EL HORNO DE LA MIERA

El objeto principal de este post es dar a conocer ciertos vestigios de la arqueología industrial que hay en el término municipal de Arbeteta, en este primer capítulo trataremos “los hornos de miera“. Debido a que este tema no lo hemos tratado con anterioridad, trataremos de dar toda la información que tenemos, antes de que desaparezcan de nuestro patrimonio, que nos dan identidad y que hablan de nuestra historia. Para ello hemos tenido la colaboración de Esperanza López y José Luis Cabellos, así como el inestimable testimonio de Ambrosio López*.

Hemos de decir que la miera, es el aceite de enebro que usaban regularmente los pastores para curar las enfermedades del rebaño, las heridas que se hacían los animales en sus desplazamientos por el monte, y sobre todo, para curar la  roña o sarna del ganado. Este aceite no podía faltar del zurrón del pastor, bien en una pequeña botella, o bien en un cuerno.

Hay dos tipos de enebros que seguramente conoceréis: el enebro común (juniperus comunis), que posee frutos negros; y el enebro “de la miera”, enebro hembra o “enebra” (juniperus oxycedrus), que tiene los frutos rojos. Este último es del que se sacaba el aceite de enebro, un líquido viscoso, de color oscuro, de fuerte olor y sabor amargo.

Enebra (Juniperus oxycedrus)
Enebra (juniperus oxycedrus)

La obtención de este aceite se realizaba por la exudación, con la acción del calor sobre los aceites contenidos en los tocones viejos de los enebros. No servía cualquier parte del arbusto, sólo los tocones de los ejemplares muertos, o que fueron cortados años antes y que todavía almacenaban savia en su interior. El tocón se arrancaba y se limpiaba de tierra y piedras y después se reducía pacientemente a astillas con el hacha. El tocón se denominaba zocarra o socarra, palabra que a algunos os resultará familiar.

CONSTRUCCIÓN DEL HORNO

Elegido el lugar idóneo por sus materiales, se preparaba una gran losa de unos 2 metros a la que se le realizaban unos canalillos en forma de raspa de pescado, con una ligera inclinación para la salida del líquido. Sobre la losa se iba construyendo una campana con piedra barro y tejas, en cuyo interior se colocaban las astillas colocadas verticalmente, siempre sin corteza y que no fueran del tronco, ya que el aceite sólo está en las raíces. La campana se cerraba herméticamente con piedras, tejas y barro. Separado de la campana unos 50 centímetros, y cubriéndola, se construía la estructura circular que conocemos, con una cúpula con abertura superior para la salida del humo.

VISTA CENITAL DEL HORNO. LA SABINA TAPA LA OTRA “VENTANA” DEL ATIZADO

En el lado contrario a la salida del aceite se había construido la boca del horno y dos respiradores. Se llenaban de leña los 50 centímetros de separación de las dos construcciones y se les daba fuego. Este fuego debía ser intenso y continuo durante unas 15 horas. El trabajo consistía en mantener el fuego homogéneamente. El aceite se desprendía de las astillas y discurría por los canalillos hasta el recipiente dispuesto previamente. Después por decantación se separaba el agua del aceite puro de enebro. Después de dos o tres días se podían abrir las cúpulas y extraer las astillas convertidas en apreciable carbón.

El aceite se introducía en pellejos elaborados con la piel de machos cabríos, ya que éstos se adaptaban bien a los lomos de las mulas sin que se rompieran y se iba vendiendo por los pueblos de forma ambulante.

POR ESTA “VENTANA” SE ATIZABA EL HORNO Y SERVÍA DE RESPIRADERO

Ya vemos lo laborioso que resultaba la extracción del apreciable líquido. Se requerían manos muy expertas. Pero como la necesidad agudiza el ingenio, algunos vecinos de Arbeteta que tenían ganado encontraron el medio de hacer la exudación de las troncas de enebro de manera más “casera”. Tomaban un cántaro con boca ancha y lo llenaban de astillas de tronca de enebro, se invertía en un hoyo sobre una teja y se cubría todo él de una capa de barro. Se ponían ramas y hojas de pino secos y se prendía, manteniendo el fuego durante horas. El aceite salía por la teja al recipiente. Con ello se conseguía una porción del preciado líquido.

EN SU INTERIOR SE APRECIAN TIZONES, TROZOS DE TEJAS, PIEDRAS Y BARRO COCIDO.

La elaboración de aceite de enebro en Arbeteta no la menciona Sebastián Miñano en su Diccionario (1826), que si menciona que hay 10 alquitaras para resinas. Tampoco lo menciona en su Diccionario Pascual Madoz (1845), que habla de la “elaboración de trementina, pez, resina y aguarrás”. Posiblemente fuera una actividad ocasional, y en esos años no se realizara. Si hemos localizado el testimonio que D. Felipe Lamparero Quer, “industrial de Arbeteta”, vendía la “miera de enebro” a 25 reales la arroba en 1870.

Con el testimonio de Ambrosio, Esperanza y sus acompañantes han localizado la mierera del Ontolmo y nos dan el testimonio gráfico que os presentamos. Decir que esta Mierera se encuentra en las coordenadas UTM (ETRS89) X: 552.118; Y: 4.502.962. Las que están encima del huerto del “Tío Cuco” que nos indica Ambrosio, esperamos localizarlas.

