El Tejar de Arbeteta

En este nuevo post vamos a tratar sobre un material de construcción muy antiguo, que no ha sufrido cambios en los últimos 2000 años, y que protege nuestras casas, naves y parideras de las inclemencias meteorológicas y atmosféricas: nos referimos a las tejas.

Tejado Arbeteta

A simple vista podemos comprobar que todos los tejados antiguos de Arbeteta tienen el mismo color, sus tejas provienen del mismo tejar y del mismo barrero, “el tejar de Arbeteta”.

Una de nuestras primeras intenciones es localizarlo. Muchos saben de él, pero a la hora de la verdad no nos saben describir sus instalaciones. Ahora la vegetación lo cubre todo, se ha adueñado del tejar, por lo que su localización ha sido difícil.

Aclaramos para los que no lo sepan, que el tejar era un horno donde se fabricaban tejas, ladrillos y baldosas. Durante muchos siglos la ubicación del tejar ha sido la misma, porque se precisa que en su proximidad haya un terrero de tierra arcillosa y una fuente de agua, y en ese lugar lo hay.

Para localizarlo, el día 10 de junio de 2021, dejamos el vehículo en la pista que parte del kilómetro 23 de la carretera de Valtablado del Río en dirección este. Seguimos la pista bordeando el Pino Corona, a caballo entre los municipios de Arbeteta y Valtablado del Río. Después de 2 kilómetros llegamos al Collado del Yeso. En la pista vemos un panel informativo sobre los hornos del yeso, que están a 100 metros, en término de Valtablado. Frente al panel citado descendemos en dirección a Arbeteta por el barranco llamado del Tejar. No hay camino y descendemos entre pinos, romeros y aliagas.

Panel informativo de los hornos del yeso . Valtablado

Por este barranco ascendía el antiguo camino de Arbeteta a Valtablado por el Tejar, que partía del Peñón, frente a la Virgen, y subía a los Tilancos, como podemos ver en el mapa adjunto de 1899.

Mapa 1899

El barranco va seco, pero a medida que se desciende van apareciendo juncos, e incluso un chopo, que nos indican la humedad. Después de descender 600 metros, localizamos el horno y su edificio auxiliar, situados a 3 metros. Se encuentran en las coordenadas UTM (ETRS89) X: 551.667, e Y: 4.504.640.

Vemos los restos de una casa de unos 70 metros cuadrados con una puerta al sur y otra más pequeña al norte. Se ve que el edificio tenía dos funciones: alojar a los tejeros, por la puerta sur, y meter tejas sin cocer, por la puerta del norte, en caso de amenaza de lluvia. Esta puerta está a 3 metros del horno, y muy cerca de le era de secado.

El horno se encuentra lleno de vegetación sobre una pendiente próxima al barranco, hundido sobre el terreno y con pared de piedra revestida de barro en su interior. Tiene 290 cms de ancho, 240 de largo y 230 de alto. Estas medidas son las de la zona donde se colocaban las tejas para su cocimiento. Debajo de esta zona está el lugar donde se encendía el fuego, que tendría más de un metro de altura. En el exterior, en la cara que da al barranco,  se observa la hornilla de atizado. En la cara sur el horno tiene una puerta elevada por la que se introducían las tejas oreadas y se sacaban las cocidas.

Horno entre la maleza

La fabricación de las tejas se realizaba en los meses de verano, ya que el mal tiempo y la lluvia no permitían la elaboración de las tejas. No obstante los trabajos en el tejar comenzaban antes. Había que revisar, limpiar y reparar el horno y las instalaciones. Se acondicionaban las eras donde se secaban las tejas y se hacía una gran provisión de combustible, generalmente romeros y ramas de pino, que se almacenaban agavilladas en la cercanía del horno. El combustible debía estar bastante seco y no podía faltar durante la cocción. En ocasiones los tejeros encargaban esta labor de suministrar combustible a algunos vecinos, a los que luego pagaban en especie, es decir, con tejas. De igual manera, algunos vecinos pagaban las tejas a los tejeros con el grano de las eras.

Hornilla de atizado antes y después de limpiarla.

