sobre los arrieros. Mencionaremos aquí a Manuel Miguel Rojo Alonso (bisabuelo de Gregorio Blasco Rojo, 1869–1913), que nació en 1776 y fue Alcalde de Arbeteta en 1827. Estaba casado con María Ana Alonso Carrillo, hija de Antonio Alonso Alonso y Tomasa Carrillo Costero. Lo encontramos al frente de un grupo de arrieros que con un gran número de mulas traían mercancías, armas y municiones para la 5ª División (del Empecinado) desde el puerto de Alicante hasta tierras de Guadalajara, llevando una recua de más de 20 mulas en marzo de 1812. En mayo de ese año lo volvemos a encontrar ya en Alicante con sus mulas. La Junta Superior de Gobierno, Armamento y Defensa de Guadalajara tiene que satisfacer “a Manuel Roxo y compañeros el débito que tienen a su favor de esta y anterior remesa importante 16.000 reales”. Cantidad muy respetable para entonces. La Junta tiene que “oficiar al Gobernador de la Plaza de Alicante con el citado Roxo y compañeros, para que si la Real Hacienda tiene existencias de tabaco de perfecta calidad, les entregue la cantidad que puedan cargar, y que para adquirir las clases que allí falten o no tengan a aquel precio, les permita pasar a bordo a verificar la compra de dicho género”. Como vemos, Miguel Rojo, las mulas y los muleros no paraban, teniendo que eludir a los franceses que ocupaban muchas zonas hasta la conclusión de la guerra.

Cuando escaseaban las labores agrícolas, los industriosos vecinos de Arbeteta seguían dedicando sus mulas a la arriería por lejanas tierras, como hacía Santiago Costero, que vendía una joven mula en Orense y le “desapareció”, como vemos en el Boletín Oficial de la Provincia de Orense de 5 de junio de 1851.

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Boletin Oficial de la provincia de Orense con la noticia de la desaparición de una mula propiedad de Santiago Costero. 1851

Otra actividad de las mulas era el arrastre de la madera, bien acercando los pinos hasta el Tajo, (hay un paraje denominado El Arrastradero), por donde los conducían los gancheros; o bien para sacarlos del Tajo en Aranjuez. A finales de primavera bajaban las maderadas dela sierra por el Tajo hasta Aranjuez, donde terminaba el trayecto. Muchos vecinos de Arbeteta, mientras llegaba la faena de la siega, bajaban con sus mulas a Aranjuez a lo que denominaban “la saca”.

Pues a la saca se dirigieron con sus mulos una cuadrilla de vecinos de Arbeteta. Era la primavera de 1909. Entre ellos iba Bartolomé Rojo Aguado (1867-1925) y su hija Leonor Rojo Costero (1895-1977), abuela materna del que esto escribe, y mocita de 14 años. Mientras Bartolomé y los demás hombres y mulas trabajaban duramente en la saca de la madera, Leonor se encargaba de prepararles el rancho en el campamento. Le llevaron un cesto con cangrejos.

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Leonor Rojo Costero-. 1919

Leonor no se había visto en otra, no conocía los cangrejos. Se acercó un paisano al campamento, y bromeando, le dijo a Leonor, que si se ponían rojos es que estaban malos. Los echó a la sartén, y como se pusieron rojos, los tiró con la sartén al río. Luego fue motivo de las bromas y risas del grupo.

Me contaba Leonor que el Aranjuez de 1909 le parecía un pueblo muy grande y maravilloso, un mundo muy distinto a su Arbeteta. Vio cosas que nunca había visto hasta entonces. Lo que más le impresiono fue el recién construido Mercado de Abastos, bien surtido de numerosos y variados productos, al que acudía con su padre a comprar los productos para sus guisos. Antes de subir a Arbeteta recuerda que su padre le compró unos zapatos. En el viaje de vuelta se llevaron a Arbeteta plantas de fresas de Aranjuez. Yo las probé con Leonor en la reguera del huerto que tenía debajo del castillo. Otros vecinos de Arbeteta también se traían plantas de fresas, por lo que algunos de vosotros seguro que las habréis probado sin saber su origen. Leonor volvió a Aranjuez en 1973 y recordó perfectamente el Mercado y me contaba estos sucesos.

Al lector le proponemos una adivinanza: la mula es hija de burro y yegua; el burro rebuzna y la yegua relincha. ¿Qué hace la mula?

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Una respuesta a De las mulas y otras historias

  1. Marisol dijo:

    Que bueno Juan Luis!!!!
    Muy buen trabajo, eres un crack!!!!

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