VISTA CENITAL. SE PUEDE APRECIAR LA PROPORCIÓN CON LAS PERSONAS

TESTIMONIO DE AMBROSIO LÓPEZ BLASCO (89 años): LAS MIERERAS DE ARBETETA.

“Toda vez que nos hemos criado viviendo en estos parajes montaraces del municipio de Arbeteta, hemos descubierto entre otras variedades, como los viejos corrales derruidos de antiguas parideras, o de varios hornos de cal en zonas de canteras calizas, digo, unas chocantes construcciones que nos llamaron la atención, y que no éramos capaces de descifrar lo que significaban. Preguntamos a los abuelos y a nuestros padres. Ellos nos informaron que aquellas pequeñas construcciones circulares unas, o semicirculares otras, fueron hornos dedicados a la extracción de las cepas semienterradas de los enebros, de un producto líquido, algo denso, llamado miera.

Dicen los abuelos que este producto era mano de santo para curar las epidemias de sarna, que infestaban la ganadería, principalmente a las cabras, untando bien su piel entre su espeso pelaje, de ahí que en aquellos tiempos era muy interesante y valorado para sanar los cabríos.

Seguramente fuera también un buen antídoto para otros menesteres para otros menesteres, pero a nosotros sólo nos han contado lo que acabo de reseñar; y como tampoco hemos investigado por falta de fuentes fiables, ahí nos quedamos.

Como información fidedigna decimos que, pasado el barranco de La Cebadas, subiendo la cuesta hacia el Peñón del Ontolmo, hay un horno relativamente bien conservado. Y que frente a donde está la Virgen, por encima de los huertos del “tío Cuco”, asomando a la zona de Las Hijuelas, hay varios testigos de su existencia. Se supone que esos lugares eran propicios para su interesante explotación como un eficiente desinfectante para atacar algunas epidemias”.

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6 respuestas a EL HORNO DE LA MIERA

  1. Moreno dijo:

    Lourdes/Juan Luis:

    Haceis una bonita y magnífica labor.

    No se si conoceis a Luisa (Luisi para los de Morillejo 😊) y Eduardo su marido. Luisa lleva la Oficina de Turismo de Cifuentes y es arqueóloga. Viven en Guadalajara pero la mayor o mucha parte de su tiempo están en Morillejo donde también tienen vivienda. Ella hace muchas publicaciones y siempre les he dicho que podía hacer un blog de Morillejo como el vuestro de Arbeteta. Sería muy interesante para todos aunque las actuales circunstancias pues no sean las más propícias, podernos reunir un día y hablar de todos estos temas y otros que tanto afectan a nuestra provincia.

    Enhorabuena por vuestra dedicación. 👍👏 Un cordial saludo.

    Jaume Moreno Roca

    • Beatriz dijo:

      Este blog siempre me sorprende, y sin duda, no me deja indiferente ante las costumbres y peculiaridades de mi hermoso y curioso pueblo.

      Gracias Lourdes y Juan Luis por brindarnos esta grata posibilidad, gracias también por la labor que hacéis, os animo a seguir compartiendo.

      Antes de marchar, gracias también a mi querido tío Ambrosio, siempre tan dispuesto, tan vivaracho y con esa falicidad de palabra para contar.

      Un abrazo.

      Beatriz Redondo Costero.

  2. Rafael dijo:

    Bonito trabajo, me han revivido las historias que me contaba mi tio Paulino de todo esto, cerca de esa merera quiero recordar que me enseño alguna mas.
    Buen trabajo y felicito a los colaboradores.
    Saludos

  3. Gracias por vuestros comentarios, son muy motivadores y nos alientan a seguir trabajando, buscando temas nuevos relacionados con nuestro pueblo. Saludos

  4. Gregorio dijo:

    La verdad es que a uno le gustaría, en determinados momentos de la vida, tener el suficiente don de palabra para así poder decir, para poder expresar la admiración que me inspiran esas personas, “como ustedes dos”, que mirando más allá dedican una parte de su vida, con sus trabajos, a hacer felices a los demás sin nada a cambio esperar.
    Quiero daros las gracias, no solo por la última publicación “el horno de la miera”, como ya he hecho en alguna otra ocasión, sino por todas vuestras publicaciones, y ya son muchas, porque con ellas nos enseñáis, a los más mayores a recordar ciertos eventos vividos o escuchados, y recordar es volver a vivir, a los jóvenes a conocer un poco más las raíces de sus antepasados.
    Hay una palabra que me ha llamado mucho la atención y que me viene a la memoria “alquitara” de niño decíamos: nos vemos en la alquitara, …vamos a la alquitara… pasamos por la alquitara…pero ahora mismo no recuerdo donde estaba ese paraje en el interior del pueblo.
    Muchas gracias de nuevo, seguir con vuestras publicaciones que somos muchos los que las leemos y nos hacen sentir una profunda reverencia hacia nuestro querido pueblo. Un abrazo y un besazo

  5. Gracias Gregorio por tu comentario tan emotivo, nos ha llegado al corazón. El tema que nos hablas de las alquitaras pensamos hacer un post más adelante.

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