Los tejeros eran forasteros, generalmente de Valencia y Alicante, siendo contratados por el Ayuntamiento de Arbeteta. En los meses anteriores los vecinos iban comunicando al Ayuntamiento las necesidades que tenían de teja, y cuando se tenía un pedido suficiente, se contactaba con los tejeros. Ante un escribano se hacía una Escritura de Obligación entre el tejero y el Procurador del Ayuntamiento de Arbeteta. Generalmente el tejero se obligaba a lo siguiente (ponemos cantidades aproximadas):

  • A dar hechas en la Villa, para los vecinos de ella, 10.000 tejas (420 m² de tejado), a razón de 75 reales el millar, “labradas a toda satisfacción por oficiales que lo entiendan”.
  • Los tejeros han de venir a trabajar el tejar desde el día 1 de junio, y las ha de dar hechas y acabadas para el día de san Mateo (21 de septiembre).

El Procurador del Ayuntamiento de Arbeteta se obligaba en esta Escritura:

  • A que, acabadas que sean las 10.000 tejas, se le pagarán dentro de los 15 días siguientes a la entrega.
  • A que para empezar la obra de la teja, se le adelantan al tejero 400 reales el 1 de junio.
  • A que el tejero, todo el tiempo que estuviese en Arbeteta fabricando la teja, ha de ser horro y libre de cargas de vecino, sin que se le repartan tributos ni gabelas.

Además de otros pequeños flecos, ambas partes se obligan a cumplir la Escritura.

Preparado el almacenamiento de combustible, el tejero tenía que reparar el horno y las instalaciones. Especial cuidado requería la era de secado, situada al norte del horno. Esta era de unos 200 m² y debía estar sumamente limpia, alisada y con ceniza extendida y repasada con un rulo de piedra,  para evitar que se pegasen las tejas sin cocer.

Junto a la era se iba almacenando la arcilla que se extraía del barrero cercano, y se extendía para secarla, se la golpeaba con un pisón para deshacer los terrones. Después de unos días de secado se cribaba y se almacenaba para el amasado.

Barrero donde se extraía la arcilla.

Cerca de la era tenían una gran pila en la que se vertían unos 30 cántaros de agua de la cercana fuente. Sobre el agua se iba añadiendo la arcilla y se dejaba la mezcla toda la noche sin amasar y reposando. Por la mañana se amasaba, pisándola hasta tener una masa compacta, moviendo mucho las tortas de barro para que no quedaran dentro burbujas de aire.

Galápago

El siguiente paso lo realizaban dos personas sobre una mesa especial, en la que se colocaban los moldes para ir elaborando las tejas. Se iba espolvoreando ceniza (obsérvese la importancia de la ceniza) sobre la gradilla (molde), se llenaba de barro, se le pasaba el rasero, quitándole lo sobrante. De la gradilla se pasaba al “galápago” (previo espolvoreo de ceniza) que le daba la curvatura, para  después el otro operario  llevarlo a la era de secado. La posaba en el suelo junto a la anterior y le pasaba los dedos mojados por el lomo, lo que se puede ver en las tejas. En la era se secaban al sol durante varios días, antes de meterlas al horno.

Cuando estaban secándose en la era, la lluvia suponía un gran peligro porque arruinaba todo el trabajo. A veces las tenían que meter en el edificio auxiliar con mucha prisa, antes de que se arruinasen. La teja que se hacía en este horno era de 47 centímetros de larga, 22 de ancha por un extremo,  y 17 por otro, y 15 mm de grosor.

Las tejas crudas después se introducían en el horno, siendo muy importante su colocación vertical y bien ordenadas. Una vez llenado el horno, se tapaba la puerta de carga con piedras y barro. Encima de las tejas se ponía una capa de ladrillos cocidos y barro, dejando un pequeño orificio a manera de chimenea. Se encendía el horno por la hornilla. Sobre el fuego hay una bóveda con agujeros por donde subían las llamas. El horno se mantenía encendido unas 36 horas, atizándole continuamente hasta que el maestro tejero confirmaba por la parte superior que ya estaban cocidas de manera exitosa. Entonces tapaban con barro la hornilla y chimenea para que se mantuviese el calor, lo que ocurría al menos durante 10 días. Después se sacaban las tejas y se podían llevar en mulas al pueblo.

Hemos calculado cuantas tejas cabían en el horno. Su superficie aproximada era de 7 metros cuadrados. Las tejas bien colocadas de manera vertical caben 150 en un metro cuadrado, por lo que son unas 1.000 por capa. Con cuatro capas verticales, suman unas 4.000 tejas en cada cocido.

Tenemos noticias que este tejar funcionó de manera intermitente durante cientos de años, y se prolongó hasta los años 40 del siglo XX, según las necesidades de los vecinos. Los últimos tejeros se alojaron en la casa de Manuel Herráiz y Flora Blasco, que temporalmente se habían mudado a Peñalén durante unos años.

Trozos de ladrillos

En los alrededores del horno observamos que hay numerosos trozos de tejas, e incluso tejas pegadas producto de un mal cocimiento. Vemos que hay también trozos de baldosas, como las que hemos conocido en los suelos de la iglesia y numerosas casas de Arbeteta. También vemos trozos de ladrillos macizos, con unas medidas de 12 x 24 x 4 centímetros. Estos productos también se cocieron en el horno en distintas épocas.

Como en la visita vimos mucha vegetación, los mismos que lo visitamos la primera vez, José Pérez y Juan Luis López, volvemos el 22 de junio de 2021. El motivo no es otro que el de limpiar y adecentar el horno de tejas de toda la vegetación que lo cubre y lo rodea. Para ello llevamos las correspondientes herramientas. Con esfuerzo, sudor y una voluntad hacia lo que consideramos el patrimonio de Arbeteta, que debemos valorar y defender a ultranza, vemos por fin limpio el horno. Esperamos que las administraciones puedan llevar a cabo tareas similares.

Interior del horno

El 6 de julio de 2021 regresamos al horno y conseguimos asomarnos a su hornilla. Dentro se nos ofrece un espectáculo impresionante. Es la parte inferior del horno, el lugar donde se  encendía el fuego. Tiene la misma superficie  que la zona superior y una altura máxima de 180 cm. Sustentan la construcción tres arcos de piedra formando una cúpula, que habrán soportado el fuego cientos de años. Antes de irnos tapamos la boca de la hornilla con unas piedras para que no entren animales.

Nos resultó un triste espectáculo ver la situación en que se encontraban los hornos de la miera. La situación se ha repetido con el tejar. Estas construcciones forman parte de nuestro pasado histórico que sirvieron a nuestros antepasados. Las administraciones no han hecho nada por la recuperación de estos hornos, que están hundidos en el olvido que siempre ha existido de la cultura popular de estos pueblos.

Limpiando el horno

Vistas del horno ya limpio

Estos monumentos se podían reparar con un poco de preocupación y una mínima cantidad de dinero: los materiales de piedra y barro están allí, sólo se necesitaría un albañil mampostero. También se podrían poner señalizaciones y un panel informativo, indicando cómo funcionaban estos tipos de hornos, y como se obtenían los diferentes productos. Siempre existe la posibilidad de hacer un circuito por los distintos hornos, y cuyos visitantes participarían de los indudables valores paisajísticos y turísticos de Arbeteta, teniendo como objetivo principal la difusión de estas actividades industriales ya desaparecidas.

Juan Luis López Alonso y José Pérez Alonso ” con la satisfacción del trabajo realizado.

Hemos de agradecer la valiosa y ejemplar colaboración de José Pérez Alonso en la localización y limpieza del horno, sin él no hubiésemos podido escribir este post.

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5 respuestas a El Tejar de Arbeteta

  1. Moreno dijo:

    FANTÁSTICO TRABAJO Juan Luis y José !!!!

    👍👏👏👏

    Jaume

  2. Maricarmen dijo:

    Un gran trabajo de investigación y a su vez de alto riesgo, dada la complicada localización del mismo. Enhorabuena a todos los que habéis participado en el mismo,

  3. Pichuca dijo:

    No dejáis de sorprendernos una vez más. Ojalá se pueda restaurar. Es una joya.
    Mil gracias

  4. David del Amo dijo:

    Gracias por tanto como estáis haciendo por nuestro pueblo. Sé que os supone un gran esfuerzo y muchas horas, pero sabed que no es en vano. Enhorabuena

  5. Mónica Sánchez Argilés dijo:

    Muchas gracias Juan Luis, y demás colaboradores, por la gran tarea que estáis desempeñando. Es emocionante leer los posts que con tanto esmero, profesionalidad y cariño vais escribiendo, todo con el propósito amoroso de informar y mantener el patrimonio y el espíritu de Arbeteta vivo para generaciones venideras. Ya va siendo hora que me organice y realice, con mi familia, un merecido viaje a la villa donde vivieron mis antepasados. Con cariño, Mónica Sánchez Argilés

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